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Father – MALBA Cine

Bosque arriba en la montaña (2026), de Sofía Bordenave

Por Kristine Balduzzi

La verdad cuesta arriba

Bosque arriba en la montaña se instala en un territorio incómodo y necesario: el de interrogar un sistema que durante décadas ha negado o desplazado otras maneras de habitar el mundo. En lugar de reducirlo a un episodio aislado, la mirada se expande hacia un entramado histórico más amplio. Allí aparece una pregunta persistente sobre quiénes tienen derecho a nombrar la realidad y bajo qué lógicas se define lo legítimo. En ese recorrido se visibilizan culturas que no encajan en los parámetros dominantes. Lejos de una imagen estática o folclórica, se muestran como espacios dinámicos donde lo ancestral y lo proyectivo conviven sin anularse. El pasado no se presenta como ancla inmóvil ni el futuro como ruptura total: ambos dialogan en una identidad que se reconfigura de manera constante. Esa coexistencia, habitual en cualquier comunidad, se vuelve extraña cuando se la observa desde una idea lineal de progreso.

Uno de los ejes más potentes aparece en la relación con el territorio. Frente a la expectativa de explotación permanente, surge otra forma de vínculo con la naturaleza, menos utilitaria y más relacional. El paisaje deja de ser un recurso para convertirse en memoria compartida, en espacio de pertenencia. La sorpresa que genera esa posibilidad deja al descubierto cuánto pesa la mirada productivista en la forma en que se evalúan los mundos ajenos.

La muerte de Rafael Nahuel en 2017 funciona como punto de condensación de esa tensión. No se trata solo de una vida truncada, sino de una herida que remite a una historia más larga. Su nombre activa una memoria incómoda dentro de la sociedad argentina, una memoria atravesada por relatos oficiales que muchas veces evitaron nombrar la violencia con claridad. Lo que aflora no es únicamente el dolor, sino también la necesidad de revisar cómo se construyen las versiones aceptadas de los hechos.

A partir de esa base, el relato se convierte en un ejercicio de desmontaje simbólico. Las capas de discurso que suelen cubrir estos episodios comienzan a resquebrajarse, dejando ver la distancia entre lo dicho y lo vivido. En ese gesto aparece una ética: la de insistir en la verdad sin recurrir al estruendo, sosteniendo una mirada atenta que rehúye las simplificaciones.

El resultado es una invitación a reconsiderar categorías arraigadas. Identidad, territorio y memoria dejan de funcionar como conceptos abstractos para adquirir densidad concreta. Lo que se despliega no busca clausurar sentidos ni imponer conclusiones cerradas, sino abrir un espacio donde la empatía pueda operar como forma de conocimiento. Esa apertura constituye su rasgo más valioso. Al desplazar la urgencia del juicio inmediato, habilita una sensibilidad distinta, menos defensiva y más permeable. La incomodidad no se presenta como obstáculo, sino como punto de partida para comprender mejor. En ese desplazamiento se insinúa una posibilidad: la de ensayar formas de convivencia que no dependan de la negación del otro, sino del reconocimiento de su existencia plena.

Titulo: Bosque arriba en la montaña 

Año: 2026

País: Argentina

Director: Sofía Bordenave