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CALIGARI

Sica (2023), de Carla Subirana

“(De) construcción de una ausencia”

Por Lucía Roitbarg

Sica comienza con muchos planos del mar, un mar que se muestra hostil, aturdidor, inconstante. Quienes contemplan ese paisaje son las viudas y las hijas adolescentes de dos pescadores recientemente fallecidos en ese inmenso mar. Sica, nuestra protagonista, acaba de perder a su padre pero también su cuerpo que no retornó nunca a la orilla. Eso descompensa e intranquiliza a Sica, no así a su madre para quien lo más imperante es huir de ese pueblo en el que ella no es más que la viuda de. 

La directora Carla Subirana no puede formar un retrato de esa niña adolescente sin prestar constante atención a esas aguas que no devolvieron a su padre. Si esas aguas no están tranquilas ella tampoco lo estará.  Sica no para de moverse, el mar tampoco. Sica quiere saber más, pero en eso está sola, o mejor dicho, con ese mar que la seduce desde su inmensidad y hostilidad, y que hasta parece devolverle de a ratos la voz de su padre.

Cuando la película nos hace pensar que retratar la pérdida, la ausencia y la tristeza de perder a un ser querido es lo fundamental de la narración, en realidad está pasando otra cosa. Porque nada de lo que sucede en Sica es genérico. Se puede hablar de ausencia, pero es la ausencia de Sica, de tristeza, pero es la tristeza de Sica, y así  la directora construye ese retrato íntimo de una búsqueda que no es más que solitaria. Porque atravesar el dolor es un acto íntimo y personal, y Sica a pesar de su corta vida lo sabe o al menos lo aprende.

El relato  avanza gracias a Sica y sus preguntas: ¿por qué no lloras si lo amabas a papá? reclama Sica a su madre. Cuando un cuerpo aparece en la orilla ella entiende que finalmente llegó la hora de enterrar a su padre, pero rápidamente se da cuenta que ese cuerpo no era el de él. Y así es que no le queda otra opción que seguir haciendo preguntas. En el camino encontrará un aliado, un chico de su edad que se dedica a saber sobre el  comportamiento del mar y las tormentas, es decir, todo lo que atormenta a Sica, así que a la par irán develando algo de lo misterioso que esconde la  muerte de su padre.

En esta necesidad de esclarecer para poder hacer un duelo, la película permite con astucia dejar en evidencia que lo que más temor da son justamente las personas adultas, porque frente a la necesidad de verdades hay más ocultamiento e incluso secretos que determinan más que lo que en un comienzo se suponía. Sica puede decir, puede preguntar, puede accionar, puede sentir;sus posibilidades son infinitas. No así su madre, que sólo niega, o esconde o evita. No es una película que intente decir algo sobre el poder, pero sí sobre lo que implica asumir una responsabilidad para con uno mismo y con los demás.

Con simpleza la directora arma un relato que llena de bondades una edad que suele ser bastardeada, nombrada desde la infantilización hasta la estupidez por las personas adultas. Sica, presentada en la sección Generation de la Berlinale, se ríe y cuestiona dicha subestimación e incluso la revierte, porque nombra y construye una sensibilidad muy alejada del lugar común. 

Titulo: Sica

Año: 2023

País: España

Director: Carla Subirana