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Crítica
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Yes, Nadav Lapid

Un balcon à Limoges (2025),
Jérôme Reybaud

"El balcón del título llega tarde, pero llega. Y cuando llega, la película revela de golpe todo lo que había estado construyendo en silencio: un final que es a la vez inevitable y perturbador, oscuro y casi divertido, como solo puede serlo la mejor comedia negra."

Cuando la comedia negra se convierte en espejo

Jérôme Reybaud llegó al Festival de Locarno con una película que nadie esperaba. No porque su nombre sea desconocido,el director francés tiene detrás obras tan distintas entre sí como Qui êtes-vous Paul Vecchiali? y 4 jours en France, sino porque Un balcon à Limoges sorprende incluso a quienes ya conocen su cine. Es una película sobre dos mujeres, una ciudad de provincia y un hecho real que termina siendo mucho más que la suma de esas partes.

Todo parte de un fait divers, uno de esos sucesos que la crónica registra con frialdad y que Reybaud decidió convertir en el eje de una historia sobre el choque entre dos formas radicalmente opuestas de existir. Gladys, interpretada por Fabienne Babe, vive en su coche, acepta lo que la vida le ofrece sin pedir más, y baila cuando puede. Eugénie, enfermera auxiliar y madre, encuentra a su antigua compañera de clase en ese estado y toma una decisión que nadie le ha solicitado: salvarla. Ese impulso, aparentemente generoso, es el germen de todo el conflicto.

La película se desarrolla con una calma calculada. La convivencia forzada entre las dos mujeres va cargándose de una tensión que Reybaud administra con precisión, sin trucos de género ni artificios narrativos. Un maestro vecino observa la situación desde su ventana y comenta en voz en off lo que ve, aportando una perspectiva lateral que enriquece el relato sin explicarlo. El hijo pequeño de Eugénie, callado y enmascarado, completa ese cuadro de testigos involuntarios de algo que todavía no ha terminado de ocurrir.

Lo que convierte a Un balcon à Limoges en una película verdaderamente interesante es su negativa a repartir la razón de manera cómoda. Eugénie no es una villana de manual: es el producto lógico de una sociedad que ha elevado la corrección moral a la categoría de virtud incuestionable. Gladys no es ninguna heroína contracultural: es simplemente alguien que ha decidido no jugar según las reglas, con todo lo que eso implica. Reybaud observa a las dos con la misma distancia irónica y no absuelve a ninguna. El balcón del título llega tarde, pero llega. Y cuando llega, la película revela de golpe todo lo que había estado construyendo en silencio: un final que es a la vez inevitable y perturbador, oscuro y casi divertido, como solo puede serlo la mejor comedia negra.

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