Entrevista a Lucila Lopatin y Martina Vogelfang, directoras de Steve Buscemi
"Steve Buscemi es, al fin y al cabo, una interpretación sobre lo que significa crecer, y en ese abandono de hábitos, del primer hogar y de cierta contención familiar, aparece una melancolía que encierra la nostalgia de la niñez."
Estamos ante una comedia que, de alguna manera, narra un proceso de “maduración”, quizás un poco forzado por las circunstancias. ¿Cómo surgió esa idea?
Teníamos ganas de escribir un personaje que mintiera, que tuviera ciertos aires villanescos, pero que, a su vez, fuera inofensivo. La idea de una historia de maduración aparece como resultado de esa búsqueda. Las pequeñas malicias de nuestra protagonista nacen de su atropello y de su incapacidad para enfrentar la vida adulta. Nos divertía que fuera mezquina y enredada, que todavía no se hubiera encontrado a sí misma. Un personaje que está parado en ese limbo entre la adolescencia y la adultez es terreno fértil para que la picardía y el egoísmo se confundan fácilmente.
Después apareció la mudanza como imperativo, como el detonante que la deja cara a cara con la realidad. Atrapada en ese contexto, decide construir una mentira para escaparle al salto que su entorno espera que dé. Así, el proceso de maduración se organiza alrededor de una gran contradicción: Dafne descubre su capacidad de crecer en la medida en que advierte todo lo que es capaz de hacer para seguir evitándolo.
A pesar del tono humorístico, hay una sensación de fondo más melancólica. ¿Cómo trabajaron ese equilibrio entre comedia y algo más introspectivo?
El humor es la raíz y el norte tanto de nuestros proyectos como de nuestra amistad. Por eso se nos hace imposible pensar este tipo de historias sin aspectos cómicos e incluso un poco ridículos. La introspección suponemos que viene de un profundo entendimiento de los conflictos de Dafne. Steve Buscemi es, al fin y al cabo, una interpretación sobre lo que significa crecer, y en ese abandono de hábitos, del primer hogar y de cierta contención familiar, aparece una melancolía que encierra la nostalgia de la niñez.
¿Cómo fue el proceso de escribir y dirigir juntas el proyecto?
A esta altura es muy difícil imaginar el proyecto individualmente. Es una historia que pensamos en conjunto desde cero y que creció, básicamente, porque nos divertía pasar tiempo juntas. Somos muy distintas, casi opuestas, y eso hizo que el trabajo se volviera más rico, pero también más desafiante. Hubo que aprender a ponerse de acuerdo. O a ceder. O a putearse y después tomarse una cerveza.
Y en ese sentido, ¿cómo fue trabajar con Martina estando al mismo tiempo delante y detrás de cámara?
En principio, intentamos exprimir al máximo la instancia de preproducción para alinearnos y construir un consenso sobre los posibles imprevistos. Pero, como en cualquier rodaje, hubo que resolver cuestiones sobre la marcha y, ante estas situaciones, sentimos que cada una encontró su manera de dirigir desde el lugar que ocupaba. Martu estuvo más cerca de los actores, acompañando sus procesos desde adentro, mientras que Lu priorizó las decisiones operativas y de puesta en escena, trabajando con el resto del equipo técnico.
El corto toca temas muy actuales, como el desempleo, la crisis económica y las dificultades de los jóvenes para independizarse. ¿Buscaron conscientemente incorporar esa mirada más social?
Creemos que hacer un coming of age hoy en Argentina y no tocar estos temas es rarísimo. Pero simplemente porque es rarísimo que estos temas no te toquen. En las películas de pasaje a la adultez que veíamos de chicas, en general aparecían siempre los mismos hitos, los mismos obstáculos y desafíos. Había un caminito más ordenado, casi como si fueran las reglas del género.
Hoy esos hitos ya no existen, pero no porque seamos unos punks, sino porque no hay promesas de nada: no hay un rumbo delimitado, nada te asegura nada. Los recorridos son más erráticos, esquivos y, sobre todo, individuales. Nuestra protagonista miente, se inventa una pequeña ficción que le da un changüí; otros harán otras cosas, pero, en definitiva, todos nos las estamos ingeniando.
¿En qué proyectos están trabajando ahora o qué se viene después de este corto?
Por ahora tenemos el entusiasmo puesto en que el cortometraje encuentre un recorrido, ¡que se vea! Para nosotras eso es una inmensa alegría. Así que, en conjunto, estamos dedicadas a generar ese camino para Steve Buscemi. Y esperamos seguir usando nuestra amistad como excusa para filmar y contar otras historias.