“Es un mercado muy duro, nadie sabe nada”: la charla de Tricia Tuttle sobre el cine y la industria global

Tricia Tuttle afronta su segunda edición al frente de la Berlinale con la sensación de haber pasado ya por “un torbellino” inicial y con la convicción de que ahora, por primera vez, puede trabajar con verdadero margen de planificación. Así lo explicó en una extensa charla con Louise Tutt en el The Screen Podcast, en la que repasó tanto los retos estructurales del festival como las tensiones políticas, industriales y creativas que atraviesan hoy al mayor certamen público del mundo. “Empecé el 1 de abril de 2024 y no tuve un año entero para trabajar en el programa. Cuando llegué, lo primero que quise hacer fue construir un equipo ejecutivo fuerte, y eso me llevó fácilmente los primeros seis meses”, relató Tuttle, subrayando que el trabajo real sobre la selección empezó “muy tarde, a finales del verano y comienzos del otoño”, algo que no quiso repetir este año. “Esta vez empezamos inmediatamente, incluso durante el propio festival. Ya estábamos teniendo conversaciones sobre la siguiente edición”.

En ese primer año, Tuttle se encontró con una doble responsabilidad poco habitual: la supervisión creativa y la gestión empresarial de un evento gigantesco. “Este es un puesto en el que no solo tengo la visión creativa del festival, sino también la visión de negocio. Tenía que poner estructuras en marcha que me permitieran tener una mirada transversal sobre todo lo que hacemos”, explicó. El aprendizaje fue rápido y, según cuenta, también acompañado de una recepción generosa por parte de la industria alemana e internacional. “Creo que mucha gente entiende el contexto en el que trabajamos. Es un festival enorme, complejo, con muchas necesidades distintas. Y eso se nota especialmente en la Berlinale”, dijo, recordando que el certamen vendió el año pasado alrededor de 340.000 entradas al público general y recibió además a más de 115.000 profesionales acreditados. “Es una responsabilidad enorme servir a esa audiencia pública, pero al mismo tiempo somos un mercado internacional clave, con casi 20.000 profesionales de la industria y de los medios”.

Ese equilibrio entre lo popular, lo artístico y lo industrial atraviesa toda la conversación. Tuttle insistió en que la Berlinale debe atender simultáneamente a los espectadores berlineses, a los profesionales internacionales y al ecosistema local alemán de exhibidores y distribuidores. “Todo el mundo quiere algo diferente del festival. Nuestra tarea es priorizar, encontrar equilibrios y unir piezas”, afirmó. En ese sentido, reivindicó el papel del certamen como plataforma para películas que puedan tener vida en salas. “Cuanto más podamos apoyar a distribuidores y exhibidores y ayudar a lanzar películas que conecten con el público, mejor”, sostuvo, aunque reconoció la dificultad del momento: “Es un mercado muy duro. Nadie sabe nada. Películas de las que pensábamos que funcionarían bien en la temporada de premios no lo han hecho como esperábamos”.

Para Tuttle, el éxito no es un concepto único ni homogéneo. Puso como ejemplo títulos recientes que, sin convertirse en fenómenos globales, encontraron un recorrido sólido en distintos territorios. “A veces, cuando miramos un gran festival internacional, solo vemos las películas que hacen mucho ruido en un contexto anglófono. Pero hay muchos niveles de éxito distintos que también queremos habilitar”, explicó, utilizando una metáfora reveladora: “Mantener esa fauna y flora vibrante, ese ecosistema sano para todo tipo de cine, es parte de lo que la Berlinale puede y debe hacer”.

Consultada sobre la percepción de que grandes ventas europeas prefieren estrenar en Cannes, Tuttle evitó el tono confrontativo. “Cannes es un festival maravilloso y muy poderoso, sobre todo en los últimos años. No culpo a ningún agente de ventas por querer ir allí”, dijo, pero añadió que el calendario cinematográfico no puede reducirse a unos pocos hitos. “Necesitamos un año de doce meses. No se trata solo de sobreenfocarse en determinados festivales, también de cómo la temporada de premios se come mucho espacio para muy pocas películas”. Desde su punto de vista, la responsabilidad recae también en la propia Berlinale: “Tenemos que hacer nuestra plataforma lo más fuerte posible para ayudar a lanzar películas al mundo. No es cuestión de pedir a los cineastas que renuncien a algo, sino de ofrecerles un lugar con impacto real”.

En esa línea, explicó que uno de los trabajos en marcha es volver a diferenciar con claridad las secciones del festival. “Cuando llegué, sentí que las secciones se habían comprimido un poco. No estaba claro qué era Competition, Encounters, Forum o Panorama. Estamos afinando esas identidades para que los compradores encuentren lo que buscan y para que los agentes sientan que pueden lanzar una película en la sección adecuada”, detalló. El objetivo, dijo, es “hacer toda la experiencia lo más fluida posible”, desde la prensa hasta los compradores y el público.

La conversación también abordó un tema especialmente sensible: el clima político y las tensiones en torno a la libertad de expresión tras la polémica ceremonia de clausura de 2024, anterior a su llegada. Tuttle fue clara al respecto: “El festival tiene una larga tradición de proyectar grandes películas del norte de África y Oriente Medio, y queremos continuar con eso”. Reconoció que fue necesario “reconstruir la confianza” con cineastas que se sintieron inquietos. “Hicimos mucho trabajo el año pasado para rebajar la inflamación del debate y dejar claro que esta es una plataforma que valora la libertad de expresión”, explicó. Al mismo tiempo, defendió un enfoque responsable: “Vivimos en un mundo enfadado, con divisiones muy marcadas. Eso aparece en los festivales y es normal. Pero sentimos la responsabilidad de fomentar un diálogo abierto, reflexivo y respetuoso”.

En el plano económico, Tuttle señaló que el presupuesto del festival se mantiene estable respecto al año anterior. “Nuestros costes más grandes son los de personal, porque nuestros empleados son funcionarios públicos, con salarios y subidas reguladas. Eso no lo podemos controlar demasiado”, explicó, aunque aseguró que el balance está equilibrado y que “este año estamos en una buena posición”. También zanjó los rumores sobre un posible traslado del festival desde Potsdamer Platz: “No hay planes de mudarnos en este momento. Estamos aquí, al menos, los próximos años”.

Cuando la conversación se desplazó hacia la programación, Tuttle evitó señalar favoritas, pero sí subrayó la diversidad como uno de los grandes valores de esta edición. “Creo sinceramente que habrá algo para cada amante del cine en la competición”, dijo. Se mostró especialmente orgullosa de la presencia de directoras en su segunda y tercera película: “Es un punto clave, porque vemos muchos grandes debuts femeninos que luego desaparecen durante años. Aquí hay verdaderos descubrimientos”. En general, defendió una idea que resume bien su visión del cargo: “No veo los festivales como una competencia agresiva. Cada película tiene que encontrar el lugar adecuado donde tenga el espacio y el aire que necesita”.

Al cierre de la charla, ya en un tono más personal, Tuttle animó a los visitantes a salir de la burbuja del festival y recorrer Berlín a pie, incluso en pleno invierno. “Caminar por Unter den Linden hasta Mitte es precioso. Te hace darte cuenta de lo hermosa que es la ciudad”, recomendó, antes de compartir una dirección gastronómica fuera del circuito habitual. Un detalle menor, quizá, pero coherente con una directora que parece entender la Berlinale no solo como un evento industrial y cultural, sino como una experiencia urbana, abierta y viva, en constante diálogo con su tiempo. 

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CARTELERA MARZO: