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ANOCHE – MALBA Cine
Publicado originalmente en fidmarseille.org
Semana de FidMarseille en Bs As Del 9 al 13 de septiembre
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Entrevista a Louise Ernandez, directora de La juventud es una isla

“Cuba es un territorio congelado en el tiempo y, al mismo tiempo, proyectado hacia un futuro paradójico. Yasse encarna esa contradicción: está hiperconectado con miles de personas en todo el mundo, pero vive en un contexto de circulación limitada de cuerpos, ideas e información.”

Yes, Nadav Lapid

¿Cómo nació este proyecto? ¿Cuál es tu relación con Cuba?

El proyecto nació de un interés por estos jóvenes creadores de contenido cuya vida digital contrasta fuertemente con los límites muy concretos de su vida cotidiana. Cuando descubrí a Yasse, me impactó esa incongruencia: su presencia online es enorme, habla con miles de personas en todo el mundo, pero vive en La Habana, en un contexto donde la circulación —de cuerpos, ideas, información— sigue siendo limitada.

Siempre sentí una fascinación por Cuba como un territorio congelado en el tiempo y, al mismo tiempo, proyectado hacia un futuro paradójico. Pasé bastante tiempo allí porque una amiga vivía en el país, y conocí a Yasse durante una de esas estadías. Ya tenía en mente la idea de hacer una película sobre la metamorfosis, sobre la influencia de lo digital en nuestras identidades. Cuando lo conocí, sentí vértigo: un joven hiperconectado, expuesto al mundo entero, pero que se siente solo, aislado, en una especie de brecha constante entre su interioridad y la imagen que proyecta. Su deseo de escapar, en espejo con su relación con sus seguidores, me conmovió profundamente.

La imagen, a veces distorsionada, establece una tensión entre una mirada que lo abarca todo y una sensación de encierro. ¿Cómo trabajaron esa dimensión? ¿Cuál fue su planteo técnico?

La imagen y el encuadre fueron pensados en estrecha colaboración con Arnaud Alberola, quien hizo un trabajo extraordinario. Encontró la manera de crear una imagen potente y sensible, que acompaña la historia y encarna profundamente los estados interiores de Yasse. La forma en que captura la luz, las texturas, los movimientos lentos y repentinos le da a la película su densidad orgánica. Logró darle vida a una cámara que está casi viva, que acompaña al personaje manteniendo al mismo tiempo una distancia justa.

Ninguno de nosotros había filmado antes con una cámara 360°. Yo había expresado mi deseo de hacer la película con este dispositivo porque buscaba un punto de vista muy encarnado. Quería una cámara viva, casi autónoma, con un papel completo dentro de la película. Una cámara que se aleja, toma su propio camino, abandona a los personajes para luego regresar a ellos. Una cámara que lo ve y lo escucha todo.

Teníamos muy pocas referencias para imaginar cómo hacer una película con una herramienta de ese tipo. Inventamos todo sobre la marcha; fue una verdadera aventura cinematográfica. Al no apoyarnos en los códigos clásicos, tuvimos una libertad poco habitual, casi mágica. Por eso registramos una realidad expandida, circular, casi panóptica, que luego reencuadré en 2D durante el montaje. Ese reencuadre fue un paso crucial, casi como un segundo rodaje. Tuvimos que guiar la mirada, elegir dónde ubicar el punto de vista, componer cada plano como si se tratara de un nuevo escenario. Es una manera de escribir a posteriori, a partir de un espacio total. Este método me permite desplazar la mirada dentro de la imagen, como si el propio espacio estuviera buscando una salida. La aparente libertad de los 360° choca con un encierro simbólico: a pesar de la ampliación del plano, el personaje permanece confinado dentro de su encuadre. Es una manera de traducir visualmente esta paradoja —y, en un sentido más amplio, la de nuestro equipo— entre la máxima conectividad y el encierro interior.

En las secuencias de los vlogs, Yasse aparece como una suerte de arqueólogo e historiador amateur de La Habana, que se presenta en un estado de deterioro. ¿Qué te interesaba de esa relación con la arquitectura de la ciudad?

