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Invention – MALBA Cine
“Entre el esplendor y la sombra

Por Franco Alves

Miguel Ángel Jiménez se adentra en un territorio tan brillante como oscuro: el de las celebraciones de la élite donde el lujo convive con el dolor y la sospecha. Basada en la novela homónima de Panos Karnezis, publicada en 2007, la película encuentra en Willem Dafoe a su mayor fortaleza, encarnando al magnate griego Marcos Timoleon. Este hombre, rodeado de un aura de poder casi mítico, organiza una majestuosa fiesta en su isla privada para celebrar los veinticinco años de su hija Sofía, interpretada por la carismática actriz Vic Carmen Sonne. Desde los primeros compases, la cinta deja claro que la vida de Timoleon se inspira en figuras reales como Aristóteles Onassis. El personaje aparece marcado por la tragedia: la muerte de su hijo en un accidente aéreo, acontecimiento que sirve como prólogo y que, sin ser mencionado constantemente, impregna con un tono melancólico todo lo que viene después. Esa sombra nunca abandona al protagonista y tiñe incluso la aparente alegría de la fiesta. En este sentido, el festejo funciona más como escenario de tensiones ocultas que como un simple motivo de celebración.

La comparación con El Padrino resulta inevitable al observar el inicio del filme, con los invitados acercándose al anfitrión para hacerle peticiones y honores. Pero Marcos, irónico, se reconoce más en el tiburón de Jaws: un depredador que inspira tanto fascinación como temor. Esta autodefinición se confirma en su trato con los demás: familiares, amantes, socios, aduladores, todos forman parte de una red en la que cada gesto parece medido y cada abrazo encierra un interés oculto. Incluso con Sofía, el intento de recuperar una relación rota por los años y el dolor se ve obstaculizado por su tendencia a dominar y controlar todo cuanto lo rodea. La puesta en escena es uno de los puntos fuertes de la película. Los colores mediterráneos, la música y los bailes prolongados evocan una atmósfera nostálgica que transporta al espectador a los años setenta, con una estética cuidada y evocadora. Sin embargo, el guion no logra sostener ese mismo nivel de precisión: las múltiples subtramas que se abren en el transcurso de la fiesta acaban enredándose, lo que provoca que el ritmo se vuelva pesado. La narración parece prometer un crescendo que nunca termina de llegar. Los diálogos, cargados de frases solemnes, subrayan más de lo necesario los conflictos sin dejar espacio para la sutileza.

Uno de los hilos que podría haber dado más profundidad es el del espionaje: micrófonos ocultos, fotógrafos encubiertos y periodistas merodeando entre los invitados. Estos elementos sugieren un thriller político y social, pero la película los utiliza de forma intermitente y poco clara. El personaje del joven biógrafo, interpretado por Joe Cole, aparece más como una excusa romántica en la vida de Sofía que como verdadero contrapunto intelectual de Timoleon. De esta manera, la tensión entre la imagen pública del magnate y sus secretos íntimos queda apenas esbozada.

Si la narración tambalea, la actuación de Willem Dafoe lo compensa casi todo. Su Marcos Timoleon es un espectáculo en sí mismo: canta, baila, muestra vulnerabilidad y arrogancia en la misma escena, ejerciendo un magnetismo que atrapa al espectador. Dafoe consigue que un personaje contradictorio, cálido y cruel a la vez, cobre vida con matices, y lo hace con tal intensidad que cada vez que se ausenta de la pantalla la película parece perder brillo. Esta centralidad es su virtud y su condena: la cinta se convierte en una “one-man-show” que depende casi exclusivamente de su presencia.

El momento más memorable es, sin duda, la danza solitaria del protagonista, un sirtaki que remite de inmediato al imaginario griego de Zorba. Sin embargo, aquí no se celebra la vida, sino que se lamenta la muerte. La secuencia transmite la soledad de Timoleon con una potencia simbólica que supera las palabras. Incluso rodeado de invitados, él permanece aislado, como si la fiesta fuese apenas un decorado para ocultar su vacío interior.

En cuanto a su propuesta narrativa, la película se suma a una tendencia reciente en la que multimillonarios invitan a sus círculos íntimos a islas privadas, escenario de secretos y tensiones. Títulos como Glass Onion o The Menu han explotado este recurso, aunque con mayor ironía o claridad de género. Jiménez, en cambio, apuesta por un tono híbrido que mezcla melodrama y thriller, sin decantarse del todo por ninguno. Eso deja la sensación de un proyecto atractivo en apariencia, pero con menos consistencia de la esperada. The Birthday Party es una obra irregular pero fascinante por momentos. Destaca por su estética cuidada y, sobre todo, por la entrega absoluta de Willem Dafoe, capaz de elevar un guion con fisuras gracias a su talento desbordante. Es una película que habla del poder, de la fragilidad de los lazos familiares y de la soledad que acecha incluso en medio de la abundancia. Puede que no logre articular un relato completamente sólido, pero deja imágenes difíciles de olvidar y confirma que, en el cine, a veces una sola interpretación basta para justificar toda una obra.

Titulo: The Birthday Party 

Año: 2025

País: Grecia, España, Países Bajos, Reino Unido

Director: Miguel Ángel Jiménez