Vanja Kaludjercic y Clare Stewart (directoras del IFFR): el Festival de Rotterdam quiere ser “accesible” sin renunciar al cine más innovador

El Festival Internacional de Cine de Róterdam (IFFR) es reconocido mundialmente por su apuesta por el cine más arriesgado y poco convencional, pero sus directoras, Vanja Kaludjercic y Clare Stewart, insisten en que esa es solo una parte de la historia. Según declaraciones recogidas por Variety, ambas responsables subrayan que el certamen neerlandés busca ampliar su alcance, conectar con nuevos públicos y reforzar su papel social y cultural.

“La percepción del IFFR como un evento con cine innovador y poco convencional no es errónea. Pero es solo una parte de una realidad mucho mayor”, señaló Kaludjercic a Variety antes de la 55ª edición del festival. La directora defiende una programación que combine propuestas de vanguardia con títulos capaces de atraer a un público más amplio, “las dos caras de la misma moneda”.

En ese equilibrio conviven, por ejemplo, las películas de la Competencia Tiger —tradicionalmente asociadas a nuevos lenguajes cinematográficos— con obras como El agente secreto, de Kleber Mendonça Filho, que ha generado repercusión en la temporada de premios y se perfila como contendiente al Oscar. “Necesitamos apoyar una amplia variedad de películas. Necesitamos estar presentes en todas ellas”, afirmó Kaludjercic.

Para la directora, liderar el mayor evento cinematográfico de los Países Bajos implica también una “responsabilidad”. El festival trabaja activamente para atraer a públicos diversos, incluidos los más jóvenes. “Queremos conectar con un público diferente y estar presentes para quienes, incluso por su edad, están empezando su aventura con nosotros. Pero incluso si eres un bebé de seis meses, tenemos el Baby Film Club”, explicó, en referencia a un programa de cortometrajes destinado a niños de 0 a 3 años.

La dimensión educativa ocupa un lugar central en esta estrategia. A través de IFFR Education, el festival involucra cada año a miles de estudiantes. “Si estás en la plaza principal alrededor de las 9 de la mañana, verás autobuses llenos de niños entrando a diferentes lugares”, comentó Kaludjercic. “Queremos ser accesibles para la mayor cantidad de gente posible”.

Stewart reforzó esta idea destacando el trabajo del equipo educativo más allá de las salas de cine. Según explicó a Variety, han participado en actividades previas al festival incluso en hospitales y colaboran con comunidades muy diversas, desde patinadores hasta personas refugiadas. “Se trata de crear espacios”, afirmó, subrayando que el festival busca reflejar a Róterdam como “la ciudad más diversa de los Países Bajos” e integrarse en su tejido social.

Ese compromiso con la inclusión también se traslada al terreno profesional. El lanzamiento del Fondo de Cine para el Desplazamiento y la introducción del programa Safe Harbor en CineMart —centrado en proyectos de cineastas emergentes que han vivido desplazamientos o migraciones forzadas— forman parte de esa visión. “Creará más oportunidades, pero también esperamos que aumente la concienciación. Queremos que todos se sientan plenamente integrados en el ecosistema que ofrecemos”, indicó Kaludjercic. Stewart añadió que el IFFR tiene un papel relevante apoyando el cine en regiones donde las condiciones políticas o la falta de infraestructura dificultan el acceso a la financiación.

El festival también mantiene su apuesta por el diálogo entre creadores a través de sus Grandes Charlas, que este año reunirán a figuras como Kleber Mendonça Filho y Carla Simón, Marwan Hamed —quien además será objeto de una retrospectiva—, Yousry Nasrallah, Valeria Golino y la actriz palestina Hiam Abbass. La iniciativa se inspira en el libro 25 Encuentros, publicado durante la pandemia, que recogía conversaciones con 50 figuras del cine. “Dialogar con alguien que quizá ni siquiera conozcas, pero que te resulta interesante, despierta la curiosidad y te abre nuevas perspectivas”, reflexionó Kaludjercic.

Stewart también destacó el papel de los programadores como descubridores de “joyas”, una labor que considera cada vez más crucial en un contexto complicado para el cine independiente. Aun así, apuntó ejemplos alentadores, como el documental Fiume o Morte! de Igor Bezinović, ganador el año pasado, que rompió récords históricos de asistencia a este tipo de cine en Croacia.

En paralelo, el IFFR continúa explorando la intersección entre cine y arte contemporáneo. La sección Exploding Cinema ha evolucionado hacia obras comisionadas a artistas de renombre como Steve McQueen, mientras que este año se celebran 30 años de Art Directions. Proyectos inmersivos como Krakatoa, acompañado de una instalación, y la conferencia Reality Check dedicada a obras inmersivas, refuerzan esa línea de trabajo. “No hay fronteras; simplemente se fusionan. La libertad de formatos y formas que ofrecemos a los artistas es algo que realmente valoro”, concluyó Kaludjercic en Variety.

Con esta combinación de riesgo creativo, compromiso social y apertura a nuevos públicos, las directoras del festival dejan claro que Róterdam quiere seguir siendo un referente del cine de vanguardia, pero también un espacio acogedor y accesible para todos.

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