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Entrevistas - BAFICI

Entrevista a Celina Wolffelt, directora de El cuerpo de la noche

"Nunca dejó de darme miedo la montaña de ropa sobre la silla en la penumbra de la noche. Hay algo del no poder describir o entender lo que se está viendo que me resulta perturbador y creo que de alguna manera ese fue el punto de partida, intentar convertir esa sensación en imagen."

Yes, Nadav Lapid

Es interesante cómo el corto se ancla en el punto de vista del médico, que encarna una mirada racional y científica del mundo, y es justamente esa mirada la que termina dislocándose. En ese sentido, el film parece tensionar la confianza en lo racional. ¿Cómo surgió la decisión de trabajar desde ese punto de vista?”

En cierta forma el género fantástico propone ese quiebre, esa grieta en la realidad, que creo que se acerca a la intención que mencionás. En este caso, que sea un médico quizás enfatiza esa ruptura, pero a su vez es un médico que estudia los trastornos del sueño, un territorio por demás incierto. De alguna manera, me resulta inevitable poner en duda los datos científicos que puedan surgir de algo tan misterioso como el sueño. Por un lado me fascina el abordaje científico y por otro, creo que intentar explicarlo no solo es imposible, sino que incluso es interesante que algo de eso permanezca velado. Cuando dormimos con alguien o nos hacemos un estudio del sueño, abrimos una puerta a otra dimensión de nosotros mismos que únicamente existe de noche y a la que, paradójicamente, solo accedemos a través de la mirada de otro. La decisión de empezar con el trastorno del sueño como si de una película de terror se tratara y luego pasar al punto de vista del médico tiene que ver con ese desplazamiento, con lo que se pone en juego a partir de mirar a otro dormir y lo que esas imágenes pueden generar. Hay un estudio científico sobre la naturaleza del sueño que se titula Some must sleep and some must watch (Algunos deben dormir y otros deben mirar). Creo que ahí está la síntesis perfecta del problema del punto de vista inherente al trastorno del sueño, que de alguna manera se traslada al cortometraje.

El trastorno del sueño que proponés tiene una dimensión muy visual y física. ¿Cómo apareció esa idea y cómo fue el proceso de construcción dentro del lenguaje del corto?

Esa imagen apareció de noche. En el 2022 participé del Programa de Cine dirigido por Andrés Di Tella y en una semana teníamos que producir una pequeña película a partir de una consigna. Hacía tiempo que venía interesada en trabajar sobre los trastornos del sueño que tuve durante años y en explorar una estética que utilizara elementos del género fantástico. Me interesaba también algo del efecto artesanal porque creo que puede haber una dimensión muy inquietante en objetos y situaciones mundanas. Nunca dejó de darme miedo la montaña de ropa sobre la silla en la penumbra de la noche. Hay algo del no poder describir o entender lo que se está viendo que me resulta perturbador y creo que de alguna manera ese fue el punto de partida, intentar convertir esa sensación en imagen. Para eso trabajé en los inicios del proyecto con Nathália Oliveira, una amiga que es cineasta y bailarina, en busca de esa imagen que desarmara el cuerpo y lo volviera otra cosa. En ese sentido, el trabajo con el director de fotografía, Joaquín Neira, también fue fundamental. La puesta de luces y colores expresivos de las escenas nocturnas, lejos de una idea más literal de penumbra, me ayudó a construir el clima de extrañeza desde un registro más visible y controlado, en diálogo con el mundo de la medicina.

El trabajo actoral tiene algo muy enigmático, especialmente en el personaje de la madre, que por momentos parece hablar por la hija, como si hubiera un corrimiento de voces. ¿Cómo construyeron ese tipo de actuación y esa forma tan particular de expresar el trastorno?

Para los personajes de la madre y la hija me inspiré en unas vecinas de un edificio donde vivía, que tenían un aspecto físico muy similar, una simbiosis evidente pero, a su vez, atravesada por una jerarquía vincular muy marcada. Una madre que hizo de su hija su doble, o algo por el estilo. Acá el parecido no es tal, pero sí trabajamos con Eva Bianco y Delfina Colombo sobre la idea de una sobreprotección que termina alienando al personaje de la hija, volviéndola más aniñada y dependiente de esa madre que relata lo que le sucede. No solo porque quien sufre un trastorno del sueño necesita ese relato, sino también por la propia naturaleza del vínculo. La idea era que solo la madre hablara y que la hija no dijera absolutamente nada. Eva encarnó el personaje de una forma contundente; la primera vez que dijo el texto lo escuché exactamente como me lo había imaginado. Delfina trabajó desde el cuerpo y la mirada, haciendo del silencio algo natural y extraño a la vez, incorporando esa dimensión si se quiere más animal del trastorno del sueño. Desde la lógica interna de estas mujeres, que se traduce en un cierto tono y una determinada forma de hablar, hicimos un cruce deliberado con un registro más realista de Pablo Ragoni, el protagonista. Su trabajo fue muy preciso a la hora de sostener una imagen externa más ligada al control, en tensión con una obsesión interna en plena ebullición.

El trabajo de sonido y la música parecen tener un rol muy activo en la construcción del relato, no solo acompañan sino que producen sentido. ¿Cómo pensaron ese diseño sonoro y su función narrativa?

El diseño de sonido lo trabajamos con Mercedes Tennina y su equipo, y la música con Astor Madrid. Fueron procesos separados que luego se integraron en la edición y mezcla. En ambos casos trabajamos con un leitmotiv para lo que llamamos el cuerpo de la noche, pero siempre más acá del género, buscando extrañar un poco cierto realismo. En la postproducción de sonido buscamos una concepción más musical de los ruidos y ambientes, sobre todo en la clínica y hacia el final del corto. Un elemento clave son las máquinas que monitorean en la clínica durante la noche, que van ganando presencia y musicalidad a medida que la obsesión del médico se intensifica. Por otro lado, el personaje siempre se mantiene en un registro muy contenido y lo que estalla es la música. La decisión fue usarla en momentos puntuales, pero con una presencia más marcada. La idea de usar una batería para la escena de los autos estaba definida desde el principio. Mi pareja, Juan Francisco Cabrera, que también formó parte del equipo de sonido, es baterista, y me interesaba ese carácter caótico y expansivo del instrumento como contrapunto a la sutileza del diseño sonoro. El podcast fue incorporado en montaje como recurso narrativo, pero también funciona como una especie de resonancia temática. Lo que más me interesaba, de todos modos, era dar cuenta del carácter obsesivo preexistente del personaje, al que prácticamente solo vemos trabajar, y utilizar ese elemento sonoro para luego jugar con su repetición y variación, que el texto científico se vuelva ruido.

En que otro proyectos te encontras trabajando?

Estoy escribiendo el guion de mi primer largometraje, que también trabaja la dimensión desconocida del sueño y el desdoblamiento de la identidad ligado a un cuerpo que puede hacer algo que desconoce de sí mismo. El sueño, una de las insistencias de lo corpóreo en una época tan atravesada por lo digital, me resulta fascinante: es un anclaje, un destino cotidiano ineludible que nos conecta con la condición más incierta de la experiencia humana. Me interesa pensarlo en el cine no tanto como imagen onírica, sino como espacio: un territorio donde el cuerpo dormido se mueve de acuerdo a una lógica desconocida.

Título: El cuerpo de la noche

Argentina

2026

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