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CALIGARI

Nevada (2023), de Anna Tyurina y Matías Musa

“Esperanza en la oscuridad”

Por Ivan Garcia

La frase “pueblo chico, infierno grande” puede aplicarse tanto en nuestra época y cultura como en cualquier otra. En este caso quienes deben afrontar la ignominia social son Shura y su hijo Alioscha, quienes luego de un incendio en su casa, deben mudarse a lo de su estricta suegra. Su marido padece esquizofrenia y se encuentra internado en un hospital psiquiátrico, y ella debe hacer frente a todo el cambio y al escarnio social mientras cría a su hijo, soporta a su suegra y vigila la situación de su esposo.

Esta coproducción Argentino-Rusa recuerda por momentos en su frialdad al cine de Andrei Zvyagintsev, en primer término por la distancia entre los personajes, su falta de empatía y comprensión para con un protagonista lastimado, pero por sobre todo en cuanto a la existencia de una ausencia como eje de la narración. En  este caso es la del padre, quien circula como un espectro alrededor de Shura y de cada decisión que toma. Sin embargo prácticamente no aparece en pantalla, hasta que en cierto momento desaparece, se escapa del Hospital, y pasa a ser una ausencia real. Primero como enfermo, luego como fugado, y finalmente en la muerte.

La comparación es interesante y los paralelismos bastante claros, más aún tratándose de directores Rusos y una fuerte crítica social (en este caso los directores son un argentino, Matías Musa, y una rusa, Anna Tyurina). Cada vez que Shura se encuentra con otro personaje que puede darle una mano, las cosas tienden a ir para peor. Ya sea con un nuevo hombre con el que decide salir, con la madre de su marido que la hostiga, con los amigos de su hijo que lo insultan por la condición del padre. O por las instituciones, como es el caso con el hospital del que él escapa, sin que nadie se preocupe en absoluto por encontrarlo, por ayudarlo o por darle apoyo a la joven madre. Y la iglesia, que se niega a hacer un servicio en su memoria cuando descubren que se ha suicidado.

Una marcada diferencia se da sin embargo en la estética, donde Nevada parece ceder un poco ante tanto maltrato. Si en Zvyagintsev prima una paleta desaturada y tendiente a los grises o a unos fríos azules. Del mismo modo existe cierto distanciamiento con los protagonistas que no está presente aquí. La perspectiva que seguimos es siempre la de Shura, en su sufrimiento y en sus pequeños momentos de paz y alegría. Y el entorno del pueblo aparece como una suerte de marca de esperanza, un lago azul, el cielo celeste y paisajes de un bucolismo colorido y bello que contrasta con el dolor infligido por las personas.

Por último, cabe hablar de la profundidad que los directores le otorgan a los personajes secundarios cercanos a ella, humanizándolos y dándoles también cierta cercanía empática. Así como Shura sufre, también la suegra está sumida en la desdicha, por el deshonor de su hijo, por la soledad y la falta de dinero, y por la discriminación de la iglesia a la que ella pertenece y con la que se identifica. También Alioscha se muestra como un joven en plena pubertad, luchando con las nociones de un padre enfermo y ausente, con la construcción de su masculinidad y sus roles, y también marcado por esa soledad del bullying y los ataques de sus compañeros.

Nevada es una obra sobre vivir en una comunidad siendo juzgada constantemente, con agudas críticas sociales y que, si bien tiene una perspectiva bastante oscura, encuentra alguna luz de esperanza para sus protagonistas.

Titulo: Nevada

Año: 2023

País: Rusia

Director: Anna Tyurina y Matías Musa