Entrevista a Alejo Franzetti, director de Hojas berlinesas
Por Mauro Lukasievicz
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¿Cómo surgió la idea para realizar Hojas berlinesas?
A partir del gusto y el interés por el boceto, las notas, los fragmentos, los estudios. En los museos me detengo particularmente en esas vitrinas donde suelen exponer las libretas con bocetos, las hojas con borradores. Esos bocetos hechos por ejemplo a lápiz me resultan muchas veces más interesantes e inspiradores, como si fueran un contraplano de la obra “seria” y grandilocuente. En los bocetos hay frecuentemente más verdad, porque hay inmediatez, sinceridad y búsqueda. Por otro lado, también me interesaba registrar, de una manera absolutamente no directa, la experiencia de mudarse a una ciudad nueva, registrar ese cambio más allá de la intimidad. La pregunta era si podÃa inmiscuirse algo de esa experiencia entre los fragmentos y notas. Me interesaba también el super 8, no sólo por el color y la textura final, sino también cómo esa cámara podÃa influir en mi modo de ver y filmar; una distancia, una imposición de método y procedimiento que no me darÃa una cámara digital o el teléfono. Y por otro lado, me atrae la idea de serie para retratar a una ciudad, y cómo puede ir evolucionando (la ciudad, mi experiencia); las Hojas berlinesas serán una serie, siempre filmadas con un solo rollo de Super 8.
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Además de la intensidad de las imágenes parece que lo más importante y lo que logró que el cortometraje se convierta en una suerte de poesÃa experimental es el trabajo de montaje y la armonÃa que lograste. ¿Cómo fue este trabajo y qué tanto material dejaste afuera del corte final?
Estuve filmando a lo largo de un año, o un poco más, teniendo siempre la cámara en la mochila, filmando en los vértices de tiempo libre entre trabajo, vida cotidiana, obligaciones, desencuentros, traslados, esperas, caminatas, placeres y ocio. De lo filmado, solo unos pocos segundos quedaron afuera del corte final. Los sonidos los grabé con el teléfono y ahà sà que quedaron más cosas afuera, que quizás use en las próximas Hojas. El montaje fue ágil y breve. El mayor desafÃo fue no ponerse minucioso, y permitir que la desprolijidad, el azar y el juego existan con orgullo. Algunos intertÃtulos ya estaban pensados, otros surgieron durante el montaje. Nunca pensé en la idea de armonÃa, pero si aparece o se percibe quizás sea por la cercanÃa formal entre rodaje y montaje.
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Sabemos que tuviste de tutor a Arslan y que trabajaste con grandes directores como Piñeiro y Ferrari, y en el cortometraje en todo momento sentimos destellos de Mekas. ¿Quienes son tus directores de referencia?
Las Hojas berlinesas toman el camino mekaseano, sin duda. Y más allá de esta cercanÃa particular, hay tres directores que son centrales para mÃ, muy inspiradores por su obra y por su vida, y por razones tan distintas como ellos: Rossellini, Ozu y Buñuel. Quizás conflictivos entre sÃ, de esa tensión aprendo mucho.
¿Cómo se financió Hojas berlinesas?
La cámara de Super 8 era de mi abuelo. El rollo de pelÃcula me lo regalaron en un seminario que hice mientras estaba como Meisterschüler en la UdK. El revelado y transfer lo pagué yo, creo que fueron 60 Euros en total.
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¿Te encontrás trabajando en otros proyectos?
Estoy editando un corto nocturno que filmé acá en Berlin y desarrollando, junto a Melanie Schapiro de Trapecio Cine, un largo que queremos filmar en dos bases de la Antártida argentina, sobre un cientÃfico alemán que investiga allá unas bacterias muy particulares