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Invention – MALBA Cine
Crítica
Crítica
Yes, Nadav Lapid

The Chronology of Water (2025), de Kristen Stewart

"Una exploración de la memoria, la identidad y las contradicciones morales heredadas, donde las figuras familiares se revelan como construcciones frágiles y cambiantes, y donde la tensión entre verdad y relato expone la dificultad de dar sentido a un pasado que nunca termina de resolverse."

Herida abierta

Hay imágenes que no se dejan ordenar. Persisten, vuelven sin aviso, se imponen incluso cuando todo alrededor parece avanzar. No explican nada, pero pesan. Algo de eso recorre The Chronology of Water, una película que no intenta acomodar una vida en una secuencia comprensible, sino quedarse en ese territorio inestable donde recordar es revivir. Lo que aparece no es una biografía en el sentido tradicional. No hay una progresión clara ni una voluntad de hacer encajar los acontecimientos en un arco reconocible. En cambio, lo que se despliega es una sensibilidad: la de alguien atravesado por experiencias que no pueden cerrarse ni traducirse del todo. La diferencia entre lo que ocurrió y lo que se sintió mientras ocurría se vuelve central, y la película elige sin dudar ese segundo plano, el más incómodo, el más difícil de fijar.

La memoria, entonces, no funciona como un archivo sino como una fuerza activa. Irrumpe, desordena, mezcla tiempos. El pasado no queda atrás, se infiltra. Las escenas no parecen responder a una lógica narrativa sino emocional: lo que duele vuelve, lo que marcó insiste, lo que no se resolvió se rehace una y otra vez. Esa forma de experiencia, cercana a lo traumático, encuentra aquí una expresión que no busca domesticarla. Dentro de ese flujo aparece una vida marcada por el abuso, la pérdida y el exceso, pero la película evita convertir esos elementos en hitos explicativos. No hay una voluntad de enumerar desgracias ni de construir una identidad a partir de ellas. Más bien, se percibe una lucha por no quedar fijada en ese lugar. La protagonista se mueve entre impulsos contradictorios, entre la caída y la búsqueda, entre la autodestrucción y una necesidad persistente de sentido.

En ese recorrido, el cuerpo ocupa un lugar decisivo. No como objeto pasivo de lo que le sucede, sino como espacio de disputa. Si fue territorio de violencia, también puede serlo de reapropiación. El deseo, lejos de aparecer como algo accesorio, se convierte en una forma de resistencia. Recuperarlo implica más que placer: implica reescribir una relación con uno mismo que había sido dañada desde el origen.

Hay algo profundamente honesto en la manera en que la película se aproxima a esa recuperación. No la presenta como un proceso limpio ni como una conquista definitiva. Está hecha de avances y retrocesos, de momentos de claridad que conviven con recaídas. Esa ambivalencia evita cualquier tentación de convertir la historia en un relato de superación convencional. Aquí no hay redención en términos tranquilizadores, sino una persistencia casi obstinada. En ese contexto, la escritura emerge como una posibilidad. No como solución, sino como herramienta. Poner en palabras lo vivido no ordena mágicamente el caos, pero permite otra relación con él. La idea de que la memoria puede ser narrada, y por lo tanto transformada, introduce una forma de agencia que no niega el dolor, pero lo desplaza. Contar se vuelve una manera de sostenerse.

También resulta notable la negativa a suavizar lo incómodo. La película no busca hacer digerible lo que muestra ni ofrecer alivio inmediato. Confía en que hay algo valioso en permanecer cerca de lo difícil, en no apartar la mirada. Esa decisión le da una intensidad particular: no se trata de observar desde afuera, sino de quedar implicado. El resultado es una experiencia que desarma la idea de que una vida puede explicarse a partir de una línea clara. Lo que queda es más fragmentario, más contradictorio, pero también más cercano a cómo se siente existir cuando las certezas fallan. Entre recuerdos que irrumpen y tentativas de reconstrucción, se dibuja una forma de resistencia que no depende de cerrar la herida, sino de aprender a convivir con ella sin dejar de moverse.

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