“Tormenta de excesos

Por Laura Santos

Llueve sobre Babel no es solo una película: es una invocación, una tormenta de excesos donde el artificio y el deseo se confunden hasta volverse indistinguibles. La ópera prima de Gala del Sol —una directora hispano-colombiana que hace del caos su estética y de la exuberancia su credo— se levanta como un himno camp al espíritu queer latinoamericano. Desde su primer destello, el filme se entrega a la contradicción: es un espectáculo delirante sobre la muerte, pero rebosa vida; un retrato del purgatorio que arde en neón; una comedia de los márgenes que se toma tan en serio su desparpajo que alcanza, por momentos, lo sublime.

Nacida durante el encierro pandémico, la película surgió como un experimento de resistencia creativa, una catarsis colectiva transformada en ficción apocalíptica. El encierro, la soledad y la virtualidad se reciclan aquí como materia poética, destiladas en un mosaico de personajes que buscan prolongar sus días a fuerza de pactos imposibles. En el centro de todo está Babel, el club infernal donde la Muerte —reencarnada como una diva afro de mirada incandescente— juega a los dados con las almas perdidas. No hay aquí redención ni castigo eterno, solo una especie de carnaval donde las reglas morales del mundo se disuelven bajo luces estroboscópicas y ritmos de salsa-punk. La vida después de la vida, parece sugerir Del Sol, es una fiesta que no termina nunca, aunque el cuerpo ya no baile. Inspirada de forma difusa en La Divina Comedia, la película subvierte la idea de descenso al infierno: en vez de un viaje de penitencia, propone un recorrido hedonista hacia la autocomprensión. Dante, el exsoldado atrapado entre mundos, es apenas una de las muchas figuras que orbitan este universo, pero en él se condensa la pregunta esencial: ¿cuánto de lo que somos está hecho de deseo y cuánto de culpa? A su alrededor, poetas muertos, cantineros alquimistas, drag queens angelicales y madres desesperadas trazan una constelación de almas que, en su diversidad, componen un retrato colectivo de la marginalidad como forma de resistencia.

El filme no busca la coherencia narrativa sino la intensidad emocional. Cada secuencia parece improvisada por el mismo frenesí que impulsa a sus personajes: el de sobrevivir bailando. La estética “punk tropical retrofuturista” que proclama Del Sol funciona como manifiesto visual de un cine que celebra el artificio: vestuarios imposibles, criaturas parlantes, cuerpos que se transforman, música que lo abarca todo, desde la cumbia hasta el garage rock. En este sentido, Llueve sobre Babel es menos una película que un collage vivo, un conjuro visual que reclama la exuberancia como forma de verdad. Debajo del exceso late, sin embargo, una melancolía profunda. La directora entiende que el brillo no niega el dolor, sino que lo traduce en espectáculo. En su universo, el goce no es evasión sino resistencia; el color, una manera de conjurar la violencia. Frente a un mundo que exige pureza o redención, Del Sol responde con un grito coral de impureza gozosa. 

Titulo: Llueve sobre Babel

Año: 2025

País: Colombia

Director: Gala del Sol

 

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