Lo que me conmovió de Yasse es su manera de reactivar la memoria de la ciudad a través de su teléfono. Filma ruinas, detalles de edificios, lugares olvidados, y los devuelve a la vida a través de una forma de existencia online. Vi en eso un gesto poético y político. La arquitectura de La Habana, con su belleza desvanecida, se convierte en el espejo de una utopía en ruinas. A través de sus vlogs, Yasse se convierte, a pesar suyo, en testigo de un mundo que se descompone, pero también en portador de una mirada que permanece muy viva.

En una tensión entre la soledad y la hipersociabilidad —virtual o real—, la película avanza hacia una transfiguración del personaje. ¿Podrías volver sobre la escritura del guion y la construcción del relato?

El relato se construyó de una manera muy fragmentaria. Lo coescribí con Anna Belguermi. Durante los seis meses previos al rodaje, mantuve conversaciones frecuentes con Yasse: me hablaba de su vida cotidiana, sus miedos, sus sueños, sus deseos… Junto con Anna, escribimos una historia muy cercana a la suya, al mismo tiempo que la poníamos en escena. Aunque la película deja espacio para la improvisación y para los accidentes de lo real —como la escena de la inundación de un barrio de La Habana, que se nos impuso—, todo fue reconstruido de manera rigurosa.

Existía un deseo de llevar a Yasse hacia una forma de transfiguración. A partir de todo lo que me transmitía, teníamos que componer una narración respetuosa de su realidad, pero que al mismo tiempo la convirtiera en una metáfora de sus propias aspiraciones. Me interesaba mostrar cómo, al hablar consigo mismo frente a la cámara, se transforma. Asistimos a una especie de erosión de su personaje público, hasta llegar a un punto de inflexión más onírico, casi místico. Quería que la película se deslizara imperceptiblemente del realismo documental hacia una forma más interior, más alucinada.

La soledad del personaje también aparece sugerida a través de la música y del tratamiento de las múltiples voces. ¿En qué dirección trabajaron esa composición sonora?

El sonido fue concebido junto con Irwin Barbé, con quien colaboro desde hace mucho tiempo. El sonido está pensado como un espacio mental. A veces escuchamos varias capas de voces —la de Yasse, mensajes de voz, sonidos ambientales— que coexisten en una misma temporalidad, como si hubiéramos entrado en su mente. Quería que el espectador sintiera ese punto de saturación sensorial y cognitiva que todos conocemos: estar solo en una habitación y, aun así, estar rodeado de notificaciones, stories, voces digitales, sonidos lejanos. La mezcla fue diseñada como una especie de deriva, entre el ASMR, la soledad urbana y la meditación tecnológica.

Las imágenes de pájaros que recuperan progresivamente su libertad atraviesan la película. ¿Qué simbolizan? ¿Qué te inspira el texto Conference of the Birds, de Farid Al-Din Attar, que abre la película y del que escuchamos algunos pasajes?

Para mí, los pájaros son una metáfora a la vez simple y poderosa: la del deseo de escapar, de liberarse del peso, de alcanzar una libertad interior. Conference of the Birds, de Farid Al-Din Attar, me acompañó durante todo el proceso de escritura. Esta búsqueda de lo absoluto, llevada adelante colectivamente, resonaba profundamente con el recorrido de Yasse, dividido entre el aislamiento y el llamado de lo que está en otra parte.

El poema estructura la película: aparece de diferentes maneras —al comienzo, recitado por un personaje, susurrado por sí mismo o retomado por las voces digitales en el voice-over, como una letanía flotante—. Quería que impregnara la historia, que la tiñera suavemente, casi imperceptiblemente, como una presencia subterránea.

Pero este motivo del pájaro no es solamente metafórico. Lo que me conmovió profundamente en La Habana fue la relación muy concreta que muchos cubanos tienen con los pájaros. Hay palomeros en casi todos los techos de la ciudad: hombres que crían palomas mensajeras, las llaman, las observan volar y las ven regresar. Cada pájaro tiene un nombre, es querido, guiado. Me pareció muy bello, especialmente teniendo en cuenta el contexto político en el que viven. El vínculo me resultó evidente. Por eso también aparece en la película otro personaje, más silencioso, más retraído. Él no escapa a través de las palabras ni de la cámara, sino a través de la manera en que cuida a sus pájaros. Me gustaba la idea de que la película ofreciera dos formas de relacionarse con el escape: una metafórica, interior, digital; la otra más tangible, corporal, en interacción con lo vivo.

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