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CALIGARI

Knit’s Island (2023), de Ekiem Barbier, Guilhem Causse y Quentin L’Helgouac’h

El diseño y la voluntad documental

Por Sabrina Palazzani

 

En la era de la creación de obras interactivas que se originan entre la fascinación de lo infinito y lo preconfigurado, tres realizadores se internan durante 963 horas en un videojuego de supervivencia post-apocalíptica para realizar un documental on line de estilo etnográfico sobre el entorno digital y  sus avatares.

 

Existe una cantidad infinita de préstamos formales entre el lenguaje cinematográfico, el audiovisual y el storytelling de un videojuego: construcción de espacios, de personajes, estructura aristotélica, desarrollo de conflicto, superación de distintos niveles y planteamiento de un argumento, por mencionar algunos. Sin embargo, este parentesco entre los armados narrativos no conforman la unidad central ni la única base de preocupaciones de Knit’s Island (2023), aunque su atractivo visual se apoye en gran medida en esa cooperación estética.

 

Los directores Ekiem Barbier, Guilhem Causse, Quentin L’helgoualc’h, bajo la apariencia de avatares ciberneticos y ya dentro de la ficción-soporte que ofrece el videojuego, encuadran, prueban que todo en la grabación marche bien, y la película comienza, sin ningún tipo de introducción sobre el contexto “real” que origina este propósito. Knit’s Island (2023) es un paisaje inmersivo, siendo ésta, quizá, la metáfora más obvia sobre el objeto de estudio que tiene el documental. Los realizadores, intrusos en la lógica de supervivencia y aniquilación del enemigo, entrevistan y escuchan con un método documental de observación participante a los diferentes jugadores que se cruzan en los desolados escenarios.

 

El ecosistema virtual del videojuego produce y se apropia sistemáticamente de una frontera difusa entre la realidad y la ficción. Ese péndulo supone uno de sus principales atractivos, dado que brinda a los jugadores la posibilidad de adoptar el aspecto deseen, y mezclar algo de su voluntad táctica con los recorridos predeterminados del juego. Las decisiones de los jugadores delimitan, así, el futuro del siguiente nivel en un ambiente de múltiples bifurcaciones y a la vez contenido por el prediseño.

 

Esa deliberada confusión entre el orden de lo real y lo representado en la ficción son estrategias comunes a los propósitos del documental contemporáneo y los constantes cruces que se germinan al interior de sus prácticas. Knit’s Island es un ensayo documental que trabaja en esos diseños novedosos del género al que pertenece de manera legítima, aunque elabore sus conceptos con el impacto de las herramientas del videojuego en el que está inmerso.

 

Los directores estructuran la instancia reflexiva sobre los ejes de lo individual dentro de un espacio virtual y su extraño sentido de comunidad y participación y convivencia en paisajes inhóspitos sin un rastro de humanidad. En la dinámica narrativa de Knit’s Island, los realizadores se presentan ante los diferentes grupos que encuentran en la virtualidad, y los interrogan con el fin de abordar algo de la dimensión personal y privada de la vida de los jugadores mientras la trama del juego avanza. Las conversaciones contemplan las tramas familiares de los jugadores con sus hijos, o con sus padres, y en lo móviles que encuentran para invertir numerosas horas de su tiempo en la eterna estrategia de alternancia entre defensa y ataque.

 

Además del cruce entre ficción y realidad, una de las dimensiones narrativas más considerables del documental es la medida y usos del tiempo. Partiendo de hechos reales, los eventos que forman parte del género testimonial se extienden por fuera del tiempo narrativo; en esa continuidad el documentalista no tiene más remedio que asumir el límite de su dominio y, en algún sentido, también el de su relato. Knit’s Island enuncia las inevitables interferencias entre la experiencia virtual y la real (pocas cosas son más reales que el paso del tiempo). Los planos finales de la película, posiblemente ajenos al videojuego y más emparentados a representaciones realistas de calles y edificios familiares para los directores, dan cuenta de esa zona borrosa que la pretensión testimonial del documental pone en cuestión.

Titulo: Knit’s Island

Año: 2023

País: Francia

Director: Ekiem Barbier, Guilhem Causse y Quentin L’Helgouac’h

 

Foco: DokuFest, Festival Internacional de Documentales y Cortometrajes de la Ciudad de Kosovo