“El sueño del mar dormido”

Por Belén Paladino.

En mapas antiguos los monstros marinos asechan y amenazan la tierra desde hace siglos. El arrullo del mar se vuelve rugido. La marea influye en el estado de ánimo y la voluntad de los habitantes de una pequeña aldea de Galicia. El mar se vuelve centro, fuerza abrazadora que determina la vida y la muerte de los hombres. Ahora, y desde hace siglos. Lúa Vermella, la nueva película de Louis Patiño, se sumerge en el imaginario fantástico gallego, en un diálogo entre mito y paisaje.

El rubio, un habitante de la aldea, no ha regresado de su última excursión aguas adentro. Justamente él, que ha encontrado tantos cuerpos en el mar y los ha llevado a tierra. Haciendo que sea posible despedirse de los muertos. Ahora es su propio cuerpo el que hay que recuperar. Los habitantes parecen haber quedado suspendidos, paralizados por el terror, casi en susurros y sin que la voz salga por sus labios -la voz solo está en sus pensamientos- maldicen al mar, realizan conjuros y rezan. La naturaleza parece complotar contra el hombre: las piedras que aparecen en la costa, la fuerza de las aguas, la luna roja. El hombre se vuelve pequeño y temeroso del paisaje. Patiño construye esa tensión a través de aspectos visuales y decisiones estéticas, planos generales donde los hombres parecen demasiado pequeños; lo estático, para dar cuenta de la suspensión de los personajes, solo es interrumpido por delicados movimientos de cámara donde lo que parece moverse es la naturaleza, una fuerza latente y silenciosa. Mientras la naturaleza es continua transformación los hombres han quedado suspendidos, dolientes y sin futuro. Peor aún condenados a un futuro que los obliga a repetir los mismos gestos durante siglos.

Tres meigas- brujas gallegas- llegarán misteriosamente a la aldea, nadie las ha llamado. Serán las únicas capaces de desplazarse, de accionar, de comunicarse con el mar y la luna. De enfrentar al monstruo, de evocar fantasmas y apariciones. Patiño a través de estas figuras revindica lo femenino, su sensibilidad y su fuerza para enfrentar adversidades; la sabiduría popular, sus creencias y ritos; la sensibilidad profundamente vinculada al paisaje. Una forma de estar en el mundo, de vincularse con la vida e interpretar a la muerte.

Lúa Vermella es una experiencia sensorial y estética. Lo que la vuelve única es su misterio, su silencio, sus pausas. Su gran potencia es el misterio, lo que ocurre en las profundidades, lo que no tiene explicación para los hombres. Misterio que por un momento tambalea al develar algo de lo que tal vez debería permanecer oculto. Patiño inaugura un nuevo tiempo, el tiempo del mito, del paisaje, donde el mar sueña y devora hombres y la luna tiñe paulatinamente la aldea de rojo.

Titulo: Lúa vermella

Año: 2020

País: Argentina

Director: Lois Patiño

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