Minga (2019), de Malala Lekander

“Casa rodante”

Por Ian Quintana.

Minga nos introduce en el universo que va a explorar desde los primeros minutos. Una cámara fija observa un terreno árido donde hombres y máquinas trabajan con esfuerzo para un único objetivo: mover la estructura completa de una casa  y trasladarla de lugar. En las viñetas que se verán a continuación, que no serán más que la descripción detallada de ese duro trabajo, se genera un discurso sobre la pertenencia y los espacios que habitamos.

En épocas de confinamiento, donde cada persona habitó su hogar de una nueva manera, la propuesta de Malala Lakender se torna sumamente interesante. ¿Cómo será mudar toda la estructura de nuestra casa, cambiar de un día para otro el paisaje que se observa desde la ventana, manteniendo intacto su interior? Esta práctica es común en el sur del país, en la ciudad de Río Grande, y  forma parte de la tradición familiar de Rubén Saenz, protagonista del film. Su tarea, que practica en solitario, hace pensar en la cultura nómade y en la posibilidad de movimiento frente al sedentarismo y la quietud  de las grandes urbes.

Pero la película de Lakender no se centra en el hombre, sino en su entorno. En los paisajes que observamos se percibe la precariedad del lugar. Los espesos terrenos y estrechos caminos, sumado al barro que invade las casas y las máquinas, permiten observar las condiciones de vida, así como las dificultades de ese trabajo y los riesgos que conlleva.

El relato se potencia debido a la fuerte impronta visual y al realismo con que es tratado cada cuadro. El estatismo de la cámara, la paciencia y naturalidad con la que se observa el trabajo genera un ambiente onírico, hipnótico por momentos. La ausencia de diálogos o explicación alguna sobre lo que observamos genera extrañeza, pero lejos de distanciarnos del relato lo hace más atractivo. Todo ayuda a transmitir esa atmósfera pesada y grave, producto de asistir al movimiento de esas grandes estructuras que se mueven por las calles de forma tan natural.

El tiempo que observamos las escenas es real, un flujo continuo que nos sumerge en la situación y nos lleva a pensar en las personas que habitaron esos hogares, en las historias que se han construido y las que vendrán a futuro. Pero también en los motivos de ese movimiento. ¿Por qué se decide realizar esa extraña mudanza? ¿Qué sucede en el terreno que se abandona y qué hay de atractivo en el lugar al que se llega? ¿Serán las mismas personas las que habitarán ese hogar? Muchas preguntas se abren en el relato de Malala Lakender, pero pocas quedan con respuesta. Cada imagen se encarga de mantener en vilo el misterio para que el público de la obra pueda repensar su lugar en el mundo y la influencia que tiene sobre cada persona el entorno y el hogar que han elegido para habitar.

Titulo: Minga

Año: 2019

País: Argentina

Director: Malala Lakender

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