“La valentía que nace del duelo

Por Felipe Jacobsen

Una ciudad que intenta celebrar su primer Día del Orgullo LGBTQ+ termina convertida en un escenario de sospechas, dolor y valentía cuando un reconocido activista es asesinado por un intruso enmascarado. Ese crimen, ocurrido en un momento crucial para la comunidad queer de Kaunas, desencadena una cadena de consecuencias que nadie está preparado para afrontar. En el centro emocional de la historia se encuentra Andrius, un hombre que ha vivido escondido por miedo a mostrarse tal como es y que ahora debe enfrentarse a la pérdida de su amante secreto, pero también a la parte de sí mismo que jamás se atrevió a mirar de frente.

Su reacción inicial es la parálisis de quien entiende que ha llegado demasiado tarde. Sin embargo, esa culpa se transforma pronto en impulso. Mientras las autoridades se muestran indiferentes y parecen más preocupadas por suspender la marcha del Orgullo LGBTQ+ que por investigar el asesinato, Andrius comprende que si quiere conocer la verdad deberá buscarla por su cuenta. Lo que encuentra no es consuelo sino un laberinto de mentiras, traiciones y enemigos silenciosos que se movían cerca de Deividas sin que él lo supiera.

El avance de la extrema derecha en esta historia no se presenta como un bloque monolítico, sino como una mezcla de oportunismo, discursos seductores y contradicciones internas. Quienes se presentan como guardianes de un supuesto orden moral revelan una violencia dirigida especialmente contra mujeres y minorías sexuales. La película deja claro que los movimientos de odio nunca han protegido a quienes dicen incluir en sus estrategias de comunicación, y plantea de forma sutil la necesidad de desmantelar esas falsas alianzas antes de que causen más daño. En ese contexto, la decisión de Andrius de infiltrarse en un grupo de extrema derecha surge como un acto desesperado pero también profundamente humano. No se siente preparado, tiene miedo, duda de sus propias capacidades y aun así avanza. Su metamorfosis emocional lo lleva a asumir una identidad que no le pertenece para poder desenmascarar a quienes sí usan el anonimato como arma. Resulta fácil empatizar con él incluso cuando sus decisiones parecen arriesgadas o confusas, porque cada paso que da está teñido por el amor que no supo defender en vida y que ahora intenta honrar desde la memoria.

La comunidad queer que lo rodea aporta momentos de calidez dentro del ambiente de amenaza constante. Personajes como Jonas, que acompaña a Andrius con una mezcla de paciencia y firmeza, evidencian que la solidaridad puede surgir en los lugares más inesperados. Esa complicidad se convierte en un contrapunto luminoso, una forma de recordar que las luchas individuales cobran sentido cuando se conectan con algo más amplio y más colectivo.

La narración profundiza en los matices de la identidad, el miedo y el deseo de justicia sin caer en exageraciones melodramáticas. El suspenso sirve para explorar cómo los seres humanos enfrentan situaciones extremas y a la vez pone en primer plano la importancia de no rendirse ante las estructuras opresivas. El relato deja ver distintos rostros de la experiencia queer en un país donde el rechazo social todavía pesa sobre muchos. Mostrar esos matices en un entorno tan hostil resulta en sí mismo un gesto político cargado de intención. El giro final, sorprendente y bien construido, demuestra la habilidad del director para mantener la atención sin sacrificar profundidad emocional. Cuando todo se revela, lo que permanece no es solo la intriga resuelta, sino una reflexión más amplia sobre la necesidad de confrontar el odio con valentía, incluso cuando esa valentía nace de la pérdida. La historia termina ofreciendo un mensaje poderoso: en ocasiones la verdad no trae consuelo, pero sí la posibilidad de recuperar la dignidad que el miedo había arrebatado.

Titulo: The activist 

Año: 2025

País: Lituania

Director: Romas Zabarauskas

 

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CARTELERA MARZO: