Entrevista a Isabel Pagliai, directora de Fantaisie
“Lo que filmo, ante todo, es el estado emocional de la persona. Después, alrededor de eso, tengo que componer bastante rápido.”
¿Cuál fue el punto de partida para este primer largometraje, después de varios cortometrajes centrados principalmente en la infancia? ¿Fue tu encuentro con Louise?
Conocí a Louise en el cine La Clef, en París. Una tarde estaba presentando allí mi película anterior, Tendre. En ese momento, el lugar estaba en plena efervescencia porque se enfrentaba a un cierre inminente. Así que terminé pasando allí todo el día, conversando y tomando algo con la gente. Recuerdo que esa noche había una proyección de un “porno ético”. Y, en la fila, vi a una joven escondida bajo una capucha que inmediatamente me intrigó. Veinte minutos después de comenzada la película, yo seguía afuera del cine, y escuché detrás de mí una voz grave que decía: «Porno ético, está bien, pero si la actuación es mala, es mala». Me di vuelta, intrigada, ¡y era Louise!
Fantaisie se presenta como el retrato íntimo de una joven. Su diario ocupa un lugar central. ¿Cuál era la intención detrás del proyecto? ¿Cómo fue tu colaboración con Louise?
Al principio, Louise me dijo que quería hacer una película. Así que, cuando empezamos a buscar locaciones, me propuse acompañarla en ese deseo de dirigir algo, de filmar la historia que quería contar. Pero, poco a poco, me di cuenta de que en realidad no quería contar una historia como tal. Lo que tenía era un deseo de fabulación, incluso una tendencia a fabular. El único lugar en el que realmente se sentía ella misma era su cuaderno, algunos fragmentos del cual me había dejado leer. Inmediatamente me llamó la atención la cualidad aguda, mórbida, de su imaginación. Luego, a medida que pasaban los días, me enfrenté cada vez más a su manera de estar en el mundo, que consistía esencialmente en huir en todas las direcciones. Frente a ese estado de ánimo de Louise, me pregunté dónde estaba su vitalidad, dónde vibraba de una manera que nos permitiera conectar emocionalmente con ella. Me di cuenta de que ese lugar estaba en su escritura. Sus textos tenían que convertirse en el centro de la narración. Así que comencé con ella largas y regulares sesiones de escritura, tratando de acompañarla para que pudiera profundizar en el dolor que la paralizaba y hacer algo con él.
¿Cómo desarrollaste el guion con Mathias Bouffier?
No escribimos un guion. Lo que intentamos hacer, sobre todo, fue comprender qué es lo que convierte a Louise en un personaje. Cada vez, se trataba de responder a la realidad del rodaje: alternaba entre las filmaciones y las etapas de escritura y montaje con Mathias, que también es mi montajista. En cada etapa, intentábamos identificar el potencial narrativo de cada situación y desarrollarlo para el siguiente rodaje.
Un segundo personaje, Thomas, aparece en un bosque cuando la película parece abrirse al otro, a la naturaleza, a la luz. ¿Cómo abordaste este desplazamiento narrativo?
Para mí, este “desplazamiento” se sintió como una necesidad: era necesario tanto desde el punto de vista narrativo como para la propia Louise. Quería desplazarla, ponerla nuevamente en movimiento y esbozar la posibilidad de una metamorfosis. Pero eso implicaba que algo también tenía que evolucionar dentro de ella. La película se construyó principalmente alrededor de dos rodajes, separados por un año, durante dos veranos. Ese tiempo también era necesario para reflexionar y para permitirle a Louise tener el espacio interior necesario para estar abierta a un encuentro. En la narración, Thomas se une a Louise en un sueño compartido.
Thomas Ducasse es un actor profesional. ¿Qué aportó y cómo lo dirigiste?
Conocí a Thomas una noche en un bar, a la vuelta de donde vivo. No tenía idea de que era actor. Me llamó mucho la atención su calidez y su generosidad. Lo que me interesaba era Thomas como Thomas. Creo que era la primera vez que alguien le ofrecía la posibilidad de participar en un proceso documental. Lo que aporta es enorme: se entrega completamente al proceso, pero también sabe jugar con las situaciones y ayudar a que evolucionen. No le teme a sus emociones ni a expresarlas. Habla mucho, pero, sobre todo, sabe invitar a los demás a abrirse, porque su presencia y su uso del lenguaje están anclados en la verdad. Es como un equilibrista.
Fantaisie está filmada a menudo de noche o con poca luz. ¿Cuáles fueron tus decisiones visuales?
Soy muy sensible a la luz; tengo una relación contemplativa con las cosas. Lo que intento generar son las condiciones que puedan acoger las pequeñas epifanías que ocurren durante el rodaje. Pero, en realidad, nada de eso tiene sentido si el estado emocional de la persona que estoy filmando no es el adecuado. No tiene sentido tener una iluminación hermosa si no está sucediendo nada vivo dentro del encuadre. Lo que filmo, ante todo, es el estado emocional de la persona. Después, alrededor de eso, tengo que componer bastante rápido: encontrar algo que dé vida a la figura, que la destaque.
La película crea un espacio mental, imaginario, onírico. ¿Cómo se integra la secuencia con las imágenes anamorfoseadas en la composición general?
En realidad, veo el encuentro entre Thomas y Louise —toda la segunda parte de la película— como una especie de sueño documental. Tenía un fuerte deseo de mantener unidas dos cosas que pueden parecer contradictorias: lo que sucede en el momento y aquello que pertenece al terreno de lo inquietante, al mundo de los sueños. En un sueño, uno cambia de lugar, el tiempo se desplaza, los personajes aparecen sin previo aviso… Así es exactamente como veo la película. Y, al igual que un sueño, está moldeada por el inconsciente, que poco a poco nos acerca al mundo interior de Louise. La secuencia en el cine es como una respuesta emocional de Louise al encuentro con Thomas, un encuentro que ella no consigue vivir del todo.
¿Cómo deberíamos interpretar el título, Fantaisie?
La palabra “fantaisie” me acompañó desde el comienzo mismo del proyecto. A su alrededor y alrededor de sus múltiples significados se desplegó todo un mundo imaginario. Más allá de su antiguo sentido como sinónimo de “imaginación”, también contiene las palabras phantom y fantasy. Y me pareció muy apropiado en relación con lo que Louise experimenta en la película. En la primera parte, está atormentada por una figura ausente, Antoine. En la segunda, se entrega a la fantasía, al ensueño, a la fantaisie en el bosque. Finalmente, el propio arco narrativo de la película toma algo de la fantasía musical, que siempre se escribe en el momento, como si surgiera de un único aliento.