“Neorrealismo bajo neones noventeros”

Por Kristine Balduzzi

En el cine, pocos refranes resultan tan ciertos como aquel de que “de los maestros se aprende”. Valentina y Nicole Bertani lo han tomado al pie de la letra para su primer largometraje, Le bambine (título internacional: Mosquitoes), un cóctel estilizado que bebe de múltiples fuentes: la sátira suburbana de Lynch, los retratos de márgenes humanos a lo Sean Baker y una estética pop heredera del primer Xavier Dolan. El resultado es un retrato demoledor de la cultura del placer en la Italia de los años 90, tan hipnótico como inquietante.

La trama sigue a tres niñas durante un verano caluroso en Ferrara: Linda (Mia Ferricelli), recién llegada con su madre Eva (Clara Tramontano), una veinteañera más pendiente de la noche que de la crianza; y las hermanas Marta (Petra Scheggia) y Azzurra (Agnese Scazza), hijas de una enfermera reconvertida en fabricante de muñecas y de un cirujano fumador empedernido. Entre helados derretidos y largas horas de tedio, las niñas observan cómo los adultos que deberían ser su ejemplo fracasan estrepitosamente a la hora de encontrar satisfacción o sentido.

En este universo, la diversión adulta pasa por drogas, sexo o fiestas interminables, mientras que la introspección queda relegada. La lógica de consumo —disfrazada de modernidad— no hace más que alejar a los personajes de la realidad. En ese caldo de cultivo, las menores acaban convertidas en piezas de un juego que no comprenden del todo. Así surgen escenas tan absurdas como perturbadoras: buscar un ojo de cristal entre excrementos de perro o entrar a un club nocturno de la mano de una madre que, acto seguido, les aconseja no aceptar tragos de desconocidos. La película exige a sus protagonistas infantiles una madurez precoz: desde el culto a la belleza hasta el control emocional. No sorprende que una de ellas escape mentalmente hacia una fábula cósmica, imaginada en ralentís y reforzada por efectos visuales sorprendentemente sólidos para una ópera prima. Esa fuga simbólica marca uno de los puntos altos del film, en el que las Bertani parecen enterrar al neorrealismo italiano para bailar sobre su tumba al ritmo de bajos electrónicos.

El formato de imagen, un encuadre cerrado y casi opresivo, visualiza las constricciones sociales en las que se mueven las niñas. Sin embargo, la narración rompe a veces esa caja visual: en las franjas negras que rodean la acción surgen formaciones estelares, guiños a que la imaginación infantil puede ir más allá del cuidado de un Tamagotchi. Pese a ello, el atisbo de esperanza es fugaz. Tras la muerte de iconos como Lady Di y Gianni Versace, el relato se desliza hacia la desilusión, sin retorno posible.

Aunque Le bambine luce colores saturados, guiños nostálgicos y una banda sonora de sintetizadores que nos ancla a 1997, el tono es menos optimista de lo que su paleta sugiere. Frente al lirismo rural de Alice Rohrwacher, las Bertani optan por mostrar la crudeza contemporánea y el derrumbe de las promesas pop. El ritmo narrativo, sin embargo, cae en cierta repetición: encuentros que revelan la hipocresía adulta y distancian cada vez más a Linda de su irresponsable madre. Esa insistencia resta complejidad dramática, aunque el reparto , sobre todo las jóvenes actrices, logra sostener la película. El enfoque exagerado, cercano por momentos a lo grotesco, puede resultar fascinante o agotador según la paciencia del espectador. Los adultos son caricaturas vistas desde ojos infantiles, y en esa lógica el personaje del niñero Carlino (Milutin Dapčević) bordea estereotipos pasados de moda. Aun así, hay un pulso autoral claro: la cámara siempre en movimiento, los encuadres inesperados y una voluntad de incomodar que evita la complacencia visual.

Titulo: Le Bambine

Año: 2025

País: Italia

Director: Valentina Bertani y Bertani Nicole

 

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CARTELERA MARZO: