“Peludo y complicado”

Por Miguel Peirotti.

Amamos a los cineastas porque del cine vivimos y al cine amamos pero hay algunos petulantes cultores del terror con ínfulas de masters of horror que tomaron algunas lecciones visuales (o creían que lo hacían) viendo películas adscritas al género pertenecientes sobre todo a la década de los ochenta y por ello creen que portan la antorcha del conocimiento que los elevará al panteón. Pero no. Maestros del terror hay muchísimos y ellos son los que elevan el arte de asustar con armas nobles y los demás son papel carbónico sin vergüenza o sinvergüenzas con papel de calcar y ningún prurito. En la trigésima edición del festival de cine de Mar del Plata circula una película de estas. Claro que las huestes que gozan del horror (entre las que me incluyo) se apuraron a aplaudirla (no me incluí), a pesar de representar un escalón descendente en la historia audiovisual del miedo por su abusiva obcecación por construir la estructura narrativa de la película y el impacto de sus elementos dramáticos mediante un collage ni irónico ni posmoderno: simplemente hastiado ad nauseam de clichés y situaciones ya vistas infinidad de veces en tantas películas previas que dan ganas de llorarle a la luna. En definitiva, los adeptos al terror pueden llegar a ser una audiencia desdichada y empobrecida que saliva como perro pavloviano ante la menor señal de que están frente una película de miedo, una audiencia atenta a una aceptación rutinaria de su destino, calificando positivamente cualquier película de terror que exista simplemente… porque existe. Es un caso muy triste de defensa corportativa.

Pero no es de ninguna manera el caso de Teddy, no porque haya sido seleccionada en Cannes antes de pasar por Mar del Plata sino porque puede indicarnos que alguien tan remoto al género como Bruno Dumont podría ya estar regando las plantas de sus sucesores, y estar haciéndolo en el espacio que menos lo esperaba, aunque nadie sepa lo que espera Dumont. Boukherma, el director de Teddy, no es un pequeño Dumont ilustrado pero con este esfuerzo pareciera intentar la perpetuación de ese humor absurdo y pueblerino, inocente, de una efectividad intachable protagonizado por persona(je)s desesperadamente corrientes o normales (si algo como “normalidad” existiera), entre la maraña de sensaciones que despierta una película sobre la licantropía. Pero hay diferencias: los actores y actrices que Hollywood propone para sus películas de terror son como selfies tuneadas de Instagram mientras que los y las que habitan esta película de Boukherma responden más al realismo patético de una foto carnet. Son los que hay. Aplaudimos de pie este paso al costado de la tradición y el rebusque en la calle.

La analogía termina acá. Acaso Boukherma, como Dumont, siguiendo su propia tradición, sea digno heredero del pensamiento de John Lennon sobre las personas artificialmente hermosas: “La gente bella y escultural sólo existe en Hollywood y en la revista Playboy”. Algo así. Y cuánta razón tiene. No hay tetas ni culos en Teddy o sismos crepusculares del sexismo del terror. La cosa va por otro lado. La intención dramática de Boukherma divide esfuerzos entre escenas-shock esperables y raptos de humor redimibles. Qué redimen: la banalidad. Redimen la idiotez en la que ha caído el reciclaje. Así que, para facilitar la comprensión de esta aventura de colmillos afilados es imprescindible que rescatemos la hibridación que propuso John Landis en Un hombre lobo americano en Londres, ya que fue uno de los primeros en marcar con tiza y vísceras el camino de humor + horror del género en esos ochentas tan inspiradores y manoseados, para afirmar que Boukherma viene de allí también, de ese período añorado, pero que está visto que prefiere impregnar su impronta con algo más europeo y no con tanta grasada americana, en o fuera de Londres. Esta es la faceta central de su personalidad. Boukherma no tiene un estilo diferenciable todavía pero tiene personalidad. La necesaria para pararse y defender la vigencia que el continente en el que nació (el país, también, ya que de Francia salieron tipos como el maestro Jacques Tourneur o Alexandre Aja) mantiene en relación a las producciones fantásticas.

Lo que necesitamos los espectadores son más cineastas como Boukherma, dispuestos a equivocarse y a afrontar el ridículo si es necesario, a tirarse de cabeza a la parte honda de la pileta sin la pretensión de estar rodeado de un aura de magisterio, porque de ese modo todo el pomposo estamento de la contradictoria y falaz industria del cine de terror, erigida para llenarse de guita engañando a los neonatos que suceden a la generación anterior (y así sucesivamente), sucumbirá como un castillo de escarbadientes, y la caída arrastrará las carreras de quienes no mantengan viva la llama incandescente de los verdaderos masters of horror. (Ari Aster, hacete cargo). Esta es la llama que hay que mantener en calor, la de la lealtad a la calidad, no el fuego fatuo de la autopromoción de los idiotas.

Titulo: Teddy

Año: 2020

País: Francia

Director: Ludovic Boukherma y Zoran Boukherma

Si llegaste hasta acá…
Es porque entendés que el cine es un arte y no un mero entretenimiento, por eso valorás y apoyás que existan otras miradas. Podés apoyar a Revista Caligari adquiriendo alguna de nuestras suscripciones.
SUSCRIBIRME

SOLAX.TV + REVISTA CALIGARI

Suscribite por $200 los primeros tres meses.