No hay regreso a casa (2021), de Yaela Gottlieb

“Varias líneas de un mapa”

Por Sabrina Palazzani.

¿Mi papá es un espía? ¿Mi papá es antisemita? Yaela Gottileb se hace estas preguntas mientras navega por Google Maps y sigue en la pantalla de su computadora la trayectoria de su padre, que en la década del 50 partió de Rumania y buscó refugio en Israel, en cuyo ejército delimitó su campo ideológico. 

En este documental de reconstrucción, la directora cuenta el pasado de su padre a kilómetros de distancia, él en Lima, ella en Buenos Aires. Para sortear, explicar o representar sus respectivas ubicaciones, Yaela muestra el entramado digital que la conecta con Robert: videollamadas, Facebook, un blog de memorias. La figura del padre funciona así como un prisma mediante el cual se perciben, por indicios a veces pequeños y a veces muy notorios, algunas nociones centrales para trazar su identidad, sus ideas, su juventud.

Una sólida progresión narrativa refleja las incertidumbres a través del ejercicio de la pregunta, de la sistematización del cuestionario. Yaela toma apuntes, dibuja, recorta y con lúcida interpretación formula un collage de inquietudes dirigidas hacia ella misma y luego, finalmente, a su padre.

Este esqueleto de interrogatorios y discusiones sobre la guerra y el conflicto entre Israel y Palestina no arrasa con la ternura que es, en definitiva, lo que conecta a los protagonistas de este documental. No hay regreso a casa (2021), con su montaje de pestañas acumuladas en un buscador, ofrece escenas de lo cotidiano que dibujan los vaivenes que persisten a lo largo del tiempo entre esta hija y su padre. Los posicionamientos ideológicos y morales de ambos son en su mayoría un juego perfecto de opuestos. Ese es, si se quiere, el conflicto, y las estrategias visuales de conexión y desconexión, de intermitencias en el universo virtual, pueblan sus largos y rítmicos intercambios. 

Sin nunca perder la genuina curiosidad por destrabar el misterio de lo que no se vivió y solo puede conocerse juntando fragmentos, este relato se dibuja un camino más o menos transitable entre una selva diversa de información y los vacíos que la misma historia presenta. La intención parece darle forma a algo caótico y caprichoso. Gottileb demarca esa zona con una puesta en escena que se introduce en la naturaleza misma de la dinámica familiar, a partir de elementos comunes o reconocibles que aportan una proximidad en este universo hecho de desarraigo y mapas incomprensibles.

La directora, además de googlear y conversar con Robert por Skype, busca trabajo en Argentina. La idea es instalarse. Este desplazamiento (estar en un país, luego en otro) trafica melancólicas imágenes entre Yaela y su padre, quien se define con verdadero orgullo como un sionista. ¿Por qué pensás que te grabo tanto?, pregunta ella. En esos minutos finales de la película se cierra un círculo que tiene algo centrífugo y atractivo. La intriga de la realizadora se vuelve didáctica, participativa. No hay regreso a casa sigue las pistas que va dejando de manera inteligente un personaje que refracta un momento de la historia y el presente en varias direcciones.

Titulo: No hay regreso a casa

Año: 2021

País: Perú

Director: Yaela Gottlieb

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