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CALIGARI

The Sweet East (2023), de Sean Price Williams

«La cruda irrealidad»

Por Javier Grinstein

Evidentemente hay en la época una efervescencia alrededor de una forma. Los realizadores están cansados de las fábulas; de los viajes que cierran; de que todo tenga un sentido al final. Lo episódico se quiere volver una especie de nuevo canon. La reiteración de esta nueva combinación, aún así, no se termina de legitimar. A los espectadores les encanta el viaje del varón.

The Sweet East es otra película más con un personaje femenino muy jóven que viaja, aprende y conoce el mundo. La referencia que no vas a haber escuchado sobre esta estructura es literaria. En 1981, Paul Bowles publicó Aquí, para aprender. Un cuento sobre una chica de una aldea árabe que rumbea por el mundo occidental de mano de distintos hombres y termina como heredera de una fortuna. No como en un cuento de hadas. El de Bowles es optimista, sin ser irreal. 

Sean Price Williams tiene una larguísima carrera como director de fotografía trabajando con Alex Ross Perry en Golden Exits (2017) y Listen Up Philip (2014) o con los hermanos Safdie en Good Time (2017) y Heaven Knows What (2014); para nombrar algunas de muchísimas. Esta es su ópera prima como director.

En una hábil primera escena, la película desinfantiliza y sexualiza a su protagonista para que asumamos que también puede estar en control y que, también, puede tener intenciones sobre lo que le pasa (más allá de si efectivamente el mundo es, o no, una amenaza para ella).

Luego, sí, acompañamos a Lilian en un viaje surreal y pesadillesco por distintos subsuelos de la cultura yanqui: armas, pedófilos, activistas marginales, supremacistas, snobs, fanáticos religiosos y varones, sobre todo, varones.

El suspense se construye en la mente del espectador en su expectativa de que una mujer sola está expuesta a que “le pasen cosas”. Sin embargo, el sentido que construye con sutileza y habilidad es el contrario: los hombres también están en riesgo y son alcanzados por amenazas. Nada más Male Gaze que comparar a esta película con Cándido de Voltaire. En la película, la alegoría es más bien clara: quién tiene encerrada en la torre a la princesa es, justamente, el príncipe.

También se puede decir a partir de esto mismo, que en sus simbolismos la película no es del todo lúcida. Quizás su momento de mayor relevancia está en un diálogo del final, donde la hermana le dice algo así como “yo no creía que estabas secuestrada, sino filmando porno”. 

Los planos cortos, el montaje frenético, la cámara en mano, el grano de la cinta en 16 mm, recuerdan al cine de Harmony Korine. A su vez, a Williams como director se le nota la experiencia como DF en que, más allá de lo que aparece o no en plano, cuida la luz tanto como el arte (a cargo de Ryan Scott Fitzgerald y Madeline Sadowski). Los barrocos espacios de The Sweet East amontonan objetos cargados de riqueza como en el legendario trabajo de Anna Asp para Bergman. El póster de la película nos desvela que alguna influencia de Bergman hay.

En este aspecto está el oro de la pesadilla. Los submundos que retrata no son construidos con algunas pocas alusiones; son una oleada de detalles: por eso The Sweet East no es una película más de emancipación femenina. Es un verdadero museo de la subcultura e ideología de la costa este. Que quizás no le hable a esta generación, ni a otra generación, sino a unas cuantas, al mismo tiempo.

Si la estructura resulta un poco caprichosa, si su protagonista no termina por trazar una posición clara frente a la barbarie que la acecha, si las expectativas se desinflan a medida de que la película no termina por develar una gran verdad. Entonces, al que hay que emancipar, a mi criterio, es al espectador. 

Titulo: The Sweet East

Año: 2023

País: Estados Unidos

Director: Sean Price Williams