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Entrevista a Kim Torres, directora de Solo la luna comprenderá

Por Mauro Lukasievicz

Dentro de lo que solemos llamar “realismo mágico” me cuesta mucho pensar en otra película que genere tanta nostalgia, aventura y al mismo tiempo misterio, como sucede en Solo la Luna comprenderá, también parece haber algo muy personal que se termina traduciendo en esta mezcla de documental con ficción ¿cómo surgió la idea? 

Mi relación con el lugar donde filmamos el corto, Manzanillo, es muy estrecha, porque ahí vive mi padre desde hace alrededor de una década. Es un lugar que frecuento y que siempre me ha intrigado muchísimo. En especial la vida de les niñes que de alguna manera toman las calles todas las noches, cuando baja el sol y ya salieron de clases o en las vacaciones, su actividad principal es caminar, caminar y caminar rodeando las pocas cuadras del pueblo, conversando, cantando, jugando, discutiendo. Es un acto que me parece hermoso, cíclico, pero como un espiral que con cada retorno se transforma en algo distinto. Esta sensación me cautivó y me hizo imaginar desde la ficción cómo podría transformarse, o no, este acto del caminar. ¿Cómo sería si hoy fuera diferente a los demás días? ¿Si hubiera un evento detonador que confrontara el caminar? Empecé a imaginar desde una especie de ciencia ficción, ¿y si fuera el último día en el mundo? ¿Todavía caminarían hasta el final de la noche? La idea del fin del mundo se convirtió en un espejo para hablar sobre el fin de la infancia y cómo a veces estas transiciones suceden con cierta quietud, con cierta calma. Me interesaba hacer un especie de documental que capturara la magia que transmiten les niñes, con su energía caótica y divertida, con sus frustraciones y anhelos, pero enmarcándola en un lugar de juego en la ficción. Así, con algunos puntos de referencia narrativos, se fue desenvolviendo una historia que empezó a crearse en el rodaje en conjunto con les niñes, el crew y el narrador de la historia, un adulto mayor en sus 80 años, Joel Arthurs Campbell, a quien integré para crear un contraste y un espacio atemporal. Una narración que no sabemos desde qué tiempo nos habla. Quizás desde un futuro que aún no existe.

 

La sensación latente durante todo el cortometraje es la de una mezcla de gente que parece querer abandonar Manzanillo y otra que solo tiene amor eterno para con el lugar ¿cómo fue dialogar con los habitantes de allí y cómo decidiste que utilizar en tu película? 

Manzanillo es un lugar muy particular y complejo. Es el último pueblo costero de una larga cadena de playas en la zona del Caribe Sur en Costa Rica. Un lugar donde confluyen la cultura afrocaribeña, la influencia panameña con quien tienen frontera y el territorio indígena de Bribri. Históricamente el Caribe en Costa Rica ha sido descuidado por el gobierno que desde antaño ha tenido políticas racistas, prohibiendo la enseñanza del inglés criollo en las escuelas y donde no había una carretera que conectará la provincia de Limón con la capital hasta los años 80s. Las oportunidades laborales son limitadas y en los últimos años la zona ha sido impactada por el crimen organizado. Haciendo el cortometraje y conversando con la gente que vive ahí, muchos desde hace varias generaciones atrás, era imposible ignorar el contexto político y social de la zona. Sin embargo, al ser un pueblo pequeño donde hay un sentido de comunidad muy fuerte, se ha creado un espacio donde todes se cuidan entre todes. Donde les niñes pueden navegar el pueblo libremente y apropiarse del espacio. Además, es un lugar con una riqueza natural muy exuberante. Esta dicotomía hace del lugar un especie de paraíso agridulce. Esta sensación permea el habitar el pueblo, un anhelo por algo distinto, pero también un profundo amor por el lugar, por las personas. En el cortometraje se mezclan distintas visiones, por un lado la de las infancias y juventudes, que se sienten estancadas, atrapadas. Por otro el de los adultos mayores, que agradecen una vida más simple y recuerdan con nostalgia otros tiempos en donde el turismo aún no había entrado con tanta fuerza a la zona.  Como alguien que no vive ahí, me pareció importante escuchar ambas partes, contrastarlas y entender que de alguna manera una no está peleada con la otra. 

Todas estas sensaciones que nos genera Solo la Luna comprenderá se agudizan mucho más por la decisión de filmar en fílmico ¿cómo fue este proceso y como pudiste financiar el cortometraje?

Desde que empecé a imaginar la película, venían a mi cabeza imágenes nocturnas, granosas. En algún momento pensaba en hacer el experimento de hacer una larga toma secuencia de la duración de una lata de 16mm que condensara esta sensación de caminar y que tuviera una cualidad casi tangible para transportarnos a ese espacio con les niñes. Sin embargo nunca había rodado en fílmico y busqué a aliados para la producción, al fotógrafo Pietro Bulgarelli, quien es un gran amigo y apasionado por el fílmico y a la productora Mandarava Bricaire quien ya tenía experiencia previa trabajando en 16mm también. Luego, lo que sucedió fue muy sincrónico y conocimos a Raul García, Jr., nuestro co productor de Estados Unidos quien tenía varias latas sin utilizar y estaba buscando a alguien que quisiera hacer un corto en 16mm. Para mi será siempre una experiencia muy mágica y que quisiera poder repetir en el futuro. Las cualidades pictóricas que nos regaló el fílmico en condiciones extremas de luz y humedad nos permitió tener un equipo humano muy reducido, con un par de luces pequeñas y algunas telas para modular la luz. Con el fílmico experimenté por primera vez la emoción de ver el material un par de meses después del rodaje y sentir que la imagen transmitía muchísimo la sensación que tuve al estar ahí, compartiendo con les niñes. Se parecía mucho a lo que veía con mis ojos, a mi recuerdo. Es algo un poco difícil de explicar, pero siento que de alguna manera capturó la esencia del momento y del espíritu del lugar y las personas. Algo que no me había ocurrido antes.  Es curioso porque a pesar de tener un material limitado en el rodaje, fue un ejercicio de fluir, improvisar, y construir la historia día a día. Esto permitió nuevas posibilidades para pensar más en el sonido que a veces  tristemente está tan relegado en los rodajes, pero en este caso siempre estuvo como una herramienta que nos abría a ideas que contrastaban con la imagen, que incitaban algo más que lo estaba en el cuadro. El trabajo con la sonidista Nayuribe Montero fue muy especial porque buscábamos sonidos que sugerían la distopía y magia en el cotidiano y permitió profundizar en la voz como elemento sonoro crucial del corto.

 

¿Te encontrás trabajando en otros proyectos?

Ahora estoy en proceso de filmar mi primer largometraje que lleva el título de Si no ardemos, cómo iluminar la noche. Sucede en el Pacífico Central en Costa Rica, en la misma zona donde filmamos mi cortometraje anterior Luz Nocturna. Es una co producción con México y Francia y esperamos poder terminar la post producción el próximo año.

Titulo: Solo la luna comprenderá

Año: 2023

País: Costa Rica

Director: Kim Torres

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