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La conversación — Una lectura contemporánea Por Ezequiel De Rosso
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Crítica
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Yes, Nadav Lapid

Only the serpent knows (2026), de Olivier Séror y Martin Verdet

"Retrato familiar sin tribunal, radiografía del patriarcado puertas adentro, crónica de un rescate. Muchos hilos tensados sobre el abismo, ninguno cortado."

Habitaciones donde nadie mira

Hay películas que avanzan como quien cruza un puente colgante: cada paso puede ser el último, y sin embargo llegan al otro lado. Only the Serpent Knows pertenece a esa familia rara. Olivier Séror y Martin Verdet filman a Patrick, hermano del primero, que de chico fue abusado durante años por su hermana mayor, Karine, en la casa donde crecieron. Lo que asombra no es la confesión, que llega casi enseguida, seca y sin rodeos, sino lo que la película hace después con ella.

Porque el relato no se guarda la revelación como un as para el tercer acto. En pocos minutos sabemos lo esencial, y las lágrimas, que en tanto documental funcionan como premio dramático, aparecen temprano y se van. Lo que queda es otra cosa: dos hombres ya grandes que aprovechan que la madre no está para colarse, como chicos traviesos, en el escenario de la infancia, y recorrerlo habitación por habitación con una linterna que no es de luz sino de pensamiento. La casa es una protagonista más. Sus muebles pesados, su orden burgués, su silencio de alfombra gruesa hablan por la madre ausente y por un padre muerto hace décadas. Séror y Verdet arman el film como un plano arquitectónico: cada cuarto, un capítulo; cada encuadre fijo, un corte seco que encierra a los hermanos y los obliga a quedarse. Hay algo de juego de mesa detectivesco en ese ir y venir entre el living y los dormitorios, buscando al monstruo en los pasillos de la familia.

Y hay teatro. Las escenas están montadas con una torpeza deliberada, Olivier se disfraza de Eva para representar el Génesis, Patrick toca al piano un preludio de Chopin que suena a cortejo fúnebre. Ese artificio no aleja; protege. Pone entre la herida y la cámara una distancia justa, que esquiva el morbo y deja intacta la dignidad de todos. El humor, sobre todo el de Olivier, oxigena el rigor analítico de Patrick.

Porque Patrick no vino solo a recordar: vino a pensar. Durante años estudió el incesto hasta construir una teoría propia, y la película la expone sin pedir permiso. El incesto como síntoma de una familia que no deja espacio para que nadie se vuelva individuo. El incesto como abuso de autoridad que la cultura niega una y otra vez, desde el tabú hasta los mitos fundacionales, con la figura de Lilith borrada del relato bíblico y la serpiente como testigo incómodo. Entender, insiste Patrick, no equivale a absolver: aunque la culpa se reparta, quien abusó debe asumirla frente a su víctima.

No todo fluye; algunos dispositivos pesan y ciertas respuestas quedan fuera de campo, como el reencuentro con la madre. Pero esa aspereza es parte del riesgo, y también de la honestidad del proyecto. Lejos del panfleto y del testimonio lacrimógeno, Only the Serpent Knows es un ensayo en el sentido más literal: un intento. Retrato familiar sin tribunal, radiografía del patriarcado puertas adentro, crónica de un rescate. Muchos hilos tensados sobre el abismo, ninguno cortado.

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