¿Pueden los cineastas vivir de su oficio? Una mirada a la charla de IDFA “¿Dónde están mis honorarios?”

En el marco de IDFA, una de las preguntas que resonó con más fuerza fue si los cineastas pueden realmente sobrevivir de su oficio, una inquietud que quedó en el centro de la sesión Where are my fees?, moderada por el realizador Jordi Wijnalda. Acompañado por la productora ucraniana Darya Bassel y el director-productor belga Kristof Bilsen, el debate se adentró en las condiciones laborales que predominan en el cine europeo, especialmente en el documental, donde la precariedad parece instalada desde hace años. Wijnalda abrió la discusión pidiendo a los asistentes que levantaran la mano si podían sostenerse únicamente a través del cine, un gesto sencillo que ya anticipó un panorama desalentador. Luego repasó cifras de un informe de 2019 que evidenciaban que gran parte de los autores europeos vive en inseguridad financiera y rara vez tiene margen para negociar contratos. Aunque los datos tienen varios años, el moderador aseguró que la realidad actual no solo no ha mejorado, sino que en ciertos ámbitos se ha vuelto más compleja, sobre todo cuando intervienen coproducciones con desequilibrios de poder.

Bassel retomó esa inquietud desde su propia trayectoria, marcada por la necesidad de combinar la producción cinematográfica con la programación y la gestión de un festival, un equilibrio que muchos profesionales deben asumir para no abandonar el sector. Insistió en que la transparencia es una de las herramientas más efectivas para evitar tensiones entre directores y productores, en particular cuando se trabaja con equipos nuevos o con cineastas que realizan su primer largometraje. Explicó que en su compañía han incorporado la práctica de revisar el presupuesto junto al director durante las primeras fases de desarrollo, lo que permite despejar dudas y construir confianza antes de que surjan malentendidos. En lugares como Ucrania, donde aún persiste cierta desconfianza hacia las figuras productoras debido a décadas de falta de financiamiento institucional y herencias de otros sistemas, esta claridad resulta indispensable para establecer un ambiente donde las decisiones económicas y creativas puedan discutirse en condiciones más igualitarias.

El belga Bilsen coincidió en que hablar de contratos, porcentajes y obligaciones suele ser incómodo, pero también inevitable si se busca un sector más justo y profesionalizado. Relató que en su primera película él mismo pospuso la firma de un contrato hasta etapas muy avanzadas, algo que con el tiempo entendió como un error que reflejaba dinámicas profundamente arraigadas: la idea de que los productores “hacen que las cosas sucedan” y los directores son quienes “ponen la visión”, como si ambos roles no formaran parte de un mismo proceso creativo y administrativo. Abogó por derribar ese binarismo, asumir responsabilidades compartidas y mantener un diálogo continuo que vaya más allá de las formalidades. Al cierre de la charla, tanto él como Wijnalda destacaron que la industria podría fortalecerse si hubiera más apertura respecto a presupuestos, porcentajes y criterios de remuneración. No se trata de divulgar cifras exactas, coincidieron, sino de fomentar conversaciones que permitan valorar mejor el trabajo propio y el ajeno, y que den lugar a una comunidad más cohesionada frente a los desafíos económicos que la atraviesan.

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CARTELERA MARZO: