Proteger nuestro cine.

Tu cine.

El cine de todos y de todas

Por Andrea Testa

Son días en los que se intuye un sentir colectivo que se ansiaba. En diferentes frentes se está llegando a un límite de la tolerancia, de la quietud, del silencio. Es maravilloso cuando esa fuerza conjunta se junta y lo que parecía aislado, lógicamente, encuentra otro lugar. El lugar para comprender todas las capas de este conflicto.

Parece un mantra lo que convertimos en hashtag: defiendo cine independiente.

 

Es que esta lucha, porque no me canso de nombrarla así, es constante. Se repite, aunque cambien los nombres, aunque cambien los tiempos. Es la lucha de resistir en la tensión entre la cultura y el mercado, porque siempre estamos enfrentándonos para que uno no se devore a la otra. 

 

El lunes se está convocando a una movilización, un encuentro presencial (¡sí! en presencia) en las puertas del INCAA para decir muchas cosas como una forma de poner un límite y bloquear que sigan destruyendo el horizonte al que aspiramos. Porque nuestras propuestas, nuestras ideas, nuestros sueños para que el cine independiente siga existiendo son nuestro horizonte. Y hacia allí vamos.

 

Quienes están al mando de las políticas públicas audiovisuales y cinematográficas no están demostrando interés en proteger la diversidad del cine independiente, el que existe y el que podría existir si las reglas del juego fueran menos excluyentes. 

 

Este año, es el año que pensábamos que teníamos lejos. El año del vencimiento de los impuestos de asignación específica que conforman el Fondo de Fomento Cinematográfico, como también otros Fondos de otras entidades culturales. Están en juego 700 mil puestos de trabajo de toda la Cultura. Está en riesgo nuestra Soberanía Cultural, la posibilidad de crear, producir, expresar, mostrar el arte desde una independencia de los capitales privados, de las corporaciones. 

 

Nuestra Ley de Cine dice que tiene como objetivo el fomento a la cinematografía nacional. Quizás, quienes la redactaron, no pensaron que ese singular universal abraza justamente a la diversidad. Este ejercicio debemos hacer, expandir la idea de qué películas son el cine nacional porque no son solamente las diez más vistas, en cines o en plataformas. La cinematografía nacional que la Ley de Cine debe fomentar, es toda la producida en nuestros territorios. Son todas las cinematografías. Y aquí está la tensión de siempre. En qué punto nos paramos, cuál es nuestro límite en esa ampliación de derechos. Para mí y para mis compañeres, no hay límite. Hay lucha.

 

Luis Puenzo subestimó y ninguneó las decenas de propuestas que se han presentado en sus más de dos años de gestión. Fueron muchas que no solamente contemplaban nuevas formas para armar un Plan de Fomento, también hubo propuestas sobre exhibición, presupuestos para establecer el costo medio, propuestas que tiendan a equiparar las desigualdades de género, demandas referidas a la Cinemateca, y un etcétera largo y fluido. 

 

Hace pocos días, el borrador del Decreto que fija los topes de subsidios, comenzó a circular entre las asociaciones de cine. Entrar en tecnicismos posiblemente aleje, pero lo importante es que dentro de este Decreto (que históricamente sólo se adecuaba a fijar los topes de los subsidios) se establecieron reglamentaciones para incidir en el Plan de Fomento volviendo más excluyente la participación y disminuyendo los porcentajes de participación de los fondos públicos en los presupuestos. Esto quiere decir, que la voluntad de esta gestión es que el cine que puede producirse en la Argentina sea el cine que cuente con capitales privados. Y cuando decimos capitales privados, no estamos hablando de algunos ahorros que podamos conseguir, sino de cajas por millones y millones de pesos, sumas que sólo pueden garantizar empresas ligadas a las plataformas y/o a los canales privados de televisión.

 

Nada nuevo, ¿no?

 

El fomento del Estado abriendo aún más las puertas al mercado. 

 

Estas medidas ahogan a la producción del cine independiente, que es el que más se realiza en nuestro país. Son las películas que tenemos cerca, las que son posibles. Las que vemos en los Espacios INCAA, las que debatimos en los festivales, en bibliotecas populares, en las escuelas. Las películas que encontramos en libros, estudios, análisis. Las que nos gustarían hacer o con las que nos peleamos con indignación.  

 

Desde que el cine entró en mi vida, me ha revolucionado. Para mí es la forma de habitar este mundo, de conocer, de escarbar, de poner luz sobre historias y sobre personas. Detener un momento la vorágine de nuestras vidas para volver a ellas más sensibles, desde otro lugar. 

 

Estudié cine en una escuela pública, que se sostiene con el Fondo de Fomento Cinematográfico. Pude realizar tres películas con el apoyo del Estado. Conformamos una productora de cine también con el fomento, que es el fomento a la Industria. Disfruto cuando puedo ir a una sala de cine a ver estrenos de colegas y disfruto de ir a una sala de cine a ver algún ciclo de películas que no conozco. La lista de esas películas es inmensa y nunca deja de crecer, es alucinante. Inabarcable también, porque es crecimiento, expansión. 

 

Eso es lo que buscan detener. La marea de nuevas miradas que disputan sentidos a este mundo. Un mundo que es hostil, lleno de injusticias. Y allí, el arte, el cine puede hacer lo suyo. 

Es momento de protegerlo⚫

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