“Replantearse la veracidad de la imagen”

Por Sebastián Francisco Maydana.

¿Cómo se rinde homenaje a un líder muerto en un país donde las religiones se pretenden expurgadas? El funeral que anuncia el título es el de Iósif Stalin, el jerarca que gobernó la Unión Soviética durante treinta años, antes de fallecer en 1953. El epíteto “de Estado” implica que, lejos de haber sido una manifestación popular masiva para mostrar respeto al líder caído, fue un acto organizado desde arriba por el Partido.

Funeral de Estado se compone exclusivamente de material de archivo filmado en marzo de 1953, tanto a color como en blanco y negro, proveniente de todas las provincias del territorio soviético. La intervención del realizador se reduce al mínimo: aparte del montaje, apenas añadió algunas placas que señalan el lugar donde fueron tomadas las imágenes y una frugal musicalización. No se agregó un comentario hablado, ni imágenes actuales, ni intertítulos explicativos o interpretativos. Esto último es dejado al espectador.

Entonces, ¿por qué decimos que es un documental, y no un documento? Y más importante, ¿por qué ahora? Si el material presentado era de difusión pública hace setenta años, ¿cuál sería el valor de mostrarlo hoy?

Una pista está en el juego permanente entre el material a color y el mucho más nítido en blanco y negro. La diferencia en el grano de la imagen produce un desconcierto en el espectador, dando la idea que las imágenes a color fueron tomadas en la realidad y los planos en blanco y negro grabados en estudio. Buscado o no, el efecto es de replantearse la veracidad de la imagen. No se trata de decidir qué es realidad y qué ficción sino del momento en que uno es obligado a admitir que todo es una enorme puesta en escena.

Sergei Loznitsa ha declarado en entrevistas que las imágenes no son de por sí propagandísticas. Las imágenes muestran lo real, la propaganda es lo que el Estado o el director hace con ese material. Loznitsa nos muestra (como la televisión comunista mostraba en 1953) imágenes de multitudes increíbles, planos generales de cantidades de gente ridículas para uno de los países con menor densidad poblacional del mundo, primeros planos de personas llorando y quitándose el sombrero en señal de respeto. La solemnidad de toda esta gente nos dice que hay ciertas voces autorizadas, las que suenan en la radio y los altoparlantes de las plazas, y las demás (la mayoría) no se deben escuchar.

Y un guiño, sutil, inconsciente quizás, como aquel que colocó el ferviente anti-federal Borges en su cuento El Sur, “El almacén, alguna vez, había sido punzó, pero los años habían mitigado para su bien ese color violento…”. Aquí Loznitsa, ferviente anti-comunista, elige para musicalizar la llegada de los contingentes extranjeros al funeral, el mismo Opus de Schubert que Herzog en Ecos de un imperio sombrío (1990) elige para la coronación de Jean-Bédel Bokassa, el dictador africano que comía carne humana.

Lo que hace Loznitsa es deconstruir minuciosamente, muchas veces mediante el recurso de la repetición, esas performances populares puestas en escena con fines propagandísticos. Es precisamente el paso del tiempo el que permite que esto se haga delicadamente, sin hacer propaganda pero en el sentido contrario. En este ingenioso equilibrio se manifiesta la habilidad del director para contar otras historias a partir de imágenes ajenas.

Titulo: State Funeral

Año: 2019

País: Países Bajos

Director: Sergei Loznitsa

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