“Dar voz e imagen, es decir, vida, a los documentos”

Por Sebastián Francisco Maydana.

“Eso es todo lo que se”, dice la abuela Svetlana respecto de una foto de un tal Dorian, justo después de revelar como si nada que el muchacho fue amante de su madre durante la segunda guerra mundial y un doble espía ruso/francés. Diez años después, dos tras la muerte de Svetlana, sus hijos Vladimir y Pierre se deciden a abrir el arcón de los recuerdos de su madre, una gran y literal valija repleta de cartas, fotos y documentos que los hermanos conservaron pero nunca revisaron.

Uno de los desafíos del documental en primera persona es encontrar dentro de la propia historia de vida aquella narrativa que pueda ser relevante y movilizante para un espectador en tercera persona. Vladimir Léon creyó encontrarla en la trama de espías que fue reconstruyendo parcialmente a partir de comentarios de su familia. Se dedica entonces a desenredar su periplo desde que huyeron de Rusia hacia Francia, para ser deportados en 1948 acusados de espionaje pro-soviético, y finalmente repatriados. Una historia compleja que narra apelando a una serie de dispositivos propios del género de espías, desde el tono del relato en off hasta la música.

El problema es que el glamour y el misterio de las películas de espionaje se pierden muy rápidamente, y lo que se termina por descubrir es la triste historia de una familia de refugiados deportada durante la cumbre del macartismo. Pierre y Vladimir comienzan entonces a circular por archivos, instituciones y hogares de viejos vecinos que llegaron a conocer a sus familiares y quizás posean los datos precisos para confirmar su teoría. Más allá de estos esquivos trazos de la historia, sólo cuentan con las cartas manuscritas de su madre, recopiladas y conservadas con un celo muy alejado del “quémese después de leerse” al que nos acostumbraron las ficciones de espías.

Los dos hermanos debaten acaloradamente (por la pasión y por el vodka) alrededor de la mesa la cuestión de si sus antepasados eran efectivamente espías o no. Los rusos lo niegan. Los franceses están convencidos de que eran infiltrados comunistas ¿Cómo seguir? Lo que para los hermanos Léon es un cuello de botella, para el espectador es la oportunidad de dar un paso atrás, de apreciar los distintos escenarios que su búsqueda habilitó. Museos perdidos en pueblitos de la Rusia profunda, asociaciones de jóvenes (hoy octogenarios) pioneros de la Unión Soviética, oficinas administrativas y archivos, muchos archivos. Ese trabajo, el del archivista, el de dar voz e imagen, es decir, vida, a los documentos que están guardados hace décadas y centurias, es el aporte involuntario de los hermanos Léon.

Argentina tiene una tradición especialmente nutrida de documentales y documentalistas en primera persona. Es posible que este hecho nos haga particularmente exigentes, pero también nos prepara para ver más allá de la propaganda anti rusa, de la falsa denuncia de las purgas estalinistas por parte de una familia que en los hechos fue obligada a emigrar por aquellos europeos a quienes pretende defender.

Titulo: Mes chers espions

Año: 2020

País: Francia

Director: Vladimir Léon

 
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