“Primero llegaron las imágenes propias, filmadas casi como un presentimiento. Después apareció el archivo: una culebra imposible, coloreada, hipnótica. El corto nació en ese cruce y se escribió en el montaje.”
¿Cómo llegaste al archivo que forma parte del corto y cómo surgió el cruce con las imágenes filmadas por vos? ¿Qué apareció primero en el proceso creativo?
Lo primero que llegó fueron las imágenes que filmé, de manera documental, en el río Manso a unos kilómetros de Bariloche. En ese momento estaba viajando de vacaciones y tenía conmigo una cámara. Cuando empezó a darse la situación del cruce de las bicicletas filmé pensando “esto en algún momento lo voy a usar para algo más adelante”. Es algo que suelo hacer, filmar cosas con cierto cuidado pensando que después voy a poder usarlas. Voy armando como un archivo de escenas posibles para el futuro. Unos meses después lo empecé a montar y pensé que eso tenía que mezclarlo con algo que no tuviese nada que ver, algo que lo rompiera. Ahí fue cuando me puse a revisar el archivo que el Museo del Cine tiene cargado públicamente en Youtube. Apareció la culebra y me pareció impresionante, muy impactante. Por el coloreado, el tipo de planos y encuadres, el movimientos de las serpientes. De ahí empezó un trabajo de montaje que tuvo muchísimas versiones y pruebas antes de llegar al armado final. Pantalla partida, otros materiales filmados por mí en otros lugares, personajes nuevos, más archivo…Todo ese proceso de probar, reeditar, descartar y volver a probar fue re importante. El guión del corto estuvo ahí, en el montaje.
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CARTELERA MARZO: