“Aquelarres del cine material”

Por Miguel Peirotti.

En los cortos de terror experimental que hace Paulo Pécora predomina una prospección fílmica producto de su práctica consuetudinaria con los formatos materiales del cine, sobre todo el Super8mm, y esta es la raíz de la inquietud formal que suscitan, entreverando fantasmas y nebulosas del arco cromático que va del gris al negro. Las brujas se filmó LITERALMENTE: fue rodada con una cámara Bolex de 16mm cuya especificidad temporal (la cuerda permite tomas de hasta treinta segundos) sujetó la temporalidad narrativa a un corsé que Pécora y su equipo resolvieron convertir en una ventaja otorgada por Cronos. “Está todo pensado en función de esa limitación”, nos dijo el director. Así las cosas, así como no hay plano-secuencias tampoco existe un desaprovechamiento de esos treinta segundos porque la duración de las tomas fue contabilizada para no tirar celuloide a la papelera de reciclaje. La extensión casi simétrica de cada toma permite un acercamiento al suspenso desde la modulación estricta de un reloj, lo que también contribuye al acercamiento de la ensoñación onírica que teje el velo atmosférico que impregna la imagen de Las sombras. Lo estricto deviene en libertad de movimiento cuando se tienen las cosas claras y es sabido que los límites son fronteras expugnables cuando se procede con creatividad.

Las sombras es, entonces, otra intrusión de Pécora al campo del fílmico, mas secundado por la vía prestidigitadora de la manipulación digital inevitable de los mecanismos de la posproducción actual. Pero es un trabajo fílmico en su raíz y en su totalidad. Las sombras es a su modo un collage de superficies intangibles que culmina en un trabajo mudo pero sonoro, blanquinegro y fantasmal, que sabe conjurar sus desperfectos formales (“imperfecciones propias del uso de la cámara”, Pécora dixit) con la sapiencia de un nigromante que revuelve una olla inmensa hasta el borde de un potaje de ficción con aderezos químicos de la química del cine pre-digital que pueden resultar más sabrosos de lo que son para los amantes del cine y todavía más para los amantes del cine de género en blanco y negro y aún más para los amantes del cine de género en blanco y negro que prescinde de las palabras y otros elementos serviles al acomodamiento del confort a la medida de cada espectador, que no es lo más recomendable para empezar a hablar de cine, ontología e imágenes incineradoras.

Pécora sabe más por Diablo fílmico que por viejo cinéfilo aunque a la postre sabe por las dos cosas. En este corto altera el sonido hacia un irrealismo mágico (a no asustarse: “mágico” por portar magia, no fantasía literaria latinoamericanista rancia) que compite a las brazadas con los clásicos del cine silente terrorífico más radicales del período inmediatamente pre-parlante o del apenas parlante (últimos veintes, tempranos treintas), como el clásico Vampyr de Dreyer. No estoy comparando a Pécora con Dreyer porque aquél no incide en su caligrafía con los juegos del encuadre ni utiliza las superposiciones ingrávidas de éste, aunque no veo por qué no puedan compararse, ya que, después de todo, las herencias que metaboliza Pécora – un crítico de cine exhaustivo y un buceador historicista de la materia fílmica y de la inmaterialidad de las sombras en movimiento del cine– no riñen con algunas de las enseñanzas empíricas del maestro danés; involuntaria o voluntariamente (acá no importa este detalle porque el resultado es el mismo), Pécora se las apropia y las emplea con subordinación y humildad y resultados convincentes. Para suscitar miedo, una imagen virada al negativo vale más que mil palabras escritas en un guion. Es posible que hasta los recalcitrantes del cine de horror y suspenso puedan ver con satisfacción esta historia de brujería y alquimia con cuatro mujeres empoderadas por la tradición del género más ancestral que existe desde que los hermanos Lumière decidieron crear la función de cine pública en 1896: el terror.

Titulo: Las sombras

Año: 2020

País: Argentina

Director: Paulo Pécora

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