“Pero es la viuda la que baila el tango”

Por Miguel Peirotti.

En la década de los sesentas los directores de cine de cualquier extracción teórica o cultural no desestimaban al macro-género del Fantástico como abono de la imaginación, no lo consideraban, digamos, una plataforma peligrosa y suculenta para erosionar el prestigio ganando dinero fácil, o viceversa. Subsisten cientos de películas dirigidas por nombres asociados al cine de estatura que lo atestiguan. Aunque también es cierto que, una vez que aquello (no perder prestigio por una incursión al cine devocional) dejó de ser tendencia, las cosas cambiaron y esos mismos nombres se avocaron a lo suyo (que no era el Fantástico en la mayoría de los casos), como ocurre en la actualidad, tras la victoria del entretenimiento audiovisual industrial como monopolizador del mercado de terrores, ilusiones, fantasías y ensoñaciones aventureras. El elemento fantástico siempre estuvo impreso en las sombras del cine pero los sesentas no existen más, por lo que difícilmente Radu Jude o algún otro maestro contemporáneo se cuelguen la toga ceremonial de una película de terror o suspenso, salvando las excepciones que siempre confirman la regla. En los sesentas, recordemos, hasta la televisión imprimió nuevos capítulos de lo enrarecido con varias series míticas, como La dimensión desconocida o Galería nocturna. De hecho, algo de la estructura narrativa basada en la extrañeza de estos episodios de media hora o una hora contaminó al cine contemporáneo. En El tango del viudo y su espejo deformante se puede apreciar en Ruiz esa dependencia de construcción sencilla, casi minimalista, que conlleva a tratar una película como un cuento con final-sorpresa más que como una novela con desarrollo secuencial. Los efectos especiales que usó Ruiz cuando rodó en 1967 no lo son tanto en cuanto recurre a técnicas que, por primitivas, no son menos efectivas para enrarecer el ambiente psíquico: susurros extradiegéticos, sobreexposiciones fantasmales, imágenes que se invierten, otras que se reproducen al revés (pocos recursos tan simples y escalofriantes a la vez) y pelucas que se deslizan por el piso como si estuviera Rob Bottin titiriteándolas. Algo del modelo de las series unitarias de terror mencionadas quedó en el guion de esta película hoy resucitada.

El tango del viudo y su espejo deformante es un ejercicio de arqueología fílmica que reconstruye los inicios del más grande cineasta que surgió de Chile. Estamos ante un hito no tan mediático como el que supuso la recuperación de la obra maestra Al otro lado del viento, de Orson Welles, una gesta de Orson en orsai iniciada a comienzos de los setentas y finalizada hace tres años. En el caso de la película de Ruiz, la remisión cronológica es más lejana aún y el significado de la restitución del audio de esas latas de 35mm mudas que exhumó su viuda, Valeria Sarmiento, no cambia el curso de la apreciación crítica de Ruiz en su magisterio, como sí lo hizo Al otro lado del viento con Welles, ya que pudimos observar en este collage de formatos e ideas a un maestro que en los setentas no sólo no estaba exangüe sino que transitaba un nuevo e insospechado a la distancia “mejor momento”. Para terminar la tabla de equivalencias, El tango del viudo y su espejo deformante (qué buenos títulos solía emplear Ruiz, ¿no?) también se entiende en dos tiempos, los sesentas del 1967 y la actualidad del 2020. Valeria “Dra. Frankestein” Sarmiento juntó los retazos que legó su marido, hizo del montaje una técnica desfibriladora para reactivar el corazón de Ruiz y gritó ¡Está vivo! al cielo mientras tronaban los rayos sobre su cabeza. Si mal no recuerdo, esta historia de restablecimiento fílmico e intelectual empezó su camino público en el festival de Locarno hace unos años. Llega a Mar del Plata colmada de expectativas y bocas chorreantes de baba cinéfila, colmillos sedientos de sangre chilena, esa sangre que recorrió el mundo con documento de identidad sudamericano que conquistó el amor por el cine sin fronteras. No podemos no decirlo: a no perderse este acontecimiento cinematográfico y a convivir con el espectro de Ruiz como el viudo convive con su mujer. El cine es un tren de sombras y un tren fantasma.

Titulo: El tango del viudo y su espejo deformante

Año: 2020

País: Chile

Director: Raoul Ruiz y Valeria Sarmiento

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