“Duele, pienso, escucho, siento. Soy”

Por Agustina Osorio.

Acá estoy. Estoy acá. Duele, pienso, escucho, siento. Soy.

Muchas veces no sabemos qué quiere decirnos o transmitirnos una persona paralizada, postrada en una cama; solo podemos interpretarla. En ocasiones, el cuidado de esa persona se convierte en una rutina que no tiene que ver con sus deseos y gustos sino con necesidades biológicas o fisiológicas. En algunos casos, podemos ver a quienes realizan las tareas de cuidado (en su mayoría las mujeres de la familia: hijas, nietas, sobrinas, nueras) pensando en lo que a la persona le gustaría, tratando de descifrar su deseo o decidiendo en función de lo que creen es lo mejor. En otras, se hace lo que se puede. En todas, es inevitable enfrentarse a la posibilidad del deterioro propio. 

I’m here de Julia Orlik, retrata la intimidad de una pequeña parte del cuidado de una persona mayor, con dependencia para realizar todas las actividades de la vida diaria. Una mujer que permanece acostada en una cama ortopédica parece ser el centro y foco de esta historia de amor y muerte contada en stop motion.

La cámara se posa sobre ella y los sutiles movimientos de sus dedos y rostro. La directora aprovecha cada milímetro de cambio y el excelente manejo del sonido, para transmitir las expresiones de la mujer padeciente. Hay dolor, angustia, preocupación, deterioro, alegría.

El cuidado está a su alrededor, a cargo de su marido e hija, quien, en este último caso, se reparte entre su trabajo y el cuidado de sus hijxs. No hay un ojo posado sobre ellxs; sin embargo, Orlik se las rebusca para hacerlos el centro de atención por momentos, sin dejar la cámara sobre la mujer mayor quien, a pesar de poder escuchar y entender, se ve impedida de traducir su opinión en palabras, para que puedan tenerlas en cuenta.

En solo quince minutos quedan incluidas las discusiones esperables sobre quién debería realizar las tareas de cuidado, la reticencia del marido respecto de pagar a alguien para que lo haga por él; así como la incomodidad de lxs adultxs a que lxs niñxs sean testigos del deterioro.

Una sociedad anti-age  en la que las arrugas y canas se combaten como si fueran fuerzas enemigas, incluye dentro de su lógica, que el dolor y la muerte no estén integradas a la vida y, por lo tanto, sean ocultadas a lxs más chicxs como si fuera algo negativo. Orlik se permite tratar este tema también en un breve diálogo y en una escena que, con fachada de festejo, expone las incomodidades de la familia y las diversas maneras de lidiar con el deterioro ajeno.

La historia nos engaña amorosamente al centrarse en la mujer mayor, cuando, en realidad, la centralidad está en estas dos compañías eternas e ineludibles: la enfermedad y la muerte, que no solo rondan a quien está en la cama. Ella solo hace de espejo.

Cuando se vaya, su cama ortopédica tendrá destino para alguien que la necesita a unas pocas cuadras. Su compañero también permanecerá cerca para seguir visitándola a su manera.

I’m here usa la falta de expresión verbal de la protagonista para expresar un mensaje contundente sobre la finalidad de lo conocido, el cambio y el amor en sus diversas formas. Una maravillosa estrategia para invitarnos a pensar y a sentir en solo quince minutos.

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