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Entrevista a Francisco Lezama

Generalmente aparecen varias ideas, nunca una sola. Muchas de esas ideas al principio parecen no combinar y ahí escribir se trata de rebuscármelas para que ninguna de esas ideas se tire.

Por Mauro Lukasievicz

La comedia es algo poco habitual en los cortos actuales; y más aún que queden seleccionados en un festival clase A como Berlinale — ¿cómo surgió la idea? 

Generalmente aparecen varias ideas, nunca una sola. Muchas de esas ideas al principio parecen no combinar y ahí escribir se trata de rebuscármelas para que ninguna de esas ideas se tire. Ese caos de ideas termina haciendo que aparezca la comedia de enredo, género que acepta muy bien las digresiones. La comedia nunca me aparece a priori como un molde narrativo con sus leyes a seguir. Aparece como resultado y con límites. Me gusta la comedia mantenida a raya -no asordinada-, sino vigilada. De hecho si lo pienso bien el corto que hice no es cómico (no da risa) y ahí pienso en varios casos de tragedias con estructura de enredo (todas las griegas); o mismo en Bresson y El Dinero, que acumula azares, serendipias, y otros recursos del “screwball” para narrar una tragedia con destinos fatales. Antes que en comedia o tragedia de enredo, uno podría pensar en la “estructura de enredo” a secas; cosa que permite a los autores acumular drivas; ser no-lineales.

La idea del corto surgió mientras trabajaba en el cine del MALBA. Durante ocho años, cuando las puertas del museo cerraban, quedábamos trabajando sólo los guardias de seguridad y yo. El clima era aletargado, adormecido. Una noche me vino a la mente la idea de una guardia de seguridad que presiente un robo. Al consultar con un péndulo esa guardia recibiría una respuesta extraña: “Una suba en ‘picada’ del valor del dólar”.  Esa frase, así mal dicha y errada (“Suba en picada” en vez de “Caída en picada”) me quedó resonando un tiempo. De ahí en adelante supe que la idea de una “suba ‘en picada’ del valor del dólar” me podía organizar.

Si no me equivoco es tu primera película dirigida en soledad.

En realidad filmé algunas cosas yo solo; pero estaban mal. En la facultad hice un corto en 16mm sobre una estudiante que se hace tirar las cartas antes de un examen. El oráculo le dice que le va a ir pésimo en el amor, pero bien en el examen; entonces se va corriendo. Como no me gusta tirar ideas, si una idea falló la reutilizo en un próximo corto. De acá vino la idea de los oráculos que vienen con un “pero”. La contradicción que es más bien clásica (A Cassandra se le daba el don de la videncia… pero no el de la persuasión).

Hay algo muy interesante en la historia, este juego de espontaneidad en las relaciones, pero que también juega a la perfección con los abruptos diarios cambios del dólar en Argentina ¿cómo pensaste la idea?

Los dos cortos anteriores a Un movimiento extraño los co-dirigí junto a Agostina Gálvez pero los había escrito solo. En esos cortos (La novia de Frankenstein, 2015 y Dear Renzo, 2016) ya había  rebusques financieros y “manganetas”. También había arbolitos. Un movimiento extraño continúa algunas de estas ideas. Esta vez quise mostrar como una joven que ahorra en dólares cree salvarse sola, pero por fuera de ella: en lo colectivo, en la ciudad, en lo cotidiano… todo se vuelve más y más precario progresivamente. Me gustaba la idea de retratar la práctica del ahorro en dólares como una isla (similar a lo que fueron los barrios cerrados en el 2000 y también hoy). El desafío siempre estuvo en hacer todo esto comunicable a un público amplio, no solamente argentino.

Otro de los aspectos muy llamativos es la soledad del personaje, una persona que parece que disfruta de estar sola, pero al mismo tiempo en sus actitudes parece que no.

No me había dado cuenta de esto, no fue buscado. Pero suelo escribir con contradicciones más que con continuaciones o lineas rectas. Otra vez el “pero” o la “suba en picada”. No me sale escribir personajes lógicos o escenas con planteo y desarrollo clásico. Para mí cierra perfecto que un personaje quiera estar con gente sin dejar de estar solo.

Una vez más repetís con Laila Maltz como actriz principal, y una vez más vuelve a funcionar a la perfección ante cada situación dramática y también de humor ¿cómo es tu relación con ella y porque la volviste a elegir?

Laila tiene algo muy particular: es ordenada y desordenada al mismo tiempo. Ahí congeniamos porque yo escribo y filmo ordenado y desordenado a la vez. Eso me hace “difícil” para ciertas personas y “fácil” para otras. Con Laila el entendimiento es directo. Esto se extiende a los otros actores del corto, empezando por Paco Gorriz que tiene la misma particularidad. No sé si eso es talento (no me gusta mucho esa palabra), pero si creo que ambos tienen una comodidad para trabajar en condiciones muy inciertas. Al no exigirme nada como director (ningún plan, ningún planteo, ninguna certeza) Laila y Paco habilitaron que al filmar siguieran muchas mas ideas que las escritas. Con ellos siento algo horizontal y cuando “el director que sabe más” desaparece, aparece otra cosa distinta que para mí es mucho más viva.

Un movimiento extraño

2024

Argentina

Francisco Lezama