Entrevista a Andreas Fontana, director de Azor

Por Mauro Lukasievicz

 

Estamos ante un thriller lleno de aventura y espías ¿Cómo surgió la idea? 

Me interesaba filmar lugares impenetrables, es decir, lugares habitualmente invisibles. La película nace un poco de ahí. Se habló bastante ya de un cuaderno que encontré, que era de mi abuelo. Él había sido banquero privado en Ginebra. Era un cuaderno de poco interés, a decir la verdad, un cuaderno de viaje, pero con un tono muy factual, chato, y bastante mundano. La cosa es que el viaje que cuenta el cuaderno adquiere mucha gravedad si lo miramos con cierta perspectiva histórica, ya que se trataban de unas vacaciones en la Argentina del año 80, en plena dictadura. No se menciona en ningún momento lo que sucede en el país, ni un solo detalle. Casi solo habla de los lugares, pero, eso sí, con precisión: las piscinas, los cuadros que decoran las casas, los jardines, los hoteles, los almuerzos, las invitaciones a cenar en casas de gente desconocida. Bueno, mi abuelo no viajó para trabajar, pero es indudable que sabía lo que pasaba en el país. Ningún banquero es ingenuo en este sentido. Entonces empecé a pensar desde ahí: ¿Cuál sería el fuera de campo del cuaderno? ¿Qué haría otro banquero en las mismas circunstancias, pero con otro punto de partida? Por otra parte, pensé que esa manera de no mencionar lo evidente, era parte de una estrategia que tienen los banqueros de negar lo que les molesta.

 

Aunque la historia principal sea ficticia el guión parece tener un armado realmente muy trabajado en términos de investigación ¿tuviste que realizar mucho trabajo previo? 

Estuvo investigando dos años y medio, entre Ginebra y Buenos Aires. Fue un trabajo realmente gigantesco de investigación, pero lo hice sólo, porque es gran parte de lo que me estimula en hacer cine. Investigar. No como un periodista, sino como un antropólogo, o un espía, o un detective, o alguno de los tres. Ese rasgo aventurero me estimula mucho. Durante mis viajes y encuentros, tomé muchas notas y sobre todo saque muchas fotos de lugares, de gente. La película se basa en buena parte en estas fotos.

 

En la realidad, el papel de los bancos suizos durante la dictadura no termina de quedar en claro, en tus investigaciones ¿lograste recaudar información certera sobre esto?

El banco tiene una tradición oral, por razones obvias: no hay que dejar huellas. A esto, el banco suizo añade el secreto bancario. Por ley, el banco tiene prohibido divulgar el nombre de su cliente, al menos que haya una investigación penal en contra del cliente. Evidentemente, es muy difícil abrir una investigación penal contra un cliente sin tener huellas ni pruebas. Con lo cual, se produce un hecho estadístico monstruoso: para cada escándalo que sale a la luz, hay por lo menos veinte veces más casos que quedan secretos y que lo quedarán para siempre. En el caso de la dictadura argentina, en el final de los 90, el juez español Baltazar Garzón pidió a la fiscal suiza Carla Del Ponte una solicitud de asistencia judicial en contra de unas decenas de personas involucradas en la junta militar, entre los cuales figuraban los represores Alfredo Aztiz, Antonio Bussi, Jorge Eduardo Acosta, Mario Arduino y Roberto Roualdes. Gracias a esta solicitud, Carla Del Ponte pudo penetrar el secreto bancario y comprobar que efectivamente se habían abierto cuentas bancarias en la Unión de Bancos Suizos (UBS) en nombre de algunos de ellos. Es importante decir que es imposible abrir una cuenta bancaria de forma anónima. Es decir que el banquero siempre sabe quién es su cliente, aunque no lo dice o dice lo contrario. 

Otro de los puntos muy altos de la película es la forma de hablar e interactuar de los personajes, siguiendo las “reglas” de la clase alta de la época ¿cómo fue el trabajo de esto con los actores?

