“Una oportunidad perdida”

Por Sebastián Francisco Maydana.

I comete propone abrir una ventana a la cotidianeidad de un verano en un pueblito de Córcega. A las andanzas de sus pobladores y a sus pensamientos, expresados a veces en forma de monólogos. Sus amores, sus ideas y sus diversas obsesiones, sean estos la libertad, la actualidad del fútbol europeo o el sexo oral, aparecen insistentemente. Pero sobre todo reina una extraña languidez acentuada por el hecho de no tener nada que hacer. Desaparecidas las obligaciones escolares y laborales, parece quedar un vacío que el deporte, la playa, la fiesta y la bebida no alcanzan a llenar.

La película está armada alrededor de planos fijos, cuidados y a veces poéticos. Los personajes entran y salen de cuadro siguiendo una agenda propia, pero la nuestra es apreciar el espacio, incorporarlo hasta que su cotidianeidad sea un poco la nuestra. Cada plano muestra una pieza de la isla. El espectador es quien la tiene que reconstruir, relacionando entre sí esas piezas, poco a poco resolviendo el misterio que solemos llamar fuera de campo. Hay además una musicalidad que acompaña la vida en la isla. La música de cada generación está presente, y también la de todas las generaciones en la forma de canciones tradicionales en dialecto corso. Parece que el tiempo se detiene cuando en medio de la ruta los niños cantan en dialecto, frente a un auditorio que parece haberse reunido por azar.

Más allá de las virtudes estéticas y otras que señalaré a continuación, el primer largometraje de Pascal Tagnati se siente como una oportunidad perdida. La oportunidad de contribuir desde su sólida experiencia en teatro como actor y dramaturgo creando algo más potente que el teatro filmado de I Comete. El teatro se distingue del cine en que cada performance es única y especial, en cambio en el cine lo proyectado es siempre más o menos lo mismo. El cine se distingue del teatro en que permite ver lo que alguien desde una butaca no puede, con una plasticidad que sería absurda sobre un escenario. Nada de eso está presente en esta obra, que enhebra plano general tras plano general (fijos) sin ninguna variación de valor, lo cual se percibe muy parecido a la experiencia que tendríamos colocando una butaca en el lugar de la cámara.

La monotonía de los valores de plano es replicada en la apariencia de los actores, todos jóvenes blancos, flacos y de pelo corto, mayormente varones. De hecho, el punto de vista privilegiado también es el del varón, de cuya sexualidad se habla pero no se muestra, al contrario de lo que sucede con la mujer. Dicho esto, un personaje resalta por apartarse del estereotipo. Es Franje, el negro. Resalta como Otelo, el moro de Venecia, casi tan varón y valiente como un blanco. La comparación no es tan lejana en esa isla cuya bandera muestra un moro con una bandana blanca en la frente pero cuyos pobladores son eminentemente blancos. En ese contexto, Franje es un personaje excepcional, pero precisamente por ello tiende a confirmar la regla: que la Córcega que nos muestra Tagnati (si esto es una aguda crítica social o un prejuicio demasiado interiorizado debe quedar a discreción del espectador) es un escenario dominado por varones normales.

Titulo: I Comete − A Corsican Summer

Año: 2021

País: Francia

Director: Pascal Tagnati

 
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