La sangre en el ojo (2020), de Toia Bonino

“Confesiones liberadas”

Por Ian Quintana.

En la cultura popular se dice que quedarse con la sangre en el ojo es guardar resentimiento hacia alguien, conservar un rencor oculto, alimentar un dolor con apetito de venganza. La frase grafica bastante bien el sentimiento. Un ojo cargado de sangre, con una presión interna que desea explotar, una visión que ha quedado ciega debido a una íntima herida abierta.

La película de Toia Bonino, La sangre en el ojo (2020), decide contar ese sentimiento a partir de la historia de Leo, que ha pasado 14 años de su vida en la cárcel y ahora, ya en libertad, sueña con vengar la muerte de su hermano prometiendo el sufrimiento y el asesinato de un colega traidor a quien responsabiliza del hecho. Leo nos contará con lujo de detalles todo lo que ha vivido y ese rencor furioso que guarda adentro mientras lo vemos pasar un día, bastante relajado, en una pileta. Leo nunca hablará a cámara, sólo escucharemos su voz, cual si fuera una confesión sin temores ni reparos, pensamientos volando en una intimidad cargada de furia.

A partir del relato de Leo conocemos cómo ha llegado a su condena de 14 años y algo de la vida y muerte de su hermano Ale, pero la narración de Toia Bonino nos propone también un retrato de las condiciones de vida, los códigos y los afectos que se mantienen en las cárceles, así como el mundo de la delincuencia desde un lugar introspectivo y familiar. Esa intimidad se construye a partir de la variedad de registros y texturas de la imagen. Toia Bonino presenta escenas con un registro fotográfico muy bello y profesional, que transmiten la serenidad de Leo al estar fuera de la cárcel, pero también nos muestra el interior de la instituciones carcelarias, grabado todo con celulares, en formato vertical, por los mismos presidiarios; o entrevistas a la hija de Leo en igual formato, confesando la falta de cariño y afecto entre ella y su padre. Esa diversidad de registros hace muy dinámico el relato, a su vez que multiplica las voces y los puntos de vista sobre el universo retratado.

Constantemente se percibe un contrapunto en la película de Toia Bonino. Por un lado el mundo exterior a la cárcel, cargado de belleza y diversión expuesto de forma minimalista, pero falto de cariño y muy solitario; por el otro el desgarrador mundo criminal, cuyo retrato se realiza desde una mayor cercanía y en el que se percibe una suerte de compañerismo que Leo, en la actualidad, no tiene, tanto por la ausencia de su hermano, el abandono de su pareja o la distancia con su hija. El relato no toma lugar por ningún mundo, sólo se encarga de observar y escuchar las contradicciones internas de Leo, su devenir entre la venganza y la reconstrucción de su vida actual, entre su pasado sombrío y la libertad de su presente.

De esta forma La sangre en el ojo (2020), se convierte en un retrato lúcido, que no emite críticas o juicios de valor sobre lo que observa, dejando que el protagonista de los hechos relate con libertad lo que tiene para decir, aunque por momentos sean cuestionables muchas de las ideas o los deseos que expresa. Pero ¿quién puede juzgar cuando no le ha tocado vivir tal experiencia ni nacer en dicho contexto? Por eso, el relato se torna incómodo y provocador para quien mira, permitiendo que en cada frase o imagen se elabore una nueva idea sobre este universo, sobre su protagonista o el ambiente que habita y gracias a ello modificar los prejuicios que muchas veces recubren y contaminan nuestros pensamientos. 

Titulo: La sangre en el ojo

Año: 2020

País: Argentina

Director: Toia Bonino

Si llegaste hasta acá…
Es porque entendés que el cine es un arte y no un mero entretenimiento, por eso valorás y apoyás que existan otras miradas. Podés apoyar a Revista Caligari adquiriendo alguna de nuestras suscripciones.
SUSCRIBIRME

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *