“Toda sanación conlleva una pérdida“
Por Valentina Soto
Entre el terror y la comedia negra, The True Beauty of Being Bitten by a Tick es una película que se mueve como un sueño extraño, o quizás una pesadilla disfrazada de retiro espiritual. No es una historia sobre enfermedades ni sobre la naturaleza en sí, sino sobre el miedo a perder el control cuando todo lo que creemos sanar comienza a devorarnos lentamente. Pete Ohs, su director, parece disfrutar de ese borde en el que lo absurdo se confunde con lo trascendental. Su cine no se esfuerza en ser entendido, sino en ser sentido, como una conversación con uno mismo en la que las palabras se deshacen antes de llegar a una conclusión. La historia comienza con Yvonne, una mujer que huye del ruido de la ciudad y del eco de una pérdida que no logra nombrar. Su amiga Camille la invita a una casa en el campo, prometiéndole descanso, aire puro y un nuevo comienzo. Pero nada en esa quietud rural parece natural. Los anfitriones, Camille, su pareja AJ y el siempre ambiguo Isaac, viven bajo un manto de calma sospechosa, como si se hubieran curado del miedo a costa de perder algo más profundo: la empatía, quizá. En ese entorno, Yvonne descubre que la serenidad puede ser una forma refinada de violencia.
La mordida de una garrapata, que podría parecer un simple incidente, se convierte en el punto de inflexión simbólico del relato. No es un horror biológico, sino existencial. La picadura introduce en Yvonne una duda corrosiva: ¿es posible sanar sin perder una parte de lo que nos hace humanos? La herida no sólo la enferma; la transforma, la obliga a ver la vida de sus anfitriones como un experimento emocional donde el bienestar se convierte en dogma. Ohs no necesita mostrar sangre para hablar del miedo. Su cámara observa, paciente, como si el verdadero terror fuera ese silencio entre las personas que creen estar ayudándose pero en realidad se consumen mutuamente.
En esa convivencia forzada, el bienestar se revela como una jaula decorada. El aire puro del campo no limpia, sino que aísla. Las rutinas saludables, el amanecer, la comida natural, el control absoluto del cuerpo, se vuelven rituales de obediencia. Yvonne, que llegó buscando alivio, termina atrapada en un mundo donde sanar significa rendirse, donde dejarse morder equivale a pertenecer. La garrapata no es solo un insecto: es una metáfora de todas las creencias que nos chupan la voluntad en nombre del equilibrio interior.
La belleza del filme radica en su contradicción. Es hermoso y asfixiante, luminoso y perturbador. Su ritmo pausado funciona como una meditación malograda: cuanto más tiempo pasamos dentro, más difícil resulta respirar. Ohs y su elenco crean un espacio donde la vulnerabilidad se convierte en materia prima para la manipulación, donde el duelo y el deseo se mezclan hasta confundirse. La película no da respuestas porque no las busca; sólo muestra cómo la obsesión por el autocuidado puede convertirse en una forma de autoaniquilación. The True Beauty of Being Bitten by a Tick no habla tanto de una mujer mordida por una garrapata como de la tentación de entregarse a cualquier promesa de calma. El miedo, nos dice Ohs, no se cura huyendo de él, sino aceptando su mordida. Quizás la verdadera belleza esté en reconocer que toda sanación conlleva una pérdida, que vivir sin miedo no siempre significa vivir plenamente. En su rareza y su ironía, la película nos invita a rascarnos esa picadura invisible que todos llevamos: la de querer estar bien a cualquier precio, aunque ese bienestar nos consuma.
Titulo: The True Beauty of Being Bitten by a Tick
Año: 2025
País: Estados Unidos
Director: Pete Ohs