“Las penas de crecer”

Por Lucila Da Col

El retrato familiar se conjuga con el registro documental y una gran banda sonora para dar cuenta de los avatares de un padre inmaduro y sus tres hijes en plenos años ‘90s, donde la pizza con champagne y el neoliberalismo descarado hacían mella por nuestras latitudes. Las buenas intenciones de Ana García Blaya nos convoca a una celebración a esa relación con un padre poco formal que lleva adelante el vínculo con sus descendientes y ex mujer como puede y como le sale. Y allí lo autobiográfico se fusiona con lo ficcional para imprimir la pantalla de forma singular y acabada. 

Amanda, una niña sobreadaptada que asume el rol de adulto en el hogar paterno se pone al hombro resonsabilidades varias sobre la vida de sus hermanes y la propia. Una hermana mayor que adora a su padre, a pesar de sus dificultades emocionales. Gustavo, este padre rockero y liberal, que intercala su trabajo en la disquería con el cuidado de sus hijes y sus amoríos eventuales. 

Este mundo de padre e hijes se conforma como tal gracias a los despliegues actorales de sus protagonistas. Por un lado, Javier Drolas interpreta a este padre adolescente, torpe y despreocupado por las finanzas familiares. Una canchereada tras otra se conjugan con una sensibilidad tan bella que resaltan su rol. A su vez, Amanda, la mayor de las hijas, es encarnada por Amanda Minujin quien resalta por su madurez y conexión afectiva. 

Con toda la nostalgia que nos recuerda a aquellos años en donde imperaban el VHS, los CDs, los mix-tape con canciones grabadas en cassettes y el videoclip, Las buenas intenciones halla su estética noventosa no solo en su puesta en escena y diseño de arte sino también en su coloratura fílmica. Este logro se combina con registros caseros en VHS que se intercalan de manera irregular a lo largo del filme, como una suerte de fuera de campo que irrumpe la ficción para conectarnos con los componentes reales del relato. 

Como ocurriera en Alta fidelidad (High fidelity, 2000) de Nick Hornby y en Amor en fuga (L’Amour en fuit, 1979) de Francois Truffaut, la disqueria de Gustavo se torna en el espacio de referencias musicales y esparcimiento emocional recubiertos por ese halo retro que nos recuerdan  a un tiempo pasado, no muy lejano en fechas, pero si en experiencias. Es así que la banda sonora es otra gran protagonista del filme donde se rescata a la banda Sorry de Javier Blaya (padre de la realizadora) y Pablo Fischerman. 

Las buenas intenciones logra un desarrollo de dimensiones emocionales que atraviesan el relato desde el primero hasta el último minuto de metraje. Porque las buenas intenciones, al fin y al cabo, se perciben viceralmente así como el cariño y el recuerdo eterno en un homenaje que habita la pantalla y lo comparte en una fiesta musical y audiovisual⚫

Titulo: Las buenas intenciones

Año: 2019

País: Argentina

Director: Ana Garcia Blaya

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