Noticias
Cargando noticias…
Extraño río – MALBA Cine
Caligari
American Cinematheque
Cinema of DespairBleak Week
8 al 14 Jun 2026 Buenos Aires, Argentina
Crítica
Crítica
Yes, Nadav Lapid

The Diary of a Chambermaid (2026), de Radu Jude

"Sobre lo que no se dice, lo que no se muestra, lo que el sistema prefiere que permanezca invisible. Y sobre cómo el cine, cuando está en las manos correctas, puede encender la luz."

Anatomía de la explotación cordial

Hay una forma de dominación que no necesita alzar la voz. No requiere cadenas ni uniformes ni ningún signo visible de jerarquía. Le alcanza con un tono amable, una invitación a la cena familiar, un pasaje en clase ejecutiva como compensación por el favor de postergar las vacaciones. Radu Jude, el director rumano cuya filmografía parece construida sobre la convicción de que el cine puede ser simultáneamente inteligente, perturbador y muy gracioso, lleva esa intuición al centro de su nueva película y la exprime hasta las últimas consecuencias. The Diary of a Chambermaid parte de la novela homónima de Octave Mirbeau, publicada en 1900, y la traslada al presente sin perder un gramo de su veneno original. Gianina es una trabajadora rumana que cuida a un niño en una familia burguesa de Burdeos mientras su propia hija crece al otro lado de la pantalla del teléfono, en una aldea de Rumania. La distancia no es solo geográfica: es la distancia entre quienes pueden permitirse vivir y quienes deben conformarse con sobrevivir. Jude articula esa brecha con una economía de medios que resulta, en sí misma, un argumento político.

Lo que hace el director con la novela de Mirbeau no es simplemente actualizarla sino desdoblarla. Gianina también participa, en sus horas libres, de los ensayos de una obra de teatro amateur basada en el mismo libro. Ese dispositivo metalingüístico no es un capricho formal: es la columna vertebral conceptual de la película. El teatro funciona como un espejo que revela lo que la vida cotidiana prefiere mantener fuera de cuadro. Las escenas de crueldad explícita, la violencia de clase en su forma más descarnada, ocurren sobre el escenario; en la vida real de Gianina, esa misma violencia existe pero ha sido perfectamente maquillada, convertida en cortesía, en comprensión, en afecto. La burguesía contemporánea, a diferencia de la del siglo diecinueve, no quiere verse como explotadora. Y eso, paradójicamente, la hace más difícil de enfrentar.

Jude lleva años investigando cómo los sistemas de dominación logran perpetuarse cuando sus mecanismos más brutales desaparecen de la superficie. En esta película, esa investigación alcanza una precisión casi quirúrgica. Los patrones de Gianina no son villanos. Son personas que genuinamente se creen progresistas, que citan a Foucault en la sobremesa, que dicen admirar a su empleada y tal vez hasta lo sienten. Y sin embargo, sin que medie ninguna maldad consciente, le piden que aplace sus vacaciones, que extienda su jornada, que acomode su vida a las necesidades de la familia. La asimetría de poder no necesita manifestarse como amenaza: le basta con existir.

Hay algo casi antropológico en la mirada que Jude posa sobre estos personajes. No los caricaturiza en el sentido tradicional, es decir, no los convierte en monstruos. Los caricaturiza de una manera más sofisticada y más cruel: los muestra exactamente como son. Sus contradicciones, su paternalismo disfrazado de afecto, su incapacidad para reconocer el privilegio que los rodea como el aire que respiran. La bandera europea aparece en un momento deteriorada, casi por casualidad, pero el detalle condensa toda una crítica a la promesa incumplida de una comunidad de iguales.

Lo que resulta más notable es que todo esto convive con una comicidad genuina, seca, que no se anuncia sino que simplemente aparece. Jude tiene la habilidad, escasa entre los cineastas que trabajan con temas graves, de entender que el humor no traiciona el análisis sino que lo profundiza. Lo ridículo, en su cine, no es un alivio sino una forma de conocimiento. Una escena banal, un niño que pide ser filmado en cámara lenta pateando una pelota, puede contener, sin esfuerzo aparente, toda la distancia entre dos mundos.

Gianina no tiene un arco dramático en el sentido convencional. No busca venganza ni redención ni transformación. Solo quiere llegar a Navidad con la cordura intacta y regresar a ver a su hija. Esa modestia del deseo no es una limitación del personaje sino el núcleo de su tragedia: que aspirar a tan poco siga siendo tan difícil. En esa tensión entre lo que se pide y lo que se concede, Jude encuentra la medida exacta de lo que significa pertenecer a la clase que trabaja para que otros vivan mejor. The Diary of a Chambermaid es una película sobre lo que no se dice, lo que no se muestra, lo que el sistema prefiere que permanezca invisible. Y sobre cómo el cine, cuando está en las manos correctas, puede encender la luz.

También en Caligari