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CALIGARI

Upon Entry (2023), de Alejandro Rojas y Juan Sebastián Vasquez

“Un nuevo no-lugar para el cine”

Por Javier Grinstein

Upon Entry es tan refrescante, precisa y única que, me animo a decir, debería ser un género en sí mismo. Cuenta sobre una pareja, (él venezolano, ella catalana) que decide emigrar a Estados Unidos. Ya están camino al avión: cuentan algo ansiosos y risueños que muchos familiares y amigos los esperan allá. De a poco, en el avión, en el aeropuerto, notamos cierto sutil nerviosismo.

Si bien es una historia sobre una migración, el 90% de la acción sucede en un solo espacio, que es también un no-lugar (político y administrativo), un piso reservado para migraciones en el aeropuerto de Nueva York.

La historia cuenta la violencia simbólica e impune de los oficiales de migraciones yanquis, el sinsentido de ese procedimiento masivo de degradación; pero es más que solo eso.

Investigando justamente sobre posibles antecedentes: me encontré con películas de interrogatorios e investigaciones que se basan en una situación claustrofóbica, en el misterio y el giro; o películas similares, de carácter dramatúrgico. Pocos personajes conversan sobre algo que pasa por debajo de lo que se dice. Una estética que apuesta al fuera de campo y a la sutileza, diversidad y potencia de los intérpretes.

Por nombrar alguna bien conocida, en Los Sospechosos de Siempre (1995, Bryan Singer), al igual que en Upon Entry, la película se estructura alrededor de un presente. Un aquí y ahora que está más bien quieto pero en tensión. La premisa sería, “hace falta contar la historia para salir de esta situación”. El presente es una excusa y tiene otro nivel de relevancia. Enmarca el relato, puede aportar algún indicio más al misterio, pero el núcleo de lo que se cuenta está en otro lado.

Los Sospechosos de Siempre es un buen ejemplo porque es bien recordada por un giro narrativo del presente que transforma el sentido que se construye en el pasado. Además de su frase-premisa que de tan repetida, no la voy a repetir una vez más.

Mi descubrimiento en esta contrastación algo forzada es que estas películas de investigación y Upon Entry no son de la misma familia. O al menos propongo que no las pensemos como del mismo género. Porque lo que más se destaca y valora de la película catalana-caribeña es su singular presente. La tensión que aparece en los vínculos y las instituciones, con lo real.

Una de sus claves es su verosímil bien pegado a la realidad y su falta total de crueldad innecesaria y espectacular. Todo dentro de campo, en presente.

Mientras se devela un pasado que afecta y transforma, éste nunca cobra más protagonismo que lo que circula en ese no-lugar, lo que va construyendo ese absurdo.

Para nombrar la que sería otra película del mismo género que acabo de esbozar: En 2013 se presentó en Cannes una película israelí llamada Big Bad Wolves (Aharon Keshales, Navot Papushado). Tres hombres torturan en un sótano a uno para que confiese que ha cometido actos de pedofilia.

En ésta, la operación que concentra el sentido en el presente y hace del pasado una condición más de esos vínculos, es de color opuesto.  En vez de ser seca y burocrática es cruel y cruda. Sin embargo, llegan a una estética quizás similar. La de un absurdo que no permite la risa. Porque quizás podamos hipotetizar lo que las empata no es “el interrogatorio” o “la investigación” sino más bien otro: “la tortura”.

La de Upon Entry es espeluznantemente cercana e imaginable.

Cuando una película sin ser extravagante ni tampoco ineficaz, llega a una singularidad que dificulta encontrarle similares, es cuando podemos saltar del hallazgo. Esperemos muchas más Upon Entry por estrenarse.

Titulo: Upon Entry

Año: 2022

País: España

Director: Alejandro Rojas y Juan Sebastián Vasquez