“Deseos bajo uniforme

Por Valentina Soto

Ambientada en 1943, en una isla desierta azotada por el viento en las Orcadas, esta historia imagina un encargo tan absurdo como revelador: un grupo de desconocidos es enviado allí para rodar una película pornográfica destinada a subir la moral de los soldados británicos. Holly Spurring, una joven actriz de teatro educada en la estricta corrección inglesa, llega sin comprender del todo la naturaleza de la misión y pronto descubre que su pudor es visto como un obstáculo que debe superar “por el bien del país”. Su compañero en pantalla, un cabo de mirada inquieta y temperamento inestable, encarna una masculinidad herida por el trauma bélico, sostenida por anfetaminas y una violencia interior difícil de contener. En torno a ellos, un director judío exiliado y varios técnicos reclutados a la fuerza completan un cuadro humano marcado por la contradicción y la resignación. La premisa funciona como un espejo incómodo: aquello que la moral victoriana tildaría de indecente se convierte, bajo la lógica de la guerra, en un acto patriótico.

El relato avanza entre lo cómico y lo siniestro, mostrando cómo cada miembro del equipo debe negociar con sus propios límites éticos mientras el proyecto se vuelve cada vez más delirante. La presencia inesperada de un soldado alemán escondido en la isla añade un nuevo nivel de tensión: para algunos representa una amenaza, para otros una excusa para prolongar un juego de poder que nadie controla del todo. La línea entre interpretar un papel y vivirlo se vuelve borrosa, especialmente para el cabo, cuya fragilidad psicológica transforma el rodaje en una bomba de relojería. Hawkins propone que no es la libido lo que empuja a los hombres a luchar, sino la frustración: emocional, sexual y vital. Esa lectura irónica atraviesa el film y le confiere un tono inquietante, a medio camino entre la sátira y el drama. Lo que comienza con chistes pudorosos y equívocos típicamente británicos termina convirtiéndose en una reflexión amarga sobre la deshumanización provocada por la guerra.

El desenlace, tan exagerado como trágico, subraya que no se trata de ofrecer explicaciones claras, sino de exponer la fragilidad de las fronteras morales cuando la supervivencia o el deber se imponen. El humor inicial deja paso a un retrato descarnado de cómo el conflicto bélico transforma lo inadmisible en aceptable, y lo absurdo en rutina. Los extensos textos finales, que cuentan el destino imaginario de cada personaje, prolongan la sátira y recuerdan la facilidad con la que el cine construye narrativas que el espectador acepta sin dudar. La historia se sostiene así como una crítica mordaz al deseo reprimido, a la obediencia ciega y a la maleabilidad ético-moral en tiempos de guerra, envolviendo todo ello en un tono irreverente que nunca deja de interpelar.

Titulo: Think of England 

Año: 2025

País: Reino Unido

Director: Richard Hawkins

 

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CARTELERA MARZO: