Algunos cineastas dicen lo mismo que vos acabás de decir, pero luego hacen películas que realmente no cuentan una historia, que son abstractas, con forma, color y movimiento, pero sin imágenes que transmitan una narrativa. ¿Alguna vez te interesó ese enfoque?
Toda película debería tener algún tipo de historia. Pero lo importante es cómo se cuenta esa historia: debe ser poética, y debe ser posible verla de distintas maneras. He visto películas que no me atrajeron ni me resultaron muy comprensibles mientras las miraba, pero hubo momentos en ellas que me abrieron una ventana y estimularon mi imaginación. He dejado muchas películas a la mitad porque sentí que ya tenía un final. Me sentía completo y satisfecho con la experiencia, y si me quedaba más tiempo, ese sentimiento se arruinaría, porque la película seguiría contándome cosas y me forzaría a juzgar quién es el bueno, quién el malo, y qué les va a pasar. ¡Prefiero terminarla a mi manera!
Mucho de lo que decís se parece más a cómo trabajan los poetas que a cómo trabajan los novelistas. Es interesante que tu película más reciente, El viento nos llevará, tome su título y parte de su texto de la poesía. ¿Estás tratando de ir más en esa dirección, hacia un cine como poesía más que como novela?
Sí. Siento que el cine que perdurará más es el cine poético, no el cine que simplemente cuenta historias. En mi biblioteca, los libros de novelas y cuentos parecen nuevos, porque los leí una vez y los guardé; pero mis libros de poesía están rotos por todas partes, porque los he leído una y otra vez. La poesía siempre se escapa, es muy difícil de atrapar, y cada vez que la leés, dependiendo de tus circunstancias, vas a captar algo diferente. Mientras que con una novela, una vez que la leíste, ya la comprendiste. Claro que esto no aplica a todas las novelas. Hay relatos que tienen una esencia poética, así como hay poemas que se parecen mucho a una novela. La poesía que nos hacían memorizar en la escuela era de ese tipo: diálogos entre una oruga y una araña, y cosas por el estilo. No intentaban enseñarnos poesía en el sentido verdadero, sino formarnos y desarrollarnos a través de ella.
Una de las diferencias entre una película y un poema es que la mayoría de la gente asume que puede ver una película una o dos veces y “entenderla”. ¿Siempre habrá dificultades para llegar al público con un cine de forma poética, ya que la gente no está acostumbrada a volver una y otra vez a una película? ¿Esperás que el público vea tus películas varias veces, o al menos deseás que lo hagan?
Sería muy egoísta de mi parte decir que todos deberían ver mis películas más de una vez. Decir eso sería como hacer marketing de mi obra. En realidad no puedo explicar por qué hago las películas así, simplemente es la única forma que conozco. Cuando estoy haciendo una película, no pienso en el resultado final, ni en si la gente va a tener que verla una o varias veces, ni en cuál será la reacción. Simplemente la hago, y luego convivo con las consecuencias, algunas de las cuales no son tan agradables como quisiera. Pero sé una cosa: muchos espectadores pueden salir del cine insatisfechos, pero no podrán olvidar la película. Sé que van a hablar de ella durante la próxima cena. Quiero que mis películas los dejen un poco inquietos, que sigan buscando algo en ellas.
Sos parte de un pequeño grupo que, al hacer películas según ciertos principios e ideas en los que creés, está educando al público, enseñándole a apreciar una forma de cine más exigente. Con cada nueva película entendemos un poco mejor cómo acercarnos a tu obra.
Creo que la oportunidad que tiene este tipo de cine hoy no existía hace veinte años. El público se está cansando del tipo de películas que ve habitualmente, y empieza a querer algo diferente. Claro que, en Irán, este tipo de cine (poético) se proyecta en una sola sala, y en Estados Unidos en dos. Pero estoy satisfecho. La mayoría de la gente quiere cosas simples: emocionarse, llorar, reír… y no podemos esperar el mismo entusiasmo hacia el cine (poético). No estoy comparando mi obra con la de ellos, pero si tuvieras pinturas de Kandinsky, Braque o Picasso en subasta en un parque, ¿cuántas personas las comprarían, incluso a cien dólares cada una? Hay que tener expectativas realistas con el arte que es arte de verdad, en contraposición al entretenimiento. El público general no pagará por una imagen si no puede entender bien qué representa o qué dice.