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Invention – MALBA Cine
Crítica
Crítica
Yes, Nadav Lapid

Plata o mierda (2026), de Toia Bonino y Marcos Joubert

"El tiempo no se organiza en función de giros narrativos, sino que se percibe como una materia espesa que se repite, se estira y se desgasta."

La única fuga

El tiempo no se organiza en función de giros narrativos, sino que se percibe como una materia espesa que se repite, se estira y se desgasta. La experiencia del encierro encuentra en ese procedimiento una forma precisa: no hay progresión, hay permanencia. Y en esa permanencia, una cámara precaria, sostenida por quien habita ese mundo, deja de registrar para empezar a existir dentro de él.

El uso de un celular clandestino no es solo un recurso técnico, sino el núcleo conceptual del film. La imagen es inestable, a veces borrosa, muchas veces incompleta, pero esa fragilidad no se corrige: se asume como parte de una verdad imposible de estilizar. Lo que queda fuera de cuadro, lo que apenas se escucha, lo que se intuye, termina siendo tan importante como lo visible. Así, el fuera de campo no funciona como ausencia, sino como expansión del espacio carcelario. El vínculo entre quien filma y quien organiza el material desde afuera introduce una tensión constante. No se trata de una relación armónica: hay dudas, resistencias, momentos en los que la filmación parece una carga más dentro de una rutina ya asfixiante. Sin embargo, también aparece cierta complicidad, una forma de intercambio que convierte al registro en algo más que un simple documento. Esa ambigüedad sostiene buena parte del interés del relato.

En paralelo, se despliega la vida cotidiana: gestos mínimos, rutinas compartidas, instantes de ocio o de angustia. Nada se subraya, pero todo pesa. La imposibilidad de sostener vínculos afectivos, la distancia con el afuera y la sensación de que el tiempo no conduce a ningún lugar configuran un estado emocional persistente. A medida que avanza, también se percibe una transformación en la mirada. Lo que comienza como un registro urgente y casi automático se vuelve más consciente, más atento a la composición, a la luz, a la duración de los planos. Esa evolución convive, de manera paradójica, con un deterioro anímico cada vez más marcado.

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