Tilda Swinton y Javier Bardem encabezan una carta de más de 80 artistas que cuestiona a la Berlinale por su postura sobre Gaza
Más de 80 figuras del cine que han participado en el Festival Internacional de Cine de Berlín, entre ellas Tilda Swinton, Javier Bardem y el director británico Mike Leigh, firmaron una carta abierta en la que critican a la Berlinale por “censurar a artistas que se oponen al genocidio en curso de Israel contra los palestinos en Gaza y al papel clave del Estado alemán en posibilitarlo”.
“Escribimos como trabajadores del cine, todos participantes pasados y actuales de la Berlinale, que esperamos que las instituciones de nuestra industria se nieguen a ser cómplices de la terrible violencia que continúa ejerciéndose contra los palestinos”, señala el texto. Los firmantes expresaron su “consternación” por lo que consideran una implicación del festival en silenciar voces críticas con la ofensiva israelí.
La carta reprocha además que el festival no haya respondido a las demandas de su propia comunidad para emitir una declaración que “afirme el derecho de los palestinos a la vida, la dignidad y la libertad; condene el genocidio en curso; y se comprometa a defender el derecho de los artistas a expresarse sin restricciones en apoyo de los derechos humanos palestinos”. Según el documento, esa sería “lo mínimo que puede y debe hacer”.
Entre los nuevos nombres que se sumaron a la iniciativa figuran el guionista y director Adam McKay, el actor Brian Cox, Alison Oliver y Peter Mullan. Los firmantes sostienen que, así como el festival se pronunció en el pasado sobre atrocidades en Irán o Ucrania, debería ahora “cumplir con su deber moral” y expresar claramente su oposición a los crímenes que atribuyen a Israel, además de dejar de “blindarlo frente a críticas y pedidos de rendición de cuentas”.
Todos los firmantes han asistido previamente a la Berlinale o participan en la edición actual. Swinton, quien recibió el Oso de Oro honorífico el año pasado, ya había generado debate en aquella ocasión con un discurso en el que denunció “crímenes perpetrados por Estados”.
La polémica se suma a la controversia que estalló en la conferencia de prensa del jurado de la Competencia oficial, cuando su presidente, Wim Wenders, respondió a una pregunta sobre “el genocidio en Gaza” marcando una diferencia entre el trabajo de cineastas y políticos: “Somos el contrapeso de la política. Somos lo opuesto a la política”, dijo.
Durante el festival, invitados como Michelle Yeoh, Neil Patrick Harris y Rupert Grint también fueron consultados sobre cuestiones políticas específicas, aunque muchos optaron por no pronunciarse de forma explícita. La escritora india Arundhati Roy canceló su participación en protesta por las declaraciones de Wenders, lo que llevó a la directora del festival, Tricia Tuttle, a emitir un comunicado.
“Los artistas son libres de ejercer su derecho a la libertad de expresión de la manera que elijan”, afirmó Tuttle. “No se debería esperar que comenten todos los debates más amplios sobre prácticas pasadas o presentes del festival sobre las que no tienen control”.
Carta abierta a la Berlinale
Escribimos como trabajadores del cine, todos participantes pasados y actuales de la Berlinale, que esperamos que las instituciones de nuestra industria se nieguen a ser cómplices de la terrible violencia que continúa ejerciéndose contra los palestinos. Estamos consternados por la implicación de la Berlinale en censurar a artistas que se oponen al genocidio en curso de Israel contra los palestinos en Gaza y al papel clave del Estado alemán en hacerlo posible. Como ha señalado el Palestine Film Institute, el festival ha estado “vigilando a los cineastas al mismo tiempo que mantiene su colaboración con la Policía Federal en sus investigaciones”.
El año pasado, cineastas que hablaron en defensa de la vida y la libertad del pueblo palestino desde el escenario de la Berlinale informaron haber sido reprendidos agresivamente por programadores senior del festival. Según se reportó, un cineasta fue investigado por la policía, y la dirección del festival insinuó falsamente que su emotivo discurso —basado en el derecho internacional y la solidaridad— era “discriminatorio”. Como relató otro cineasta a Film Workers for Palestine sobre la edición pasada: “había una sensación de paranoia en el aire, de no estar protegidos y de ser perseguidos, que nunca antes había sentido en un festival de cine”. Nos solidarizamos con nuestros colegas al rechazar esta represión institucional y el racismo antipalestino.
Discrepamos profundamente con la afirmación del presidente del jurado de la Berlinale 2026, Wim Wenders, de que el cine es “lo opuesto a la política”. No se puede separar una cosa de la otra. Nos preocupa profundamente que la Berlinale, financiada por el Estado alemán, esté contribuyendo a aplicar lo que Irene Khan, relatora especial de la ONU sobre libertad de expresión y opinión, condenó recientemente como el uso por parte de Alemania de legislación draconiana “para restringir la defensa de los derechos palestinos, enfriar la participación pública y reducir el debate en la academia y las artes”. Esto es también lo que Ai Weiwei describió recientemente como que Alemania está “haciendo lo que hizo en la década de 1930” (coincidiendo con su entrevistador, que le sugirió que “es el mismo impulso fascista, solo que con un objetivo distinto”). Todo esto en un momento en el que se conocen nuevos detalles estremecedores sobre los 2.842 palestinos “evaporados” por fuerzas israelíes mediante el uso de armas térmicas y termobáricas de fabricación estadounidense, prohibidas internacionalmente. Pese a la abundante evidencia de la intención genocida de Israel, crímenes atroces sistemáticos y limpieza étnica, Alemania continúa suministrando armas a Israel que se utilizan para exterminar a los palestinos en Gaza.
La marea está cambiando en el mundo internacional del cine. Muchos festivales han respaldado el boicot cultural al Israel del apartheid, incluido el Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam, el mayor del mundo, así como el BlackStar Film Festival en Estados Unidos y el Film Fest Gent, el mayor de Bélgica. Más de 5.000 trabajadores del cine, incluidas figuras destacadas de Hollywood y del ámbito internacional, también han anunciado que se niegan a trabajar con empresas e instituciones cinematográficas israelíes cómplices.
Sin embargo, la Berlinale ni siquiera ha atendido hasta ahora las demandas de su propia comunidad de emitir una declaración que afirme el derecho palestino a la vida, la dignidad y la libertad; condene el genocidio en curso contra los palestinos; y se comprometa a defender el derecho de los artistas a expresarse sin restricciones en apoyo de los derechos humanos palestinos. Es lo mínimo que puede —y debe— hacer.
Como afirmó el Palestine Film Institute, “estamos consternados por el silencio institucional de la Berlinale ante el genocidio del pueblo palestino y su falta de voluntad para defender la libertad de expresión de los cineastas”. Así como el festival ha emitido declaraciones claras en el pasado sobre atrocidades cometidas contra pueblos en Irán y Ucrania, llamamos a la Berlinale a cumplir con su deber moral y expresar claramente su oposición al genocidio de Israel, a los crímenes contra la humanidad y a los crímenes de guerra contra los palestinos, y a poner fin por completo a su implicación en proteger a Israel de las críticas y de los llamados a la rendición de cuentas.