“Experiencias, amores y desamores”

Por Belén Paladino.

El viaje diario desde los suburbios al centro, de calles vacías a transitadas, del silencio barrial al sonido frenético de las grandes avenidas. Los laberintos de las grandes ciudades parecen el espacio propicio para el anonimato, donde el deseo y la exploración podrían ejercerse sin miradas censoras. Pero esto no es más que una ilusión, una falsa idea de “libertad”. Las ciudades continúan siendo espacios hostiles para la diversidad, la ciudad misma parece mirar a sus habitantes con un ojo punitivo, en pos de salvaguardar las “buenas costumbres”. Ese espacio será el que recorrerá diariamente José, un joven de clase popular, que junto a su madre intentan hacerle frente a la precariedad y la falta de oportunidades.   

En José, la nueva película de Li Chen, el espacio está atravesado por lo heteronormativo y patriarcal. El discurso religioso habita tanto dentro como fuera del hogar, las predicas ocupan sin distinción espacios públicos y privados. Pero lejos del subrayado, de la presencia constante, Li Chen introduce estos elementos de forma tal que hasta parecen colarse en el plano por azar, producto de un registro casi documental de la ciudad y sus habitantes. Sin embargo, los prejuicios salen a la superficie a través de pequeños gestos cotidianos que imponen una forma de ser y estar en el mundo. La institución familiar tradicional se erige como el centro de la organización social. Todo lo que queda por fuera de ella, ni siquiera parece plantearse como posible.

En este contexto, cualquier encuentro sexo afectivo con alguien del mismo sexo parece estar condenado al secreto, internet parece el único marco posible para establecer los primeros vínculos con otro. José espera a Luis en la esquina de una calle poco concurrida, ningún gesto delatará el deseo, eso solo ocurrirá en una modesta habitación de hotel. Ese será el único espacio posible para ejercer con libertad el deseo. Del amor fugaz entre José y Luis, que irá creciendo entre esas cuatro paredes, nacerán las ansias de huir, de embarcarse juntos en busca de un destino más prometedor, escapar de una ciudad que no parece tener nada que ofrecer a los jóvenes de clase trabajadora. Pero será la presencia materna, con rezos, sospechas y reproches, la que le impedirá tácitamente a José embarcarse en esa aventura. Y probablemente aquí sea donde radique el interés mayor de la película, la homosexualidad nunca será enunciada. La negación absoluta, la invisibilización se vuelve la forma más contundente del desprecio.

Li Chen acompaña a su personaje en sus experiencias, amores y desamores. Lo hace desde una cámara que por momentos se vuelve algo distante, que intenta capturar enteramente sus dudas y contradicciones. Y parece descubrir junto a él, la hipocresía de la sociedad patriarcal, aquella que pone al hombre como centro, como proveedor, mientras que las mujeres que forman parte del mundo de José son proveedoras y único sostén de familia. El hombre está ausente, ya sea producto de los conflictos que ha atravesado la sociedad guatemalteca o por libre elección, como forma de evadir responsabilidades. Las mujeres de José aún promueven una estructura que no las reivindica, que ignora su valor, de esta manera continúan perpetuando y naturalizando un sistema que las excluye a ellas mismas y a quien decida alejarse de la masculinidad como construcción tradicional. José se encarga de visibilizar lo doblemente invisibilizado, la homosexualidad y los sectores populares.  

Titulo: José

Año: 2020

País: Guatemala

Director: Li Cheng

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