Luminum (2022), de Maximiliano Schonfeld

“La devoción de buscar imágenes”

Por Candelaria Carreño

 

Victoria, la ciudad donde transcurre Luminum es conocida como la capital nacional del OVNI. Allí se encuentra el Museo del Ovni, que funciona gracias al trabajo de Silvia y Andrea Pérez Simondini, un amplio garage donde conviven bibliotecas con libros sobre el espacio, desechos de naves extraterrestres, registros de mutilaciones animales, y demás investigaciones relacionadas con la ufología, recopiladas por las dos mujeres durante años, en una zona donde se han registrado reiteradas manifestaciones de luces extrañas e inexplicables. 

¿Cuántas similitudes puede haber entre filmar una película y observar, durante horas, el cielo entrerriano en busca de algún avistaje extraterrestre? Puede que ninguna. Sin embargo, el hecho de mirar insistentemente, tratando de encontrar algo relacionado con ese más allá que es ajeno, el acercamiento real con aquello que se desconoce, y que busca tomar para representar e intentar comprender, pueden ser algunas coincidencias. La devoción con que Silvia y Andrea investigan y observan el cielo, comparte, en cierta manera, la obsesión de quienes se dedican a mirar y registrar imágenes, o pensar a través de ellas.

El universo cinematográfico de Maximilano Schonfeld – y la presencia de Selva Almada en la idea, dupla de guión y dirección que dio forma a la ígnea Jesús López, una de las películas más interesantes del último año– se hace presente nuevamente: una historia del interior de Entre Ríos, donde pueden coexistir el Museo del Ovni y la madre e hija que lo dirigen, junto a la historia de dos extraterrestres que toman forma humana, realizando viajes interplanetarios. La coexistencia de estas coordenadas de posibilidades no resulta, sin embargo, un extraño pastiche inconexo, sino que más bien explora con respeto el mundo de quienes son parte de la historia. 

Es que Luminum no busca la indicialidad del esto ha sido, aquel poema barthesiano de la fotografía (aunque un poco aflora lo espectral del hecho cinematográfico). Ni Silvia ni Andrea se paran desde la determinación del creyente que quiere convencer al otro: las pruebas científicas les sobran, y prefieren más bien indagar en preguntas y afirmar las conjeturas comprobadas por sus investigaciones. Si al inicio del film, la representación formal encuentra un tanto dudosa la posibilidad de pensar esa vida extraterrestre, hacia el final comienza a tomar una posición más fidedigna con el tema que elige. La escena en que, a través de un primerísimo primer plano la cámara persigue una pequeña luz que recorre intensa y frenética el cielo y donde solo se escucha una respiración agitada, rompe con el registro anterior, donde los avistamientos son, en su mayoría, filmados a través de la visión de Silvia o Andrea, utilizando incluso el material de archivo de su acervo. La composición sonora, definida anteriormente por música con uso y abuso del theremin, pero también por las conversaciones que ambas mantienen durante los momentos en que observan el cielo, hasta que invade la imponente sinfonía nocturna de los aplastantes cielos de la llanura entrerriana, también se rompe. La película se mueve en un terreno donde ficción y observación de lo real se complementan, entrando en las categorías de indefinición de un género determinado. Si bien es una característica bastante común del cine contemporáneo, resulta poco habitual encontrar un tratamiento formal novedoso que sea capaz de devolver una especie de refugio cálido durante el visionado. Luminum, más bien, es un extraño objeto fílmico que resulta una oda al encuentro, un retrato plasmado de la gestualidad de filmar con paciencia y amor a las protagonistas, donde conviven encuentros interplanetarios cargados de la candidez de lo humano, sin dejar de indagar en la representación y todo aquello que la imagen genera. En un mundo roto, cada vez más desconfigurado de todo lazo y sentido, encontrarse con estos objetos fílmicos recuerda un poco algo de lo primigenio: la devoción de buscar imágenes –como Silvia y Andrea, vigías, centinelas del cielo–, los rituales del encuentro en esa búsqueda, la fe de quienes observan y esperan. El arte como acto de fe: el mismo que nos lleva a mirar, una y otra vez, películas para seguir intentando, para creer en algo –aunque no tengamos muy en claro qué– más allá de las luces que la pantalla proyecta.

Titulo: Luminum

Año: 2022

País: Argentina

Director: Maximiliano Schonfeld

 
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