“Nacer para morir”

Por Ian Quintana.

En su libro, Del Inconveniente de haber nacido, Emile Cioran escribió: “No corremos hacia la muerte, huimos de la catástrofe del nacimiento”. Con su amarga lucidez, Cioran levantó una bandera contra la vida. En sus palabras, la existencia y la pesada carga de la consciencia son el origen de nuestra insatisfacción y de nuestro dolor. ¿Cómo entender esas horas desiertas, esa sucesión sin contenido, la variedad del vacío que es el vivir?

Cioran sirvió de inspiración para el segundo largometraje de Sandra Wollner, que desde su título, El inconveniente de nacer (2020), hace referencia al autor rumano. La protagonista de su película es una niña-androide llamada Elli (Lena Watson) que fue programada para servir a quien es su dueño, Georg (Dominik Warta). Elli percibe a Georg como su “padre”, pero a lo largo de la película se sugiere indirectamente un tipo de relación erótica que hace pensar más en un abusador reprimido que convive con Elli para satisfacer sus deseos. Ignorando el motivo de sus acciones o las palabras que repite día a día grabadas en su memoria, Elli se aleja de la casa de Georg y es raptada por una anciana solitaria (Ingrid Burkhard), que utiliza a la niña-androide para reemplazar a un hermano muerto y así completar el vacío de su existencia.

Seres con pasados dolorosos y presentes solitarios se apropian de Elli. Ella se convierte así en un complemento para lograr la felicidad de otros. El ambiente donde se sumergen Georg y la anciana construye y proyecta su esencia interior. La gran mansión de Georg es fría y hostil a pesar de estar rodeada de naturaleza. Todo en su vida posee un aura artificial que genera distancia. La relación con su “hija” se suma a esa sensación. El cariño virtual, falso, expone su incapacidad de amar, pero también la perversión de su alma. En el caso de la anciana, alejada ya de ese paisaje bucólico, sumergida en la vida urbana, se observan grandes espacios industriales o lugares de consumo que dan cuenta de la vida moderna. En ambos casos la tecno-dependencia se impone con fuerza, generando indiferencia social y haciendo de los propios humanos seres sin pasión ni sentimientos.

Cual si fuera un humano hastiado de la vida moderna, Elli desconoce el sentido de su vida y esto la lleva a percibir todo con angustia. Elli encarna la crisis existencial humana, basada en el desconocimiento de la propia identidad, en la incertidumbre del futuro y en la presencia de la muerte como un vacío absoluto. También en los personajes de Georg y la anciana se replica la misma fórmula: seres traumatizados que no perciben cariño o que no saben transmitir sus emociones. Personas y androides no encuentran sentido a su vida en el presente y son perseguidos por un pasado que no les permite ver más allá de sus propios deseos. La identidad y la memoria serán los ejes en donde la crisis se construye y lo que sostiene sus conflictos.

La propuesta de Sandra Wollner es incomodarnos en cada situación, ya que su mirada busca empatizar con un androide en lugar de hacerlo con el género humano. Su película se transforma en un reflejo de una humanidad dependiente de la tecnología, que no logra resolver sus conflictos internos y la única forma que encuentra de alcanzar la felicidad es artificial. Un universo distópico que no está tan alejado de la actualidad. Un universo que hace pensar en la relación que tenemos con nuestros deseos y en cómo suplimos nuestras angustias internas⚫

Titulo: The Trouble with Being Born

Año: 2019

País: Austria

Director: Sandra Wollner

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