Wet Sand (2021), de Elene Naveriani

“Un brindis por el amor”

Por Lucas Greco

“Salud por el amor” dice Moe, con una copa de vino en la mano, frente al cadáver de su abuelo y su amante fallecidos. Están a punto de ser quemados dentro de un bar, en un pueblo chiquito de Georgia sobre la costa del Mar Negro. Los habitantes no aceptaron que en vida aquellos mantuvieran un amor homosexual, prohibido. Su nieta no puede hacer nada para evitarlo, ni la ley está de su lado, pero de algún modo cumple el último deseo de éstos de ser incinerados. Esta película de Elene Naveriani despliega una marea de sentimentalismo más allá de las palabras y que confluye en la resiliencia y el amor.

El pequeño pueblo, donde todos se conocen entre sí y la dinámica social se circunscribe entre las mismas personas que la habitan, es el lugar propicio para desplegar acontecimientos que parecen arcaicos, detenidos en el tiempo. Pocos espacios sirven para condensar todo el conflicto narrativo. El bar, las casas, las calles de tierra dan una sensación de micro mundo que está sujeto a sus propias reglas. Quien puede ir a visitar es porque ya vivió allí y se fue. Es el caso de Moe, que cuando tuvo la posibilidad se fue a la ciudad y se vio obligada a volver a raíz del suicidio de su abuelo. Su llegada evidencia la reacción de los lugareños, que ven con desdén el retorno de alguien que escapó de alguna manera de ese fatal destino atado a tierras remotas y olvidadas. Ella, por su parte, reconfirma la quietud temporal en la que el pueblo se ve envuelto. Hay un juego de miradas que se tensa constantemente, como un hilo que en cualquier momento se romperá. Las escenas se van sucediendo para cada vez más ir acrecentando dicha tensión al punto que sea fatal.

Por otro lado, se encuentra Amnon, dueño de un bar que está en la costa y que quiere despedir, en un funeral, a su amigo muerto. Los vecinos son reticentes a dicho homenaje ya que el difunto hacía tiempo se lo veía retraído y no tenía relaciones sociales con el resto. Para poder pertenecer y ser aceptado, uno debe entregarse a las reglas sociales imperantes, caso contrario se vuelve un paria. 

Tanto Amnon como Moe estrecharán un vínculo atado sobre una fatalidad. Sin embargo, los eventos van develando secretos e inquietudes. Allí donde la opresión es tan significativa, y total, se engendra, en la clandestinidad, secretos que se vuelven pasiones, y se vuelven desgracia. Una vez el resto descubra la verdad entre Amnon y quien se suicidó, se buscará la venganza por el ultraje y la mentira.

La policía, como presencia institucional, pero a su vez como una persona concreta circunscripta y atada a esas reglas, obedece a mantener el status quo. Aun desde una pulsión sexual que constantemente busca trasgredir los cuerpos, su rol de control, como típico oficial en camioneta, depende exclusivamente de ejercer presión siempre y cuando no se trasgreda una ley de convivencia. Y como en el pueblo, de tan pocas personas, la coexistencia es todo, dirime siempre en favor del grupo, aun en detrimento de unos pocos.

Los personajes se van agolpando como el agua en la costa que sigue su movimiento y su curso a pesar de todo. En esa danza sin fin, el ritmo del pueblo va modificándose y acrecentando sus cambios.

Moe no estará exenta de vivir ella misma la pasión prohibida. Tendrá su propia aventura con Fleshka, camarera del bar. Pero, como nueva generación, en contacto con otros ideales, no se dejará fustigar fácilmente. Porque en aquello tan efímero como una ola en el mar, constantemente retratado en la película, sólo el traspaso del amor, de la sensación que produce el amor, puede replicarse sin fin.

Titulo: Wet Sand

Año: 2021

País: Georgia

Directora: Elene Naveriani

 
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