El personaje de clase alta, de la nobleza, de la aristocracia, es un lugar común en el cine, desde su inicio diría yo. Hay algo que siempre fascinó ahí, pero se terminó construyendo un estereotipo muy raro de esa clase, como si fuera una gente llena de tics, siempre amanerada. A mi me gusta trabajar sobre los estereotipos, pero también quería seguir un camino que había emprendido con mis cortos anteriores, algo que tiene más que ver con el cinéma du réel por así decirlo, y que es trabajar con actores no profesionales, pero que vienen del ámbito social o profesional que la película abarca. Así se hizo también con Azor. La gran mayoría de los personajes argentinos de la película vienen interpretados por actores no profesionales, que muchas veces directamente no habían actuado nunca, pero que tienen un lazo fuerte con el mundo que explora la película. Algunos son banqueros, incluso hay dos banqueros privados entre los actores, otros son abogados de negocio, financieros, empresarios, terratenientes, etc. Con lo cual la cuestión fue más bien tratar de captar lo que son ellos. En este sentido, creo que hay algo de Velázquez ahí, es decir, retratar sin efectos el entorno del poder.

 

Más allá de lo impactante de la historia resulta muy llamativo el gran armado de locaciones y lo bien ambientada que está la película ¿cómo trabajaste estos aspectos?

Como lo mencioné antes, la película nace de un interés particular por filmar ciertos lugares. Estos lugares de transacción. Lugares muy privados, separados del mundo, pero a la vez que se sitúan en el corazón mismo del mundo, en este caso, la ciudad. Entonces me metí a buscar estos lugares. Fui yo al Círculo de Armas, me fue muy difícil llegar pero estuve ahí. Fui al Jockey Club, al hipódromo, al hotel Plaza, a esas estancias de Tandil, Mar del Plata, Pilar, Lujan. Y después, nos arreglamos con la producción, Alina Films en Suiza y Ruda Cine en Argentina, para volver a algunos de estos mismos lugares que había visitado para escribir. En gran parte, los lugares que están en la película son lugares que a mi me habían impactado, y que pudimos abrir para la película. La estancia del personaje de Papel-Camón, por ejemplo, o el palco privado de Farrell en el hipódromo, tanto como el hotel Plaza, que había visto antes de su cierre, fueron lugares decisivos para escribir el guión. Entonces después volvimos ahí con Ana Cambre, la directora de arte, y pensamos la manera de quitar lo que señalaba demasiado la época contemporánea, sin quitar su esencia. Luego, claro, hubo un trabajo de arte importante, sobre todo en el Hotel Plaza, que estaba venido muy abajo. Pero en general, creo que el trabajo sobre los lugares se parece a lo que hicimos con los personajes, es decir tratar de captar algo de este mundo.

 

Azor participó en una gran cantidad de festivales, muy prestigiosos, e incluso llegó a recibir un premio en Zurich ¿cómo fueron estas funciones y cómo fue la recepción del público?

La recepción de la película varía de forma extrema de un país a otro. En EE UU por ejemplo, hubo, y sigue habiendo, realmente un entusiasmo desmedido para la película. Pasó algo similar en Inglaterra, me acuerdo por ejemplo de la función en el Festival de Londres, la sala principal del BIF, que es gigantesca, estaba llena, y había una especie de electricidad descomunal durante la proyección y el Q&A. Hay públicos que se centraron más en la cuestión de la corrupción, fue el caso en Atenas por ejemplo. En Zürich, había un banquero privado en una de las funciones, que llegó a comentar con nostalgia en el Q&A : « ¡Ah, qué tiempos aquellos! ¡Qué libertad teníamos! ». Fue una locura. Algunos de ellos son tan inoxidables que ni siquiera una película como ésta los cuestiona. 

 

¿Te encontras trabajando en otros proyectos?

Si, entre diferentes proyectos estoy trabajando sobre otro guión de ficción, co-escrito con Mariano Llinás. Se trata de una película en el mundo de los diplomáticos, en Ginebra, en los años en los cuales se cayó la Unión Soviética. Hay una cosa que me interesa, que es intentar entrar en una cultura profesional y tratar de sacar de ahí una escritura y una narrativa específica.

Titulo: Azor

Año: 2021

País: Argentina

Director: Andreas Fontana

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