Soy tu presa, la indeleble
empantanada en las olas
de tu mar barroso
soy la espuma en tu boca
la cautiva más rebelde
la que lucha contra tus amarres
y permanece en territorio enemigo
cuando se los quitas
la que más disturbios trae
a tu harén de promesas y vidrio
un animal distópico
huyendo en la noche decorada.
De lejos, trastabillando en el césped crecido,
al menos debo parecer graciosa.
¿Elegante? ¿Dramática, quizás?
Perdiz, corderito, liebre
tropiezo en círculos
y tu voz brava rompe lo oscuro
como un canto de sirena elíptico
cuando mis piernas no saben guiarme
en el laberinto sin puertas.
¡No saben nada,
tontas!
Desde que aprendieron a enredarse
no recuerdan lo que es huir.
Sin norte
frente a la pared de fuego
me detengo doblegada
otra vez:
la belleza ciega
los bordes de tu reino
que dejo atrás.
Refugio las manos
en rodillas vencidas.
¿Sentís el crac?
crac – crac
huesos
dientes
uñas
lágrimas…
Así se siente querer ser
la fuga de todos tus rehenes.