Apuntes sobre la charla en la Berlinale "Panorama general 2026: nuevas tendencias y cambios en la industria del cine"
La industria global del cine y el audiovisual atraviesa una etapa de tensión estructural sostenida que ya no se percibe como un desplome abrupto, sino como una “nueva normalidad” endurecida que obliga a replantear escalas, estrategias y modelos de supervivencia. Así se planteó en el European Film Market (EFM) de la Berlinale durante la charla “The Big Picture 2026: New Industry Trends and Shifts”, donde Guy Bisson, cofundador y director ejecutivo de Ampere Analysis, ofreció un diagnóstico basado en datos sobre las tendencias que están redefiniendo el sector. Introducida por el curador de la conferencia, Erwin M. Schmidt, la presentación se concibió como una radiografía pragmática del estado actual de la industria y de los puntos donde la presión se siente con mayor intensidad.
Bisson arrancó con lo que definió como “buenas noticias, si sabes dónde mirar”: el volumen global de encargos se mantiene en torno al 75% del pico de 2022, un nivel que se ha mantenido estable. “Este es el nuevo estado estacionario”, sostuvo. El problema, aclaró, no es una caída adicional, sino el desajuste entre ese volumen reducido y una infraestructura industrial diseñada para la era del llamado peak TV.
Dentro de ese escenario de estancamiento, todavía existen focos de crecimiento. Las plataformas de streaming siguen incrementando su inversión en contenidos, aunque a un ritmo mucho menor que en los años de expansión. En contraste, los broadcasters públicos y comerciales permanecen estables o en retroceso, una dinámica que afecta especialmente a Europa por su papel central en la financiación de la ficción. El resultado es un entorno paradójico: más dinero total en el sistema, pero menos caminos viables para proyectos individuales.
A partir de ahí, el analista amplió el foco y describió el momento actual como una “transformación de una vez por generación”, impulsada por la irrupción de plataformas globales. Según explicó, las empresas se están reorganizando alrededor de audiencias globales mediante nuevas formas de integración. Bisson habló de un renovado impulso hacia la integración vertical centrada en el streaming, junto con lo que denomina “integración diagonal”, en la que actores tradicionales se alinean o se fusionan con plataformas más nuevas.
En ese contexto, mencionó la posibilidad de una fusión entre Netflix y Warner Bros. Discovery como ejemplo emblemático de esta tendencia, al combinar activos tradicionales con escala global en streaming. Alrededor de ese núcleo, describió capas concéntricas de transformación: broadcasters que aceleran alianzas con plataformas y redes sociales, grandes productoras independientes como posibles objetivos de fusiones y adquisiciones, y, en el perímetro, las redes sociales emergiendo como una nueva capa de distribución de terceros.
Esa última capa conecta con otra de las tendencias señaladas: el papel creciente de YouTube. Aunque cada vez se adopta más como oportunidad de distribución, Bisson advirtió que la monetización sigue siendo el problema central sin resolver. A su juicio, las plataformas sociales nacieron para contenidos de bajo coste, mientras que broadcasters y streamers se construyeron sobre producciones de alto presupuesto, generando una tensión estructural entre costes y valor publicitario.
El analista describió tres escenarios posibles: utilizar las redes sociales principalmente para promoción; aumentar la carga publicitaria en contenidos premium para compensar menores ingresos por mil impresiones; o desarrollar sistemas de dos niveles que permitan a los titulares de derechos conservar el control sobre la venta y el precio de la publicidad. Esta última opción, señaló, gana terreno entre broadcasters que buscan “valor justo” mientras intentan frenar la erosión de las audiencias jóvenes, aunque el riesgo de dependencia y canibalización sigue vigente.
Otra tendencia destacada fue el auge del microdrama, que Bisson situó como la última forma de “contenido crossover” pensado para replicar las dinámicas de engagement de las redes sociales. El formato corto profesionalizado, con narrativa vertical, ha encontrado su mayor desarrollo en Asia, donde el consumo móvil y los micropagos están muy extendidos. Fuera de esa región, Turquía, Brasil y partes de América Latina muestran potencial gracias a tradiciones narrativas cercanas al melodrama. Europa, en cambio, sigue siendo un mercado marginal, con una minoría que consume regularmente este tipo de contenido profesional.
Aun así, el analista señaló un dato alentador: los espectadores de microdrama son “superconsumidores”, con niveles de visionado significativamente superiores a la media. Como ocurrió con los primeros usuarios del streaming hace una década, su comportamiento sugiere que se trata de una suma de consumo, no de un reemplazo.
El último eje de su análisis abordó el deporte como arma de doble filo. Las plataformas destinan hoy alrededor del 11% de sus presupuestos de contenido a derechos deportivos en vivo, frente a prácticamente cero hace cinco años. Si ese porcentaje se acerca a los niveles del 30% al 50% típicos de broadcasters y operadores de TV de pago, decenas de miles de millones podrían desviarse del cine y la ficción televisiva. Al mismo tiempo, Bisson identificó los contenidos complementarios ligados al deporte, especialmente documentales, como uno de los pocos segmentos con crecimiento sostenido en un mercado que se contrae.
Durante el intercambio posterior, el experto profundizó en la aparente contradicción entre gasto estable o creciente y menos encargos, atribuyéndola a la inflación, al aumento de los costes de producción y al peso creciente de formatos no guionados impulsados por el streaming con publicidad. Según indicó, estos factores están reconfigurando las prioridades de commissioning por debajo de los grandes titulares.
Consultado sobre el contenido de larga duración en YouTube, Bisson reconoció datos que muestran que la mayoría del tiempo de visionado en la plataforma proviene ya de vídeos de más de 15 minutos. Aunque no equivalen directamente a películas o series tradicionales, este cambio refleja la evolución de YouTube hacia un espacio para contenido profesional de larga duración, con acuerdos que incluyen garantías mínimas para estudios y broadcasters. Los actores europeos, añadió, están cada vez más activos en ese terreno, aunque el equilibrio entre alcance, ingresos y poder de plataforma sigue siendo delicado.
En conjunto, las cinco tendencias dibujan una industria que ya no cae en picada, pero que permanece atrapada en un equilibrio exigente. Como señaló Schmidt al cierre, el desafío ahora es cómo los productores traducen estos cambios macro en estrategias viables sobre el terreno, una cuestión que marcará el rumbo inmediato del sector.